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7 de marzo de 2010

Una necesaria reflexión acerca del encuentro sobre cambio climático en Bolivia‏

Una necesaria reflexión acerca del encuentro sobre cambio climático en Bolivia‏


Información proporcionada por Miguel Valencia



Una Necesaria Reflexion Acerca Del Encuentro Sobre Cambio Climatico En Bolivia

Eduardo Gudynas http://accionyreaccion.com/?p=216



El gobierno boliviano ha convocado a una reunión internacional sobre el cambio climático y los derechos de la “madre tierra”. La convocatoria fue lanzada por el presidente Evo Morales, y el encuentro será en Cochabamba en abril de 2010.



La importancia del tema obliga a analizar con detenimiento las implicaciones de esta convocatoria. En las líneas que siguen se ofrecen algunas reflexiones en ese sentido. Comencemos por alertar que estas líneas no representan una toma de partido a favor o en contra de esa reunión, sino que apunta señalar cuestiones que deberían ser analizadas frente a esa convocatoria. Es que ese análisis puede ser tanto o más importante que una presencia en Cochabamba, y en especial desde la perspectiva de las organizaciones ciudadanas. Pero además, es necesario reconocer que distintas personas y organizaciones tendrán distintas respuestas a las cuestiones que se plantean en el presente texto.



El tema de la cumbre

En primer lugar debe considerarse la relevancia del tema convocante y de las propuestas que ya se han adelantado. ¿La agenda y el contenido son importantes? Seguramente habrá un amplio consenso afirmativo; el cambio climático reviste una importancia mayúscula, y dado el fracaso político de Conpenhague, un encuentro internacional de alta visibilidad puede inyectar nueva energía en la diplomacia internacional.



El encuentro boliviano llama a discutir dos puntos muy importantes: una declaración universal de los derechos de la Madre Tierra, y un referéndum mundial de los pueblos sobre el cambio climático. Las dos ideas son poderosas y atractivas, y merecen ser discutidas en detalle. Por lo tanto, desde este punto de vista seguramente casi todas las organizaciones ciudadanas estarán interesadas en ese temario, coinciden en su importancia, y estos serán factores que alentarían la participación.



También se debe reconocer el gobierno boliviano la capacidad de innovar en este sentido, donde sería muy bueno que otros países también organizaran encuentros con sus pueblos para discutir esta temática.



El papel de la sociedad civil



En segundo lugar, este encuentro se presenta como una “conferencia de los pueblos”, y ese propósito es muy positivo (vea el sitio oficial aquí…). Poner en primer lugar a los “pueblos” es más que bienvenido. Esto además contrasta con los hechos vividos en Conpenhague donde se entorpeció en todo momento la presencia de ONGs y delegados ciudadanos.



Sin embargo, la forma concreta de convocatoria y organización de la conferencia está en las manos y es controlada por el gobierno boliviano. No está claro cómo se asegurará la apertura a los “pueblos”. No está claro cuáles son los mecanismos para asegurar la pluralidad e independencia de las discusiones, ya que, al menos por ahora, la estructura formal y los procesos concretos de decisión en la cumbre no han sido informados. Tampoco está claro cómo participarán otros gobiernos, los que también han sido convocados a esta reunión.



Este no es un tema menor para las organizaciones ciudadanas, ya que en más de una ocasión se llama a reuniones de este tipo, pero las declaraciones finales quedan en manos de los gobiernos convocantes. La solución a todo esto es más o menos sencilla; por ejemplo con una comisión organizadora mixta (compuesta por unos delegados del gobierno de Bolivia junto a representantes de redes ciudadanas tanto bolivianas, como extranjeras).



Algunos considerarán que el esquema de organización actual es el más adecuado, en tanto entienden que deben apoyar a gobiernos como el Evo Morales, o incluso que sus organizaciones ciudadanas de alguna manera son parte de esas estructuras políticas. Pero otras organizaciones ciudadanas seguramente desearán mantener su independencia frente a los Estados; les gustaría participar pero solo si cuentan con seguridades que podrán elevar sus propuestas, y que podrán influir verdaderamente en las resoluciones finales.



En el fondo esto es parte de la problemática de las actuales relaciones entre “sociedad civil” y “sociedad política”. Y esta cuestión es clave bajo los gobiernos progresistas o de izquierda en América del Sur. Estas mismas tensiones están detrás de la crisis del proceso del Foro Social Mundial, ya que algunos lo consideran demasiado alineado con algunos gobiernos de izquierda, y otros insisten en que esas relaciones se deben profundizar todavía más. El problema es que, sea por un camino o por otro, se corre el riesgo de dejar en un segundo plano la independencia de propuestas de la sociedad civil.



La presencia de la sociedad civil en Cochabamba es la que daría legitimación a una cumbre que es presentada como de los “pueblos”. Justamente por esa misma razón, distintas redes y organizaciones ciudadanas podrían reclamarle al gobierno boliviano mecanismos mucho más abiertos y transparentes en el armado y desarrollo de la conferencia. Por lo tanto todo el esquema organizativo que merece un examen atento desde la sociedad civil, y evaluar si esas condiciones están aseguradas o no.



Geopolítica desde el sur



Hay varias organizaciones que consideran que después del fracaso de Copenhague se ha demostrado la falta de compromiso de Estados Unidos y otras naciones industrializadas. Siguiendo esa línea, se asume que este encuentro de Cochabamba podría servir para incidir en un cambio de rumbo geopolítico a escala global.



El problema es que ese análisis es algo apresurado, ya que la postura de otras naciones como China, India o Sudáfrica fueron igualmente cuestionables. Y no olvidemos a Brasil, que no sólo actuó junto a esos otros países, sino que nada coordina con sus vecinos sudamericanos.



Por lo tanto si se piensa viajar a Cochabamba para hacer reclamos geopolíticos en esa lista se deberán incluir varias capitales del norte, pero también a unos cuantos latinoamericanos. Aparece entonces aquí una necesaria reflexión sobre cómo se presentarán los reclamos ciudadanos ante la inacción gubernamental, tanto en el norte rico como entre nuestros vecinos.



Demandas internacionales y políticas nacionales



Otro aspecto a considerar es sí los reclamos que los gobiernos lanzan en los foros internacionales se corresponden con sus acciones y políticas internas. En el caso de Bolivia, como convocante del encuentro, se esperaría que sus políticas internas frente al cambio climático fueran igualmente enérgicas a sus reclamos y denuncias en los foros internacionales.



