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22 de marzo de 2010

Copenhague, una manipulada conferencia semioculta para unos 4.800 millones de personas ausentes

Copenhague, una manipulada conferencia semioculta para unos 4.800 millones de personas ausentes




Rómulo Pardo Silva

http://www.malpublicados.blogspot.com/





Aunque se trataba de la supervivencia de la especie humana los medias de los empresarios dieron la mínima información sobre el encuentro. Nada comparable con la cobertura para las Torres Gemelas o el campeonato mundial de fútbol en Sudáfrica. El objetivo era defender sus egoístas intereses minimizando su conocimiento y el consiguiente rechazo social.

En Dinamarca no hubo transparencia y apego a las normas internacionales. Se aplicó la prepotencia y el cinismo de los políticos occidentales sobre gobernantes tributarios. El documento final fue preparado semanas antes por los países ricos y se hizo público después de asegurar el acatamiento de los representantes de los pueblos víctimas. De los 193 estados presentes sólo fueron consultados en su formulación 25. Los mandatarios independientes y responsables por el futuro fueron excluidos y los valientes manifestantes jóvenes de la sociedad civil reprimidos con la violencia de antiguos colonialistas en las calles.

La delegada de Venezuela, Claudia Salermo, dice que para la jornada final habían sido convocados a las 20 horas para "conocer… el texto que 25 países seleccionados de los que ellos llamaron los líderes más importantes, representativos del mundo, habían llegado a un acuerdo… ". A las 23 horas "mientras esperábamos… en la plenaria formal de las Naciones Unidas… sale una rueda de prensa de todos los principales lideres europeos y Obama mostrando éste es el acuerdo de cambio climático”… "todos… nos tuvimos que acercar a las pantallas de televisión para ver de qué se trataba ese acuerdo que nosotros, los Estados soberanos del mundo, en ese momento desconocíamos". Después de siete horas el presidente de la Cumbre, el primer ministro de Dinamarca, Lars Loekke Rasmussen, ingresó "diciendo: 'En este momento les van a repartir el texto, éste es el acuerdo y esta reunión está suspendida para que ustedes lean esto y en algún momento se les va a convocar por la pantalla nuevamente". "Cuando el primer ministro… apareció… todos los delegados estaban dormidos sobre las mesas esperando… y simplemente lanza el texto… y dice que se va". Salerno explica que se lastimó la mano golpeando la mesa y el pulsador para que se le permitiera el derecho a expresarse "… golpeé tan duro la mesa, y mi indignación era tan grande que no me di cuenta y se me rompió la mano… ensangrentada…".

Los representantes de Cuba, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, y Venezuela se opusieron. La representante dice, "fuimos los únicos países que nos paramos y dijimos no vamos a aceptar que ningún imperio nos impongan ningún acuerdo de 25 cuando somos 192 países soberanos". También Sudán, como Presidente del Grupo de los 77, y Tuvalu declararon que el documento era inaceptable.

La propuesta de los desarrollados fue aprobada por la mayoría de los delegados y Naciones Unidas, mediante el expediente de ‘tomar nota’, la consideró como el acuerdo de la conferencia, pero la falta de unanimidad le impidió ser adoptado como acuerdo oficial.

El texto de mayoría expresa las conveniencias de los países ricos: formula compromisos sin carácter obligatorio; permite aumentar la temperatura global hasta en 2 grados, lo que podría significar 3 grados según un experto, cuando los científicos advierten de no superar el límite de 1,5 grados; admite el aumento de la emisión de gases de efecto invernadero, contra el criterio científico que declara insoslayable una reducción de al menos el 45% para el año 2020, y del 80 al 90% para el 2050; hace posible no establecer acuerdos obligatorios optando por el acuerdo político de intenciones; omite compromisos concretos de financiamiento y transferencia de tecnologías a los países en desarrollo como parte del cumplimiento de las obligaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