Por lo tanto es necesario examinar que sucede dentro de Bolivia. Allí encontraremos que sus políticas ambientales actuales son débiles, y entre esas debilidades está su estrategia en cambio climático y energía. A su vez, las metas energéticas, petroleras y mineras, son convencionales, apostando a aumentar la explotación de hidrocarburos, construir nuevas represas, y hasta centrales a carbón (su plan de desarrollo energético al 2027 – aquí…).



En Bolivia se han lanzado varios proyectos para construir represas hidroeléctricas, lo que es especialmente preocupante, tanto por su número, como por que algunas de ellas se ubicarían en la Amazonia, e incluso en el entorno de áreas protegidas. En efecto, el plan de gobierno del MAS (Movimiento al Socialismo) propone la construcción de represas, como las de Cachuela Esperanza, Río Grande y el Bala, incluso con la finalidad de vender energía a los países vecinos (ver…), y termina de legitimar el complejo de hidroeléctricas en el Río Madeira. Se defiende la exploración y explotación petrolera, lo que ya ha despertado la reacción de varios grupos locales, como las denuncias de indígenas Mosetén contra PetroAndina (ver…). También se deben sumar los proyectos de expansión minera, su deforestación asociada y el uso del carbón (por ejemplo en El Mutún – leer…). Los impactos sociales y ambientales de todo esto serían enormes, y vienen siendo alertado repetidamente dentro de Bolivia.



Además, en el caso de Bolivia donde las emisiones de gases con efecto invernadero provienen sobre todo de la agricultura y los cambios en el uso del suelo, y por lo tanto es necesario contar con un fuerte componente ambiental en sus políticas agropecuarias y forestales. Sin embargo esa vinculación es discutida, y se alerta sobre problemas en el control de los boques (por ejemplo aquí…).



El área en cambio climática del nuevo Ministerio de Medio Ambiente y Agua aparece como muy débil ante la fortaleza y empuje de los sectores extractivos (véase su descripción aquí…). Entretanto, análisis recientes de la propuesta gubernamental de reglamentación de los hidrocarburos, señalan que el status de las áreas protegidas es degradado y la evaluación ambiental es debilitada (por ejemplo leer …).



Este tipo de contradicciones no son un problema exclusivo de Bolivia y también están presentes en otros países. Por ejemplo, Lula da Silva ofreció un enérgico discurso en Copenhague, pero su programa nacional contra el cambio climático cae en contradicciones graves, como la construcción de nuevas represas o sus usinas a carbón, mientras persiste el avance de la frontera agropecuaria sobre las selvas tropicales. Lo mismo pasa en otros países sudamericanos.



Las organizaciones de la sociedad civil pueden enfrentar de manera diferentes estas tensiones y contradicciones que muestran los gobiernos entre sus discursos internacionales y las medidas nacionales. Para algunas lo más importante es cuestionar el papel de los países industrializados, dejando en evidencia su hipocresía, y por lo tanto las limitaciones de las políticas ambientales en los países del sur, sean de Bolivia o de otra nación, quedan en segundo plano. El énfasis estaría puesto en criticar al norte rico; se perdonan los problemas en el sur como inevitables para salir del subdesarrollo.



Para otras organizaciones ciudadanas, en cambio, es indispensable que los gobiernos sudamericanos (incluido el de Evo Morales) sean coherentes, y desarrollen acciones ambientales dentro de sus fronteras en el mismo tono de sus reclamos internacionales. Advierten que los problemas ambientales dentro de fronteras son graves, y que justamente un gobierno de izquierda debería ser el más comprometido con solucionarlos.



Otra vez la sociedad civil



El actual gobierno boliviano está priorizando la explotación de recursos naturales, y especialmente en el sector hidrocarburos y energía. Muchas organizaciones ciudadanas bolivianas han elevado voces de advertencia y hasta de rechazo frente a algunos de estos emprendimientos, tales como la exploración petrolera en el norte del país o los anuncios de represas en zonas amazónicas (entre las más recientes, más de 50 organizaciones rechazaron la flexibilización de las normas ambientales para las petroleras – aquí…).



El problema es que esto ha desencadenado duras respuestas desde el gobierno boliviano. Es importante tener presente este problema al analizar la convocatoria de Cochabamba. ¿Cómo se pueden los “pueblos” discutir sobre cambio climático global, si el gobierno convocante rechaza las advertencias ambientales? Algunos jerarcas gubernamentales han llegado a sostener que se debe reglamentar la participación y consulta ciudadana para que no entorpezcan los proyectos en minería e hidrocarburos.



Hay algunos síntomas preocupantes de intentar controlar y acallar las voces de alerta ciudadana. Este tampoco es un problema exclusivo de Bolivia, y se ha repetido en otros países de la región.



Por lo tanto, una interrogante clave es qué sucederá en la cumbre internacional sobre cambio climático si las organizaciones de la sociedad civil reclaman acciones más enérgicas contra del cambio climático dentro de Bolivia. Dicho de otra manera: muchos ambientalistas podrían exigir que se defienda la Pacha Mama también dentro de Bolivia.



Reconozco que en todos estos temas las respuestas desde la sociedad civil serán de lo más diversas. Comenzando porque muchas organizaciones involucradas en estas cuestiones no se definen a sí mismas como ambientalistas, y por lo tanto toleran, o incluso alientan, diversos emprendimientos de alto impacto ambiental en tanto los conciben imprescindibles para mantener el Estado. Otras incluso dirán que los problemas ambientales dentro de Bolivia son pequeños en comparación con el desastre ecológico de los países industrializados. Los que sigan estos razonamientos seguramente apoyarán la cumbre de Cochabamba.



Pero para otras organizaciones, es necesario contar con el espacio de alerta y denuncia de los problemas ambientales dentro de Bolivia. No son pocos los casos de quienes se preguntarán sobre el sentido de hablar sobre cambio climático, si sus amigos y colegas dentro de Bolivia son hostigados por sus posiciones ambientalistas.



Posibles pasos futuros



Como se señalaba al inicio de estas notas, aquí se reconocen esa diversidad de posiciones. Y a partir de esas diferencias, se señala la gran importancia que debe tener una discusión más profunda sobre las implicancias y los significados de esa conferencia. Ese análisis previo puede ser tanto o más relevante que el viaje a Cochabamba, al menos para el movimiento ambientalista.



Ese análisis también puede considerar muchas posibles vías de salida para las tensiones y contradicciones que se señalan arriba. Incluso hay varios caminos intermedios que merecen ser discutidos.



Por ejemplo, se podría incidir dentro del gobierno boliviano para lograr una verdadera participación de la sociedad civil y asegurar posiciones más diversas tanto en la preparación como desarrollo de esa cumbre.