El documento se limita a la idea de que los países desarrollados participen en una llamada movilización de recursos que se dice pueden ser públicos o privados, una fórmula con que pueden seguir contaminando comprando en los mercados del carbono la reducción de emisiones de países en desarrollo. Intenta dar por concluido el Protocolo de Kioto sin fijarle un segundo período de obligaciones, por el cual los responsables históricos del calentamiento, Europa y Estados Unidos que desde 1860 han depositado el 76% de las emisiones de CO2 acumuladas en la atmósfera, han aceptado reducciones cuantificadas de emisiones hasta alcanzar niveles que permitan el control del problema. Persigue anular el Plan de Acción de Bali, de 2007, que acordó que los países desarrollados tendrían obligaciones de mitigación en tanto los en vías de desarrollo aportarían voluntariamente.



Estados Unidos que quema el 25% del petróleo mundial, ofrece 30 mil millones de dólares para los próximos 3 años y llegar a una suma de 100 mil millones en 2020 mientras su gasto militar en el año 2008 fue de 711 mil millones de dólares y de 170 mil millones de dólares sólo en sus operaciones de guerra en Iraq y Afganistán.

Los países del ALBA fueron los únicos que señalaron sin vacilaciones ante los 193 gobiernos que la causa de que el hombre tenga amenazado su futuro es el capitalismo con su forma de producir y consumir que explota y empobrece irracional e irreparablemente la naturaleza. Los presidentes Evo Morales y Hugo Chávez les señalaron que la única vía de solución para todos es el socialismo solidario y sustentable.

El enfriamiento del clima exige medidas muy duras en la sociedad capitalista. Para reducir las emisiones de gases invernadero tendría que paralizar producciones que son lucrativas y propias de su estilo de vida consumista. Hacer que sus privilegiados ciudadanos consuman menos. En Copenhague se negaron a hacerlo.

Para obligarlos no hay una población cohesionada, informada, libre de la publicidad consumista; ni partidos socialistas fuertes.

Dada la realidad mundial no se debía esperar algo muy diferente. El predominio en los países desarrollados y en desarrollo de los empresarios, necesariamente ambiciosos, violentos y abusivos, la corrupción de gobernantes dependientes, 2.500 millones personas en la pobreza, 1.100 millones sin agua potable, 2.600 millones sin servicios de saneamiento, más de 800 millones de analfabetos, más de 1.000 millones de hambrientos, el manejo sin contrapeso de los medios de información privados… hacen extremadamente difícil la constitución de un bloque social político de resistencia a la burguesía global/local.

Así se explica que avalaran el incumplimiento de su responsabilidad a los países ricos, gobiernos que tienen millones de pobres como Brasil, India, China, Sudáfrica; políticos sumisos a empresariados que persiguen ser potencias futuras o funcionarios estatales vinculados a capitalistas nuevos.

El calentamiento global se intensifica. Es imperioso que se creen organizaciones que permitan informar y coordinar a los pobres y solidarios para luchar por una alternativa sustentable de decrecimiento con justicia. Se necesitan partidos que se atrevan a decir que el planeta no puede sostener un crecimiento indefinido de la economía porque no hay recursos suficientes, porque son finitos. Políticos que defiendan que la única manera de ser justos con toda la humanidad es reducir drásticamente el consumo en los países ricos, aumentarlo hasta satisfacer las necesidades básicas en los pobres y vivir con menos bienes materiales disfrutando la cultura, la recreación…

Contra los pobres hay una parte minoritaria rica de la humanidad que tiene medios para defenderse de las consecuencias del cambio climático y para apoderarse de las riquezas naturales de las poblaciones que emigren o mueran. El desafío vital es para la mayoría que no debe esperar soluciones sino de ellos mismos. Los primeros piensan en un poscapitalismo fascista corporativo; los segundos deben hacer suyo el socialismo.

Contacto romulo.pardo@gmail.com

4 de febrero de 2010

El derecho de la humanidad a existir

El derecho de la humanidad a existir


El cambio climático está causando ya considerable daño y cientos de millones de pobres están sufriendo las consecuencias.