Otra posibilidad es que las diferentes redes continentales sobre cambio climático elaboren documentos previos con indicaciones claras sobre los compromisos que deberían asumir los gobiernos latinoamericanos dentro de sus fronteras para atacar el cambio climático, y reclamarles coherencia entre sus medidas nacionales y sus discursos internacionales. Incluso se podrían elevar recomendaciones muy precisas sobre el necesario fortalecimiento de la política ambiental dentro de Bolivia, moratorias petroleras en sus áreas protegidas y en la Amazonia, y un cambio radical en su política sobre biodiversidad y bosques.



Establecidos estos y otros aspectos, sin duda que el llamado a esta conferencia internacional es bienvenido. Servirá para difundir muchas preocupaciones y propuestas sobre el cambio climático, pero también encierra la potencialidad de promover una reflexión interna dentro de las organizaciones ciudadanas sobre los caminos políticos para lidiar con la problemática ambiental.

5 de febrero de 2010

Los grandes capitalistas a la conquista de tierras de cultivo de países pobres

Los grandes capitalistas a la conquista de tierras de cultivo de países pobres




Rómulo Pardo Silva

Argenpress





Se apoderan de los recursos naturales cada vez más escasos por medio de la guerra de las armas o del trato con dinero. La extinción de pueblos en desarrollo no les importa.



El uso de las tierras arables alcanzó su límite y para continuar destruyen selvas; el cambio climático no da ninguna seguridad alimentaria hacia el futuro; los países desarrollados y dependientes persiguen un crecimiento económico permanente y por tanto la explotación irracional de la naturaleza; en el año 2050 se necesitará alimento para 3 mil millones de personas más; el petróleo se agota y se ocupan tierras en la siembra de biocombustibles; los precios de los alimentos han subido provocando inestabilidad social y hambre.



Ante esa perspectiva crepuscular los burgueses buscan su propia seguridad. El método, llamado agrocolonialismo, consiste en lanzarse en una avalancha de adquisiciones internacionales de campos de pobres. (1) Sus gobiernos y empresarios asociados con las corruptas burguesías locales los comprar o comúnmente arriendan por largos años.



Bahrein, Omán, Qatar, China, Corea del Sur, Kuwait, Malasia, India, Suecia, Libia, Brasil, Rusia y Ucrania han adquirido tierras en África. El 2008 Arabia Saudita trató con el gobierno de Tanzania el arriendo de 500.000 hectáreas para producir arroz y trigo, empresarios de Kuwait arrendaron tierras en Camboya y el gobierno de Qatar creó una empresa agrícola en Sudán en sociedad con su par local. El mismo año Ghana, Etiopía, Malí y Kenia les dieron en arriendo millones de hectáreas para la producción agrícola o de biocarburantes. En Sudamérica se han vendido decenas de miles de hectáreas en Argentina, Uruguay y Paraguay. Corporaciones de la India están comprando plantaciones de palma aceitera indonesias y buscan en Uruguay, Paraguay y Brasil tierras para cultivar lentejas y soja.



Según el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias, con sede en Washington, DC, se han transferido entre 15 y 20 millones de hectáreas de tierras arables en los países pobres de África y en Camboya, Pakistán y Filipinas. Sobre el dinero utilizado hay oscuridad, pero da una idea lo sucedido en cinco países subsaharianos donde por la venta o arriendo de 2,5 millones de hectáreas se pagó 920 mil millones de dólares en los últimos cinco años.



Solo un sistema depredador de hombres y medio ambientes en unión con gobiernos nativos indiferentes del futuro de sus pueblos pueden explicar que personas subalimentadas sean despojadas de sus tierras en beneficio de países ricos donde la obesidad es un problema de salud grave.



El aparato de propaganda dominante justifica la conquista colonial diciendo que se trata de algo mutuamente conveniente porque los países ricos aportan tecnología, capital, mercados y conocimientos. Ocultan que el hambre ha sido permanente y sin embargo antes no hicieron este ‘aporte’. También argumenta con el libre comercio y la necesidad de la competencia para erradicar a los productores ineficientes. Principios que no son válidos en las economías desarrolladas que subsidian a sus agricultores arruinando a los de estos países pobres.



En realidad los inversionistas foráneos saben claramente que provocan graves perjuicios a los explotados de siempre. Dañan los suelos con los cultivos intensivos que rompen sus ritmos naturales, agotan las aguas subterráneas, contaminan con químicos. No ignoran que son expulsados agricultores locales sin títulos, que se estafa a pequeños propietarios en el pago de sus tierras, que sus siembras de biocarburantes significan menos alimentos locales y precios inalcanzables. Saben que el cambio de propiedad y el acaparamiento ha aumentado el suicidio de campesinos en países como Sri Lanka, China y Corea del Sur. En India entre 1997 2007 lo hicieron 182.936 personas. Se desconoce la cifra en África.



Los capitalistas se han apoderado del mundo. Se condena su modo violento de hacerlo, pero su vía solapada de conquista a través de la compra de naturaleza, como petróleo, coltan, diamantes, cobre, hierro… sí, aunque significa un despojo de futuro.



La respuesta popular a este despojo es imprescindible. Cuando Madagascar llegó a un acuerdo para arrendar a la transnacional Daewoo Logistics 1,3 millones de hectáreas durante 99 años y cultivar y exportar maíz y aceite de palma a Corea del Sur por 6 mil millones de dólares, los agricultores hicieron caer al gobierno y lo impidieron.



La Coalición de Campesinos Asiáticos y la Liga Internacional Panasiática de Campesinos realizaron una campaña en diez países del continente con la exigencia “¡Paremos el acaparamiento de la tierra! Luchemos por una verdadera reforma agraria y por la soberanía alimentaria de los pueblos.”



Es necesario entender el presente y los peligros del futuro para encauzar con luchas la única salida humanista posible: el socialismo poscapitalista solidario, sustentable, planificado, de decrecimiento en los países ricos.



Nota: 1) Ver Ama Binev http://www.rebelion.org/noticia.php?id=94638

4 de febrero de 2010

El derecho de la humanidad a existir

El derecho de la humanidad a existir


El cambio climático está causando ya considerable daño y cientos de millones de pobres están sufriendo las consecuencias.

Los centros de investigaciones más avanzados aseguran que queda muy poco tiempo para evitar una catástrofe irreversible. James Hansen, del Instituto Goddard de la NASA, asegura que un nivel de 350 partes del dióxido de carbono por millón es todavía tolerable; hoy sobrepasa sin embargo la cifra de 390 y se incrementa a ritmo de 2 partes por millón cada año, rebasando los niveles de hace 600 mil años. Las últimas dos décadas han sido, cada una de ellas, las más calurosas desde que se tienen noticias del registro. El mencionado gas aumentó 80 partes por millón en los últimos 150 años.