Los centros de investigaciones más avanzados aseguran que queda muy poco tiempo para evitar una catástrofe irreversible. James Hansen, del Instituto Goddard de la NASA, asegura que un nivel de 350 partes del dióxido de carbono por millón es todavía tolerable; hoy sobrepasa sin embargo la cifra de 390 y se incrementa a ritmo de 2 partes por millón cada año, rebasando los niveles de hace 600 mil años. Las últimas dos décadas han sido, cada una de ellas, las más calurosas desde que se tienen noticias del registro. El mencionado gas aumentó 80 partes por millón en los últimos 150 años.

El hielo del Mar Ártico, la enorme capa de dos kilómetros de espesor que cubre Groenlandia, los glaciares de América del Sur que nutren sus fuentes principales de agua dulce, el volumen colosal que cubre la Antártida, la capa que resta del Kilimanjaro, los hielos que cubren el Himalaya y la enorme masa helada de Siberia se están derritiendo visiblemente. Científicos notables temen saltos cuantitativos en estos fenómenos naturales que originan el cambio.

La humanidad puso grandes esperanzas en la Cumbre de Copenhague, después del Protocolo de Kyoto suscrito en 1997, que entró en vigor el año 2005. El estruendoso fracaso de la Cumbre dio lugar a bochornosos episodios que requieren el debido esclarecimiento.

Estados Unidos, con menos del 5% de la población mundial emite el 25% del dióxido de carbono. El nuevo Presidente de Estados Unidos había prometido cooperar con el esfuerzo internacional para enfrentar un problema que afecta a ese país tanto como al resto del mundo. Durante las reuniones previas a la Cumbre, se hizo evidente que los dirigentes de esa nación y los de los países más ricos maniobraban para hacer caer el peso de los sacrificios sobre los países emergentes y pobres.

Gran número de líderes y miles de representantes de los movimientos sociales e instituciones científicas decididos a luchar por preservar la humanidad del mayor riesgo de su historia, acudieron a Copenhague invitados por los organizadores de la Cumbre. Omito referirme a detalles sobre la brutalidad de la fuerza pública danesa, que arremetió contra miles de manifestantes e invitados de los movimientos sociales y científicos que acudieron a la capital de Dinamarca para concentrarme en los aspectos políticos de la Cumbre.

En Copenhague reinó un verdadero caos y sucedieron cosas increíbles. A los movimientos sociales e instituciones científicas no les permitieron asistir a los debates. Hubo Jefes de Estado y Gobierno que no pudieron siquiera emitir sus opiniones sobre vitales problemas. Obama y los líderes de los países más ricos se adueñaron de la conferencia con la complicidad del gobierno danés. Los organismos de Naciones Unidas fueron relegados.

Barack Obama, que llegó el último día de la Cumbre para permanecer allí solo 12 horas, se reunió con dos grupos de invitados escogidos "a dedo" por él y sus colaboradores. Junto a uno de ellos se reunió en la sala del plenario con el resto de las más altas delegaciones. Hizo uso de la palabra y se marchó de inmediato por la puerta trasera. En ese plenario, excepto el pequeño grupo seleccionado por él, se les prohibió a los demás representantes de los estados hacer uso de la palabra. En esa reunión, a los Presidentes de Bolivia y de la República Bolivariana de Venezuela se les permitió hablar, porque al Presidente de la Cumbre no le quedó otra alternativa que concederles el uso de la palabra, ante el reclamo enérgico de los presentes.

En otra sala contigua, Obama reunió a los líderes de los países más ricos, varios de los Estados emergentes más importantes y dos muy pobres. Presentó un documento, negoció con dos o tres de los países más importantes, ignoró a la Asamblea General de Naciones Unidas, ofreció conferencias de prensa, y se marchó como Julio César en una de sus campañas victoriosas en Asia Menor, que lo llevó a exclamar: Llegué, vi y vencí.

El propio Gordon Brown, Primer Ministro del Reino Unido, había afirmado el 19 de octubre: "Si no llegamos a un acuerdo en el curso de los próximos meses, no debemos tener duda alguna de que, una vez que el crecimiento no controlado de las emisiones haya provocado daños, ningún acuerdo global retrospectivo en algún momento del futuro podrá deshacer tales efectos. Para ese entonces será irremisiblemente demasiado tarde."