El hielo del Mar Ártico, la enorme capa de dos kilómetros de espesor que cubre Groenlandia, los glaciares de América del Sur que nutren sus fuentes principales de agua dulce, el volumen colosal que cubre la Antártida, la capa que resta del Kilimanjaro, los hielos que cubren el Himalaya y la enorme masa helada de Siberia se están derritiendo visiblemente. Científicos notables temen saltos cuantitativos en estos fenómenos naturales que originan el cambio.

La humanidad puso grandes esperanzas en la Cumbre de Copenhague, después del Protocolo de Kyoto suscrito en 1997, que entró en vigor el año 2005. El estruendoso fracaso de la Cumbre dio lugar a bochornosos episodios que requieren el debido esclarecimiento.

Estados Unidos, con menos del 5% de la población mundial emite el 25% del dióxido de carbono. El nuevo Presidente de Estados Unidos había prometido cooperar con el esfuerzo internacional para enfrentar un problema que afecta a ese país tanto como al resto del mundo. Durante las reuniones previas a la Cumbre, se hizo evidente que los dirigentes de esa nación y los de los países más ricos maniobraban para hacer caer el peso de los sacrificios sobre los países emergentes y pobres.

Gran número de líderes y miles de representantes de los movimientos sociales e instituciones científicas decididos a luchar por preservar la humanidad del mayor riesgo de su historia, acudieron a Copenhague invitados por los organizadores de la Cumbre. Omito referirme a detalles sobre la brutalidad de la fuerza pública danesa, que arremetió contra miles de manifestantes e invitados de los movimientos sociales y científicos que acudieron a la capital de Dinamarca para concentrarme en los aspectos políticos de la Cumbre.

En Copenhague reinó un verdadero caos y sucedieron cosas increíbles. A los movimientos sociales e instituciones científicas no les permitieron asistir a los debates. Hubo Jefes de Estado y Gobierno que no pudieron siquiera emitir sus opiniones sobre vitales problemas. Obama y los líderes de los países más ricos se adueñaron de la conferencia con la complicidad del gobierno danés. Los organismos de Naciones Unidas fueron relegados.

Barack Obama, que llegó el último día de la Cumbre para permanecer allí solo 12 horas, se reunió con dos grupos de invitados escogidos "a dedo" por él y sus colaboradores. Junto a uno de ellos se reunió en la sala del plenario con el resto de las más altas delegaciones. Hizo uso de la palabra y se marchó de inmediato por la puerta trasera. En ese plenario, excepto el pequeño grupo seleccionado por él, se les prohibió a los demás representantes de los estados hacer uso de la palabra. En esa reunión, a los Presidentes de Bolivia y de la República Bolivariana de Venezuela se les permitió hablar, porque al Presidente de la Cumbre no le quedó otra alternativa que concederles el uso de la palabra, ante el reclamo enérgico de los presentes.

En otra sala contigua, Obama reunió a los líderes de los países más ricos, varios de los Estados emergentes más importantes y dos muy pobres. Presentó un documento, negoció con dos o tres de los países más importantes, ignoró a la Asamblea General de Naciones Unidas, ofreció conferencias de prensa, y se marchó como Julio César en una de sus campañas victoriosas en Asia Menor, que lo llevó a exclamar: Llegué, vi y vencí.

El propio Gordon Brown, Primer Ministro del Reino Unido, había afirmado el 19 de octubre: "Si no llegamos a un acuerdo en el curso de los próximos meses, no debemos tener duda alguna de que, una vez que el crecimiento no controlado de las emisiones haya provocado daños, ningún acuerdo global retrospectivo en algún momento del futuro podrá deshacer tales efectos. Para ese entonces será irremisiblemente demasiado tarde."

Brown concluyó su discurso con dramáticas palabras: "No podemos darnos el lujo de fracasar. Si fracasamos ahora, pagaremos un precio muy alto. Si actuamos ahora, si actuamos de conjunto, si actuamos con visión y determinación, el éxito en Copenhague estará todavía a nuestro alcance. Pero si fracasamos, el planeta Tierra estará en peligro, y para el planeta no existe un Plan B."

Ahora declaró con arrogancia que la Organización de Naciones Unidas no debe ser tomada como rehén por un pequeño grupo de países como Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Tuvalu, a la vez que acusa a China, India, Brasil, Sudáfrica y otros Estados emergentes de ceder a las seducciones de Estados Unidos para suscribir un documento que lanza al cesto de basura el Protocolo de Kyoto y no contiene compromiso vinculante alguno por parte de Estados Unidos y sus aliados ricos.

Me veo obligado a recordar que la Organización de Naciones Unidas nació hace apenas seis décadas, después de la última Guerra Mundial. Los países independientes no rebasaban entonces la cifra de 50. Hoy la integran más de 190 Estados independientes, luego que el odioso sistema colonial dejó de existir por la lucha decidida de los pueblos. A la propia República Popular China durante muchos años se le negó su pertenencia a la ONU, y un gobierno títere ostentaba su representación en esa institución y en su privilegiado Consejo de Seguridad.

El apoyo tenaz del creciente número de países del Tercer Mundo fue indispensable en el reconocimiento internacional de China, y un factor de suma importancia para que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN le reconocieran sus derechos en la Organización de Naciones Unidas.

En la heroica lucha contra el fascismo, la Unión Soviética había realizado el mayor aporte. Más de 25 millones de sus hijos murieron, y una enorme destrucción asoló el país. De esa lucha emergió como superpotencia capaz de contrapesar en parte el dominio absoluto del sistema imperial de Estados Unidos y las antiguas potencias coloniales para el saqueo ilimitado de los pueblos del Tercer Mundo. Cuando la URSS se desintegró, Estados Unidos extendió su poder político y militar hacia el Este, hasta el corazón de Rusia, y su influencia sobre el resto de Europa se incrementó. Nada de extraño tiene lo ocurrido en Copenhague.

Deseo subrayar lo injusto y ultrajante de las declaraciones del Primer Ministro del Reino Unido y el intento yanki de imponer, como Acuerdo de la Cumbre, un documento que en ningún momento fue discutido con los países participantes.

El Canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, en la conferencia de prensa ofrecida el 21 de diciembre, afirmó una verdad que es imposible negar; emplearé algunos de sus párrafos textuales: "Quisiera enfatizar que en Copenhague no hubo acuerdo alguno de la Conferencia de las Partes, no se tomó ninguna decisión con relación a compromisos vinculantes o no vinculantes, o de naturaleza de Derecho Internacional, en modo alguno; simplemente, en Copenhague no hubo acuerdo"

"La Cumbre fue un fracaso y un engaño a la opinión pública mundial. […] quedó al desnudo la falta de voluntad política…"

"…fue un paso atrás en la acción de la comunidad internacional para prevenir o mitigar los efectos del cambio climático…"

"…el promedio de la temperatura mundial podría aumentar en 5 grados…"

De inmediato nuestro Canciller añade otros datos de interés sobre las posibles consecuencias de acuerdo a las últimas investigaciones de la ciencia.