Brown concluyó su discurso con dramáticas palabras: "No podemos darnos el lujo de fracasar. Si fracasamos ahora, pagaremos un precio muy alto. Si actuamos ahora, si actuamos de conjunto, si actuamos con visión y determinación, el éxito en Copenhague estará todavía a nuestro alcance. Pero si fracasamos, el planeta Tierra estará en peligro, y para el planeta no existe un Plan B."

Ahora declaró con arrogancia que la Organización de Naciones Unidas no debe ser tomada como rehén por un pequeño grupo de países como Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Tuvalu, a la vez que acusa a China, India, Brasil, Sudáfrica y otros Estados emergentes de ceder a las seducciones de Estados Unidos para suscribir un documento que lanza al cesto de basura el Protocolo de Kyoto y no contiene compromiso vinculante alguno por parte de Estados Unidos y sus aliados ricos.

Me veo obligado a recordar que la Organización de Naciones Unidas nació hace apenas seis décadas, después de la última Guerra Mundial. Los países independientes no rebasaban entonces la cifra de 50. Hoy la integran más de 190 Estados independientes, luego que el odioso sistema colonial dejó de existir por la lucha decidida de los pueblos. A la propia República Popular China durante muchos años se le negó su pertenencia a la ONU, y un gobierno títere ostentaba su representación en esa institución y en su privilegiado Consejo de Seguridad.

El apoyo tenaz del creciente número de países del Tercer Mundo fue indispensable en el reconocimiento internacional de China, y un factor de suma importancia para que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN le reconocieran sus derechos en la Organización de Naciones Unidas.

En la heroica lucha contra el fascismo, la Unión Soviética había realizado el mayor aporte. Más de 25 millones de sus hijos murieron, y una enorme destrucción asoló el país. De esa lucha emergió como superpotencia capaz de contrapesar en parte el dominio absoluto del sistema imperial de Estados Unidos y las antiguas potencias coloniales para el saqueo ilimitado de los pueblos del Tercer Mundo. Cuando la URSS se desintegró, Estados Unidos extendió su poder político y militar hacia el Este, hasta el corazón de Rusia, y su influencia sobre el resto de Europa se incrementó. Nada de extraño tiene lo ocurrido en Copenhague.

Deseo subrayar lo injusto y ultrajante de las declaraciones del Primer Ministro del Reino Unido y el intento yanki de imponer, como Acuerdo de la Cumbre, un documento que en ningún momento fue discutido con los países participantes.

El Canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, en la conferencia de prensa ofrecida el 21 de diciembre, afirmó una verdad que es imposible negar; emplearé algunos de sus párrafos textuales: "Quisiera enfatizar que en Copenhague no hubo acuerdo alguno de la Conferencia de las Partes, no se tomó ninguna decisión con relación a compromisos vinculantes o no vinculantes, o de naturaleza de Derecho Internacional, en modo alguno; simplemente, en Copenhague no hubo acuerdo"

"La Cumbre fue un fracaso y un engaño a la opinión pública mundial. […] quedó al desnudo la falta de voluntad política…"

"…fue un paso atrás en la acción de la comunidad internacional para prevenir o mitigar los efectos del cambio climático…"

"…el promedio de la temperatura mundial podría aumentar en 5 grados…"

De inmediato nuestro Canciller añade otros datos de interés sobre las posibles consecuencias de acuerdo a las últimas investigaciones de la ciencia.

"…desde el Protocolo de Kyoto hasta la fecha las emisiones de los países desarrollados se elevaron 12,8%… y de ese volumen el 55% corresponde a Estados Unidos."

"Un estadounidense consume, como promedio, 25 barriles de petróleo anuales, un europeo 11, un ciudadano chino menos de dos, y un latinoamericano o caribeño, menos de uno."

"Treinta países, incluidos los de la Unión Europea, consumen el 80% del combustible que se produce."