"…desde el Protocolo de Kyoto hasta la fecha las emisiones de los países desarrollados se elevaron 12,8%… y de ese volumen el 55% corresponde a Estados Unidos."

"Un estadounidense consume, como promedio, 25 barriles de petróleo anuales, un europeo 11, un ciudadano chino menos de dos, y un latinoamericano o caribeño, menos de uno."

"Treinta países, incluidos los de la Unión Europea, consumen el 80% del combustible que se produce."

El hecho muy real es que los países desarrollados que suscribieron el Protocolo de Kyoto aumentaron drásticamente sus emisiones. Quieren sustituir ahora la base adoptada de las emisiones a partir de 1990 con la del 2005, con lo cual Estados Unidos, el máximo emisor, reduciría a solo 3% sus emisiones de 25 años antes. Es una desvergonzada burla a la opinión mundial.

El Canciller cubano, hablando en nombre de un grupo de países del ALBA, defendió a China, India, Brasil, Sudáfrica y otros importantes Estados de economía emergente, afirmando el concepto alcanzado en Kyoto de "‘responsabilidades comunes, pero diferenciadas, quiere decir que los acumuladores históricos y los países desarrollados, que son los responsables de esta catástrofe, tienen responsabilidades distintas a las de los pequeños Estados insulares o a las de los países del Sur, sobre todo los países menos desarrollados…"

"Responsabilidades quiere decir financiamiento; responsabilidades quiere decir transferencia de tecnología en condiciones aceptables, y entonces Obama hace un juego de palabras, y en vez de hablar de responsabilidades comunes pero diferenciadas, habla de ‘respuestas comunes, pero diferenciadas’."

"…abandona el plenario sin dignarse a escuchar a nadie, ni había escuchado a nadie antes de su intervención."

En una conferencia de prensa posterior, antes de abandonar la capital danesa, Obama afirma: "Hemos producido un sustancioso acuerdo sin precedente aquí en Copenhague. Por primera vez en la historia, las mayores economías hemos venido juntas a aceptar responsabilidades."

En su clara e irrebatible exposición, nuestro Canciller afirma: "¿Qué quiere decir eso de que ‘las mayores economías hemos venido juntas a aceptar nuestras responsabilidades’? Quiere decir que están descargando un importante peso de la carga que significa el financiamiento para la mitigación y la adaptación de los países sobre todo del Sur al cambio climático, sobre China, Brasil, India y Sudáfrica; porque hay que decir que en Copenhague se produjo un asalto, un atraco contra China, Brasil, India, Sudáfrica y contra todos los países llamados eufemísticamente en desarrollo."

Estas fueron las palabras contundentes e irrebatibles con las que nuestro Canciller relata lo sucedido en Copenhague.

Debo añadir que, cuando a las 10 de la mañana del día 19 de diciembre nuestro vicepresidente Esteban Lazo y el Canciller cubano se habían marchado, se produce el intento tardío de resucitar al muerto de Copenhague como un acuerdo de la Cumbre. En ese momento no quedaba prácticamente ningún Jefe de Estado ni apenas Ministros. De nuevo la denuncia de los restantes miembros de las delegaciones de Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y otros países derrotaron la maniobra. Así finalizó la ingloriosa Cumbre.

Otro hecho que no puede olvidarse fue que en los momentos más críticos de ese día, en horas de la madrugada, el Canciller de Cuba, en unión de las delegaciones que libraban su digna batalla, le ofrecieron al Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, su cooperación en la lucha cada vez más dura que se estaba librando, y en los esfuerzos que deben llevarse a cabo en el futuro para preservar la vida de nuestra especie.

El grupo ecológico Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) advirtió que el cambio climático quedaría fuera de control en los próximos 5 a 10 años, si no se recortan drásticamente las emisiones.

Pero no hace falta demostrar lo esencial de lo que aquí se afirma sobre lo que hizo Obama.

El Presidente de Estados Unidos declaró el miércoles 23 de diciembre que las personas tienen razón en estar decepcionadas por el resultado de la Cumbre sobre el Cambio Climático. En entrevista por la cadena de televisión CBS, el mandatario indicó que "‘en vez de ver un total colapso, sin que hubiese hecho nada, lo que hubiera sido un gigante retroceso, al menos pudimos mantenernos más o menos donde estábamos’…"

Obama ―afirma el despacho noticioso― es el más criticado por aquellos países que, de forma casi unánime, sienten que el resultado de la Cumbre fue desastroso.

La ONU ahora está en un aprieto. Pedirles a otros países que se adhieran al arrogante y antidemocrático acuerdo sería humillante para muchos Estados.

Continuar la batalla y exigir en todas las reuniones, particularmente las de Bonn y de México, el derecho de la humanidad a existir, con la moral y la fuerza que nos otorga la verdad, es a nuestro juicio el único camino.



Fidel Castro Ruz









Diciembre 26 de 2009

8 y 15 p.m.

7 de enero de 2010

El mundo medio siglo después

El mundo medio siglo después


(Tomado de CubaDebate)

Al cumplirse hace dos días el 51 aniversario del triunfo de la Revolución, acudieron a mi mente los recuerdos de aquel 1º de Enero de 1959. Ninguno de nosotros imaginó nunca la peregrina idea de que transcurrido medio siglo, que pasó volando, lo estaríamos recordando como si fuera ayer.

Durante la reunión en el central Oriente, el 28 de diciembre de 1958, con el Comandante en Jefe de las fuerzas enemigas, cuyas unidades élites estaban cercadas y sin escape alguno, este reconoció su derrota y apeló a nuestra generosidad para buscar una salida decorosa al resto de sus fuerzas. Conocía de nuestro trato humano a los prisioneros y heridos sin excepción alguna. Aceptó el acuerdo que le propuse, aunque le advertí que las operaciones en curso proseguirían. Pero viajó a la capital e instigado por la embajada de Estados Unidos promovió un golpe de Estado.

Nos preparábamos para los combates de ese día 1º de Enero, cuando en la madrugada llegó la noticia de la fuga del tirano. Se impartieron órdenes al Ejército Rebelde de no admitir el alto al fuego y continuar los combates en todos los frentes. A través de Radio Rebelde se convocó a los trabajadores a una Huelga General Revolucionaria, secundada de inmediato por toda la nación. El intento golpista fue derrotado, y en horas de la tarde de ese mismo día nuestras tropas victoriosas penetraron en Santiago de Cuba.