El hecho muy real es que los países desarrollados que suscribieron el Protocolo de Kyoto aumentaron drásticamente sus emisiones. Quieren sustituir ahora la base adoptada de las emisiones a partir de 1990 con la del 2005, con lo cual Estados Unidos, el máximo emisor, reduciría a solo 3% sus emisiones de 25 años antes. Es una desvergonzada burla a la opinión mundial.

El Canciller cubano, hablando en nombre de un grupo de países del ALBA, defendió a China, India, Brasil, Sudáfrica y otros importantes Estados de economía emergente, afirmando el concepto alcanzado en Kyoto de "‘responsabilidades comunes, pero diferenciadas, quiere decir que los acumuladores históricos y los países desarrollados, que son los responsables de esta catástrofe, tienen responsabilidades distintas a las de los pequeños Estados insulares o a las de los países del Sur, sobre todo los países menos desarrollados…"

"Responsabilidades quiere decir financiamiento; responsabilidades quiere decir transferencia de tecnología en condiciones aceptables, y entonces Obama hace un juego de palabras, y en vez de hablar de responsabilidades comunes pero diferenciadas, habla de ‘respuestas comunes, pero diferenciadas’."

"…abandona el plenario sin dignarse a escuchar a nadie, ni había escuchado a nadie antes de su intervención."

En una conferencia de prensa posterior, antes de abandonar la capital danesa, Obama afirma: "Hemos producido un sustancioso acuerdo sin precedente aquí en Copenhague. Por primera vez en la historia, las mayores economías hemos venido juntas a aceptar responsabilidades."

En su clara e irrebatible exposición, nuestro Canciller afirma: "¿Qué quiere decir eso de que ‘las mayores economías hemos venido juntas a aceptar nuestras responsabilidades’? Quiere decir que están descargando un importante peso de la carga que significa el financiamiento para la mitigación y la adaptación de los países sobre todo del Sur al cambio climático, sobre China, Brasil, India y Sudáfrica; porque hay que decir que en Copenhague se produjo un asalto, un atraco contra China, Brasil, India, Sudáfrica y contra todos los países llamados eufemísticamente en desarrollo."

Estas fueron las palabras contundentes e irrebatibles con las que nuestro Canciller relata lo sucedido en Copenhague.

Debo añadir que, cuando a las 10 de la mañana del día 19 de diciembre nuestro vicepresidente Esteban Lazo y el Canciller cubano se habían marchado, se produce el intento tardío de resucitar al muerto de Copenhague como un acuerdo de la Cumbre. En ese momento no quedaba prácticamente ningún Jefe de Estado ni apenas Ministros. De nuevo la denuncia de los restantes miembros de las delegaciones de Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y otros países derrotaron la maniobra. Así finalizó la ingloriosa Cumbre.

Otro hecho que no puede olvidarse fue que en los momentos más críticos de ese día, en horas de la madrugada, el Canciller de Cuba, en unión de las delegaciones que libraban su digna batalla, le ofrecieron al Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, su cooperación en la lucha cada vez más dura que se estaba librando, y en los esfuerzos que deben llevarse a cabo en el futuro para preservar la vida de nuestra especie.

El grupo ecológico Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) advirtió que el cambio climático quedaría fuera de control en los próximos 5 a 10 años, si no se recortan drásticamente las emisiones.

Pero no hace falta demostrar lo esencial de lo que aquí se afirma sobre lo que hizo Obama.

El Presidente de Estados Unidos declaró el miércoles 23 de diciembre que las personas tienen razón en estar decepcionadas por el resultado de la Cumbre sobre el Cambio Climático. En entrevista por la cadena de televisión CBS, el mandatario indicó que "‘en vez de ver un total colapso, sin que hubiese hecho nada, lo que hubiera sido un gigante retroceso, al menos pudimos mantenernos más o menos donde estábamos’…"

Obama ―afirma el despacho noticioso― es el más criticado por aquellos países que, de forma casi unánime, sienten que el resultado de la Cumbre fue desastroso.

La ONU ahora está en un aprieto. Pedirles a otros países que se adhieran al arrogante y antidemocrático acuerdo sería humillante para muchos Estados.

Continuar la batalla y exigir en todas las reuniones, particularmente las de Bonn y de México, el derecho de la humanidad a existir, con la moral y la fuerza que nos otorga la verdad, es a nuestro juicio el único camino.



Fidel Castro Ruz









Diciembre 26 de 2009

8 y 15 p.m.

13 de enero de 2010

Marcelo en el País de los Espectáculos

MARCELO EN EL PAÍS DE LOS ESPECTÁCULOS




No podía dejar de asistir al gran espectáculo montado por la Coke y las Naciones Unidas en Copenhague; no podía desaprovechar esta gran oportunidad de aparecer en foros internacionales como un político preocupado por el cambio climático, por el medio ambiente, a la altura de la Merkel, del Brown, del Sarkosy y de otros gesticuladores de clase mundial; no podía perder la ocasión de fortalecer mucho su gran coartada ambientalista, apoyada en sus viajes ocasionales en bicicleta, en sus tianguis ecológicos y en su deplorable “Plan Verde". Hoy en día, hasta las empresas nucleares, químicas, o de manipulación genética o de extracción de carbón tienen muy estudiadas coartadas ecológicas. Por otra parte, en tanto que recibe buenas cantidades de bonos de carbono por el Metrobus y otras maravillas de la sustentabilidad, está obligado a colaborar con los gobiernos poderosos en la promoción del infame engaño de los bonos de carbono y del "Mecanismo de Desarrollo Limpio" que no sólo no reducen las emisiones de carbono sino que permiten hacer grandes negocios. Llegó a Copenhague acompañado de su secretaria del Medio Ambiente (Martha Delgado), cómplice de sus proyectos espectaculares y de sus politicas ambientales, a promover sus falsas soluciones al cambio climático en la ciudad de México, como son sus espectaculares nuevas vías rápidas, ejes troncales, pavimentaciones y las decenas de puentes, deprimidos, distribuidores viales, que ha construido en los últimos dos años; pero, su magno proyecto es sin lugar a dudas la Línea 12 del Metro a Tlahuac que reportará grandes utilidades a los inversionistas inmobiliarios que urbanizarán los humedales y campos de cultivo de Tlahuac y Xochimilco; los bosques y campos de cultivo de la sierra Chichinatuzin en Milpalta y Xochimilco; los bosques y las zonas agrícolas de Chalco, Temamatla, Tenango del Aire, Amecameca y otros municipios del estado de México.



Por lo visto, no ha habido un ambientalista que le informe que las líneas radiales de Metro (hacia la periferia) en los hechos elevan cada año las distancias y tiempos diarios promedio de la población, lo que eleva cada año el consumo de energía en el transporte y las emisiones de gases de efecto invernadero GEI; no ha habido un ambientalista que le explique que las líneas radiales de Metro provocan profundos cambios en el uso del suelo (urbanización) a mas de 30 km de distancia de sus terminales, como se puede confirmar en el movimiento de usuarios de las terminales de Cuatro Caminos, el Rosario, Indios Verdes, entre otras. Tampoco ha habido ambientalistas en la ciudad de México que protesten por la construcción de nueva infraestructura estatal para el uso del auto en los últimos dos años. Es bien sabido entre los medianamente informados que el inversionista inmobiliario y el automovilista tienen la máxima prioridad en el gasto de obras de la ciudad de México, por lo que estos proyectos espectaculares de Marcelo harán en los próximos años una muy notable contribución al agravamiento del cambio climático y al desastre ambiental y social de nuestra ciudad. No obstante, la mercadotecnia de Marcelo ha lanzado ya, con toda oportunidad, una gran campaña en torno a la mitigación del cambio climático en la ciudad de México, con sellos y certificaciones que lo colocan en la misma línea publicitaria engañosa, tramposa, del gobierno federal y de muchos de los gobiernos que fueron a Copenhague a tomarles el pelo a sus votantes.