El Che y Camilo recibieron instrucciones de avanzar rápidamente por la carretera, en vehículos motorizados con sus aguerridas fuerzas, hacia La Cabaña y el Campamento Militar de Columbia. El ejército adversario, golpeado en todos los frentes, no tendría capacidad de resistir. El propio pueblo sublevado, ocupó los centros de represión y las estaciones de policía. El día 2, en horas de la tarde, acompañado por una pequeña escolta, me reuní en un estadio de Bayamo con más de dos mil soldados de los tanques, artillería e infantería motorizada, contra los cuales habíamos estado combatiendo hasta el día anterior. Portaban todavía su armamento. Nos habíamos ganado el respeto del adversario con nuestros audaces, pero humanitarios métodos de guerra irregular. De este modo, en solo cuatro días —después de 25 meses de guerra que reiniciamos con unos pocos fusiles—, alrededor de cien mil armas de aire, mar y tierra y todo el poder del Estado quedaron en manos de la Revolución. En solo pocas líneas relato lo ocurrido aquellos días hace 51 años.

Comenzó entonces la principal batalla: preservar la independencia de Cuba frente al imperio más poderoso que ha existido, y que nuestro pueblo libró con gran dignidad. Me complace hoy observar a aquellos que por encima de increíbles obstáculos, sacrificios y riesgos, supieron defender a nuestra Patria, y en estos días, junto a sus hijos, sus padres y sus seres más queridos, disfrutan la alegría y las glorias de cada nuevo año.

En nada se parecen, sin embargo, los días de hoy a los de ayer. Vivimos una época nueva que no tiene parecido con ninguna otra de la historia. Antes los pueblos luchaban y luchan todavía con honor por un mundo mejor y más justo, pero hoy tienen que luchar, además, y sin alternativa posible, por la propia supervivencia de la especie. No sabemos absolutamente nada si ignoramos esto. Cuba es, sin duda, uno de los países políticamente más instruido del planeta; había partido del más bochornoso analfabetismo, y lo que es peor: nuestros amos yankis y la burguesía asociada a los dueños extranjeros eran los propietarios de las tierras, los centrales azucareros, las plantas de productos de bienes de consumo, los almacenes, los comercios, la electricidad, los teléfonos, los bancos, las minas, los seguros, los muelles, los bares, los hoteles, las oficinas, las casas de vivienda, los cines, las imprentas, las revistas, los periódicos, la radio, la naciente televisión y todo cuanto tuviera un valor importante.

Los yankis, apagadas las ardientes llamas de nuestras batallas por la libertad, se habían arrogado la tarea de pensar por un pueblo que tanto luchó por ser dueño de su independencia, sus riquezas y su destino. Nada en absoluto, ni siquiera la tarea de pensar políticamente, nos pertenecía. ¿Cuántos sabíamos leer y escribir? ¿Cuántos llegábamos siquiera al sexto grado? Lo recuerdo especialmente un día como hoy, porque ese era el país que se suponía pertenecía a los cubanos. No cito más cosas, porque tendría que incluir muchas más, entre ellas las mejores escuelas, los mejores hospitales, las mejores casas, los mejores médicos, los mejores abogados. ¿Cuántos éramos los que teníamos derecho a ello? ¿Quiénes poseíamos, salvo excepciones, el derecho natural y divino de ser administradores y jefes?

Ningún millonario o sujeto rico, sin excepción, dejaba de ser jefe de Partido, Senador, Representante o funcionario importante. Esa era la democracia representativa y pura que imperaba en nuestra Patria, excepto que los yankis impusieran a su antojo tiranuelos despiadados y crueles, cuando convenía más a sus intereses para defender mejor sus propiedades frente a campesinos sin tierra y obreros con o sin trabajo. Como ya nadie habla siquiera de eso, me aventuro a recordarlo. Nuestro país forma parte de los más de 150 que constituyen el Tercer Mundo, que serán los primeros aunque no los únicos destinados a sufrir las increíbles consecuencias si la humanidad no toma conciencia clara, cierta y bastante más rápida de lo que imaginamos de la realidad y consecuencias del cambio climático ocasionado por el hombre, si no se logra impedirlo a tiempo.

Nuestros medios de comunicación masiva han dedicado espacios a describir los efectos de los cambios climáticos. Los huracanes de creciente violencia, las sequías y otras calamidades naturales, han contribuido igualmente a la educación de nuestro pueblo sobre el tema. Un hecho singular, la batalla en torno al problema climático que tuvo lugar en la Cumbre de Copenhague, ha contribuido al conocimiento del inminente peligro. No se trata de un riesgo lejano para el siglo XXII, sino para el XXI, ni lo es tampoco solo para la segunda mitad de este, sino para las próximas décadas, en las que ya comenzaríamos a sufrir sus penosas consecuencias.

Tampoco se trata de una simple acción contra el imperio y sus secuaces, que en esto, como en todo, tratan de imponer sus estúpidos y egoístas intereses, sino de una batalla de opinión mundial que no se puede dejar a la espontaneidad ni al capricho de la mayoría de sus medios de comunicación. Es una situación que por fortuna conocen millones de personas honradas y valientes en el mundo, una batalla a librar con las masas y en el seno de las organizaciones sociales e instituciones científicas, culturales, humanitarias, y otras de carácter internacional, muy especialmente en el seno de las Naciones Unidas, donde el Gobierno de Estados Unidos, sus aliados de la OTAN y los países más ricos trataron de asestar, en Dinamarca, un golpe fraudulento y antidemocrático contra el resto de los países emergentes y pobres del Tercer Mundo.

En Copenhague, la delegación cubana, que asistió junto a otras del ALBA y el Tercer Mundo, se vio obligada a una lucha a fondo ante los increíbles acontecimientos que se originaron con el discurso del presidente yanki, Barack Obama, y del grupo de Estados más ricos del planeta, decididos a desmantelar los compromisos vinculantes de Kyoto —donde hace más de 12 años se discutió el peliagudo problema— y a hacer caer el peso de los sacrificios sobre los países emergentes y los subdesarrollados, que son los más pobres y a la vez los principales suministradores de materias primas y recursos no renovables del planeta a los más desarrollados y opulentos.

En Copenhague, Obama se presentó el último día de la Conferencia, iniciada el 7 de diciembre. Lo peor de su conducta fue que, cuando tenía ya decidido enviar 30 mil soldados a la carnicería de Afganistán —un país de fuerte tradición independentista, al que ni siquiera los ingleses en sus mejores y más crueles tiempos pudieron someter— asistió a Oslo para recibir nada menos que el Premio Nobel de la Paz. A la capital noruega llegó el 10 de diciembre, donde pronunció un discurso hueco, demagógico y justificativo. El 18, que era la fecha de la última sesión de la Cumbre, se apareció en Copenhague, donde pensaba permanecer inicialmente solo 8 horas. El día anterior habían llegado la Secretaria de Estado y un grupo selecto de sus mejores estrategas.

Lo primero que hizo Obama fue seleccionar a un grupo de invitados que recibieron el honor de acompañarlo a pronunciar un discurso en la Cumbre. El Primer Ministro danés, que presidía la Cumbre, complaciente y adulón, le cedió la palabra al grupo que apenas rebasaba 15 personas. El jefe imperial merecía honores especiales. Su discurso fue una mezcla de edulcoradas palabras aliñadas con gestos teatrales, que ya aburren a quienes, como yo, se asignaron la tarea de escucharlo para tratar de ser objetivos en la apreciación de sus características e intenciones políticas. Obama impuso a su dócil anfitrión dinamarqués que solo sus invitados podían hacer uso de la palabra, aunque él, tan pronto pronunció las suyas, hizo "mutis por el foro" por una puerta trasera, como duende que escapa de un auditorio que le había hecho el honor de escuchar con interés.

Concluida la lista autorizada de oradores, un indígena aymara de pura cepa, Evo Morales, presidente de Bolivia, que acababa de ser reelecto con el 65% de los votos, exigió el derecho a usar la palabra, que le fue concedida ante el aplauso abrumador de los presentes. En solo nueve minutos expresó profundos y dignos conceptos que respondían a las palabras del ausente Presidente de Estados Unidos. Acto seguido se levantó Hugo Chávez para solicitar hablar en nombre de la República Bolivariana de Venezuela; a quien presidía la sesión no le quedó otra alternativa que concederle también el uso de la palabra, que utilizó para improvisar uno de los más brillantes discursos que le he escuchado. Al concluir, un martillazo puso fin a la insólita sesión.

El ocupadísimo Obama y su séquito no tenían, sin embargo, un minuto que perder. Su grupo había elaborado un Proyecto de Declaración, repleto de vaguedades, que era la negación del Protocolo de Kyoto. Después que salió precipitadamente de la plenaria, se reunió con otros grupos de invitados que no llegaban a 30, negoció en privado y en grupo; insistió, mencionó cifras millonarias de billetes verdes sin respaldo en oro, que constantemente se devalúan y hasta amenazó con marcharse de la reunión si no se accedía a sus demandas. Lo peor fue que se trató de una reunión de países superricos a la que invitaron a varias de las más importantes naciones emergentes y a dos o tres pobres, a las cuales sometió el documento, como quien propone: ¡Lo tomas o lo dejas!

Tal declaración confusa, ambigua y contradictoria —en cuya discusión no participó para nada la Organización de Naciones Unidas—, el Primer Ministro danés trató de presentarla como Acuerdo de la Cumbre. Ya esta había concluido su período de sesiones, casi todos los Jefes de Estado, de Gobierno y Ministros de Relaciones Exteriores se habían marchado a sus respectivos países, y a las tres de la madrugada, el distinguido Primer Ministro danés lo presentó al plenario, donde cientos de sufridos funcionarios que desde hacía tres días no dormían, recibieron el engorroso documento ofreciéndoles solo una hora para analizarlo y decidir su aprobación.

Allí se incendió la reunión. Los delegados no habían tenido siquiera tiempo de leerlo. Varios solicitaron la palabra. El primero fue el de Tuvalu, cuyas islas quedarán bajo las aguas si se aprobaba lo que allí se proponía; lo siguieron los de Bolivia, Venezuela, Cuba y Nicaragua. El enfrentamiento dialéctico a las 3 de aquella madrugada del 19 de diciembre es digno de pasar a la historia, si la historia durara mucho tiempo después del cambio climático.

Como gran parte de lo ocurrido se conoce en Cuba, o está en las páginas Web de Internet, me limitaré sólo a exponer en parte las dos réplicas del canciller cubano, Bruno Rodríguez, dignas de ser consignadas para conocer los episodios finales de la telenovela de Copenhague, y los elementos del último capítulo que todavía no han sido publicados en nuestro país.

"Señor Presidente (Primer Ministro de Dinamarca) El documento que usted varias veces afirmó que no existía, aparece ahora. Todos hemos visto versiones que circulan de manera subrepticia y que se discuten en pequeños conciliábulos secretos, fuera de las salas en que la comunidad internacional, a través de sus representantes, negocia de una manera transparente."

"Sumo mi voz a la de los representantes de Tuvalu, Venezuela y Bolivia. Cuba considera extremadamente insuficiente e inadmisible el texto de este proyecto apócrifo "

"El documento que usted, lamentablemente, presenta no contiene compromiso alguno de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

"Conozco las versiones anteriores que también, a través de procedimientos cuestionables y clandestinos, se estuvieron negociando en corrillos cerrados que hablaban, al menos, de una reducción del 50% para el año 2050 "

"El documento que usted presenta ahora, omite, precisamente, las ya magras e insuficientes frases clave que aquella versión contenía. Este documento no garantiza, en modo alguno, la adopción de medidas mínimas que permitan evitar una gravísima catástrofe para el planeta y la especie humana."

"Este vergonzoso documento que usted trae es también omiso y ambiguo en relación con el compromiso específico de reducción de emisiones por parte de los países desarrollados, responsables del calentamiento global por el nivel histórico y actual de sus emisiones, y a quienes corresponde aplicar reducciones sustanciales de manera inmediata. Este papel no contiene una sola palabra de compromiso de parte de los países desarrollados."

" Su papel, señor Presidente, es el acta de defunción del Protocolo de Kyoto, que mi delegación no acepta."

"La delegación cubana desea hacer énfasis en la preeminencia del principio de ‘responsabilidades comunes, pero diferenciadas’, como concepto central del futuro proceso de negociaciones. Su papel no dice una palabra de eso."

"La delegación de Cuba reitera su protesta por las graves violaciones de procedimiento que se han producido en la conducción antidemocrática del proceso de esta conferencia, especialmente, mediante la utilización de formatos de debate y de negociación, arbitrarios, excluyentes y discriminatorios "

"Señor Presidente, le solicito formalmente que esta declaración sea recogida en el informe final sobre los trabajos de esta lamentable y bochornosa 15 Conferencia de las Partes."

Lo que nadie podría imaginar es que, después de otro largo receso y cuando ya todos pensaban que solo faltaban los trámites formales para dar por concluida la Cumbre, el Primer Ministro del país sede, instigado por los yankis, haría otro intento de hacer pasar el documento como consenso de la Cumbre, cuando no quedaban ni siquiera Cancilleres en el plenario. Delegados de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba, que permanecieron vigilantes e insomnes hasta el último minuto, frustraron la postrera maniobra en Copenhague.

No concluiría, sin embargo, el problema. Los poderosos no están habituados, ni admiten resistencia. El 30 de diciembre la Misión Permanente de Dinamarca ante Naciones Unidas, en Nueva York, informó cortésmente a nuestra Misión en esa ciudad que había tomado nota del Acuerdo de Copenhague del 18 de diciembre de 2009, y adjuntaba copia avanzada de esa decisión. Textualmente afirmó: " el Gobierno de Dinamarca, en su calidad de Presidente de la COP15, invita a las Partes de la Convención a informar por escrito a la Secretaría de la UNFCCC, lo antes posible, su voluntad de asociarse al Acuerdo de Copenhague."

Esta sorpresiva comunicación motivó la respuesta de la Misión Permanente de Cuba ante Naciones Unidas, en la que " rechaza de plano la intención de hacer aprobar, por vía indirecta, un texto que fue objeto de repudio de varias delegaciones, no sólo por su insuficiencia ante los graves efectos del cambio climático, sino también por responder exclusivamente a los intereses de un reducido grupo de Estados."

A su vez, originó una carta del Viceministro Primero del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de la República de Cuba, Doctor Fernando González Bermúdez, al Sr. Yvo de Boer, Secretario Ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, algunos de cuyos párrafos transcribimos:

"Hemos recibido con sorpresa y preocupación la Nota que el Gobierno de Dinamarca circulara a las Misiones Permanentes de los Estados miembros de las Naciones Unidas en Nueva York, que usted seguramente conoce, mediante la cual se invita a los Estados Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático a informar a la Secretaría Ejecutiva, por escrito, y a su más pronta conveniencia, su deseo de asociarse al denominado Acuerdo de Copenhague."

"Hemos observado, con preocupación adicional, que el Gobierno de Dinamarca comunica que la Secretaría Ejecutiva de la Convención incluirá, en el informe de la Conferencia de las Partes efectuada en Copenhague, un listado de los Estados Partes que hubieran manifestado su voluntad de asociarse con el citado Acuerdo."

"A juicio de la República de Cuba, esta forma de actuar constituye una burda y reprobable violación de lo decidido en Copenhague, donde los Estados Partes, ante la evidente falta de consenso, se limitaron a tomar nota de la existencia de dicho documento."

"Nada de lo acordado en la 15 COP autoriza al Gobierno de Dinamarca a adoptar esta acción y, mucho menos, a la Secretaría Ejecutiva a incluir en el informe final un listado de Estados Partes, para lo cual no tiene mandato."

"Debo indicarle que el Gobierno de la República de Cuba rechaza de la manera más firme este nuevo intento de legitimar por vía indirecta un documento espurio y reiterarle que esta forma de actuar compromete el resultado de las futuras negociaciones, sienta un peligroso precedente para los trabajos de la Convención y lesiona en particular el espíritu de buena fe con que las delegaciones deberán continuar el proceso de negociaciones el próximo año", concluyó el Viceministro Primero de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba.

Muchos conocen, especialmente los movimientos sociales y las personas mejor informadas de las instituciones humanitarias, culturales y científicas, que el documento promovido por Estados Unidos constituye un retroceso de las posiciones alcanzadas por los que se esfuerzan en evitar una colosal catástrofe para nuestra especie. Sería ocioso repetir aquí cifras y hechos que lo demuestran matemáticamente. Los datos constan en las páginas Web de Internet y están al alcance del número creciente de personas que se interesan por el tema.

La teoría con que se defiende la adhesión al documento es endeble e implica un retroceso. Se invoca la idea engañosa de que los países ricos aportarían una mísera suma de 30 mil millones de dólares en tres años a los países pobres para sufragar los gastos que implique enfrentar el cambio climático, cifra que podría elevarse a 100 mil por año en el 2020, lo que en este gravísimo problema, equivale a esperar por las calendas griegas. Los especialistas conocen que, esas cifras son ridículas e inaceptables por el volumen de las inversiones que se requieren. El origen de tales sumas es vago y confuso, de modo que no comprometen a nadie.

¿Cuál es el valor de un dólar? ¿Qué significan 30 mil millones? Todos sabemos que desde Bretton Woods, en 1944, hasta la orden presidencial de Nixon en 1971 —impartida para echar sobre la economía mundial el gasto de la guerra genocida contra Viet Nam—, el valor de un dólar, medido en oro, se fue reduciendo hasta ser hoy aproximadamente 32 veces menor que entonces; 30 mil millones significan menos de mil millones, y 100 mil divididos por 32, equivalen a 3 125, que no alcanzan en la actualidad ni para construir una refinería de petróleo de mediana capacidad.

Si los países industrializados cumplieran alguna vez la promesa de aportar a los que están por desarrollarse el 0,7 por ciento del PIB —algo que salvo contadas excepciones nunca hicieron—, la cifra excedería los 250 mil millones de dólares cada año.

Para salvar los bancos el gobierno de Estados Unidos gastó 800 mil millones. ¿Cuánto estaría dispuesto a gastar para salvar a los 9 mil millones de personas que habitarán el planeta en el 2050, si antes no se producen grandes sequías e inundaciones provocadas por el mar debido al deshielo de glaciares y grandes masas de aguas congeladas de Groenlandia y la Antártida?

No nos dejemos engañar. Lo que Estados Unidos ha pretendido con sus maniobras en Copenhague es dividir al Tercer Mundo, separar a más de 150 países subdesarrollados de China, India, Brasil, Sudáfrica y otros con los cuales debemos luchar unidos para defender, en Bonn, en México o en cualquier otra conferencia internacional, junto a las organizaciones sociales, científicas y humanitarias, verdaderos Acuerdos que beneficien a todos los países y preserven a la humanidad de una catástrofe que puede conducir a la extinción de nuestra especie.

El mundo posee cada vez más información, pero los políticos tienen cada vez menos tiempo para pensar.

Las naciones ricas y sus líderes, incluido el Congreso de Estados Unidos, parecen estar discutiendo cuál será el último en desaparecer.

Cuando Obama haya concluido las 28 fiestas con que se propuso celebrar estas Navidades, si entre ellas está incluida la de los Reyes Magos, quizás Gaspar, Melchor y Baltasar le aconsejen lo que debe hacer.

Ruego me excusen la extensión. No quise dividir en dos partes esta Reflexión. Pido perdón a los pacientes lectores.



Fidel Castro Ruz

Enero 3 de 2010

3 y 16 p.m.