Días después de sus presentaciones en Copenhague, en el aeropuerto Schipol de Amsterdam, en un estrecho y largo túnel por el que caminaban cientos de pasajeros que estaban a punto de partir hacia México en un avión de KLM, una azafata solicitó en voz alta a los pasajeros que hacían cola para entrar al avión que se hicieran a un lado, para que dejaran pasar primero a los pasajeros de Primera Clase o Bussiness Class; frente a nosotros caminaron entonces, algo turbados, los pocos pasajeros que habitualmente pagan una tarifa que aproximadamente dobla la tarifa Economy que pagan la gran mayoría de los pasajeros. Marcelo caminó solitario, tranquilamente frente a nosotros, habituado a presidir muchos espectáculos; temí un poco por la suerte del avión que debía transportar a un pasajero tan pesado e importante. Once horas después, junto a una de las bandas transportadoras de entrega de equipaje del aeropuerto de la ciudad de México, me atreví a informarle que en Copenhague había explicado a activistas internacionales los efectos desastrosos que tendrá para la ciudad de México, la construcción de la Línea 12 del Metro a Tlahuac. No parece haberle hecho gracia la idea pues se retiró de mala gana, con gesto agrio y sin despedirse.



Desde luego, el cambio climático no le quita el sueño a Marcelo ni a Calderón, ni a Peña Nieto; finalmente confían en sus grandes espectáculos para conseguir grandes éxitos en los negocios y en la política. La cercanía entre políticos, empresarios y eclesiásticos es cada día más grande, particularmente con los grandes empresarios de la TV; Peña Nieto tendrá al papa Benedicto XVI, en su próxima boda, cubierto en exclusiva por Televisa; los espectáculos público-privados ayudan mucho a embrutecer a la población, para que acepte su miseria, la destrucción ambiental y los riesgos formidables a los que se enfrenta el mundo moderno. No sólo los desfiles de los Santos Reyes, los grandes árboles de navidad, las pistas de patinaje en hielo, las playas artificiales, los museos y exhibiciones en el zócalo, los cierres de restaurantes y escuelas por la epidemia porcina, los operativos antinarco, las ceremonias militares, ayudan a mantener el Gran Espectáculo Gubernamental, también lo hacen la construcción e inauguración de grandes obras publicas y privadas, las declaraciones dramáticas ante los medios, especialmente si tienen que ver con la “seguridad energética, hídrica, financiera o alimentaria” y los muy eficaces espectáculos de la guerra contra el terrorismo y la guerra contra el narco. Tal como la afirma Naomi Klein en su libro La Doctrina del Shock, un espectáculo mayor, como el de las torres gemelas de Nueva York puede dejar un gran trauma muy difícil de eliminar en la población de muchos países. Los espectáculos grandes y pequeños sirven para manipular el imaginario de la población. En menor o mayor medida todos los gobiernos poderosos del mundo y sus gobiernos satélites, como es el caso del gobierno mexicano, hacen obras que aceleran el cambio climático y destruyen el tejido social, mientras que proponen al respecto falsas soluciones o grandes engaños, como es el caso de la Línea 12 del Metro a Tlahuac, o los trenes suburbanos, las súper carreteras, las presas, los trasvases, los confinamientos de residuos peligrosos, los incineradores, los libramientos, los “arcos viales”, los distribuidores viales y los segundos pisos. Una gran cantidad de ciudadanos creen en la bondad de estas obras, porque sus profesores les han dicho que son buenas; los medios las han celebrado y pintado de colores; los ricos y los aspirantes a ser ricos las alaban sin parar. Hay que reconocer plenamente que los espectáculos son el fundamento de las votaciones y de la permanencia de los gobiernos, pero, lo son también del desastre climático, cultural, económico, financiero, alimentario, sanitario, que empieza a dominar al mundo. La democracia moderna exige grandes espectáculos para funcionar, pues tiene muy poco de democrática: vive de la colonización del imaginario social, por medio de lo que enseñan las escuelas, de lo que difunden los medios y del consumo de tecnologías enemigas de la Naturaleza. No obstante, están en aumento los espectáculos de la Naturaleza creados por el ser humano, como los huracanes, las inundaciones, los incendios forestales y están por aparecer otros espectáculos de la Naturaleza que parecen impensables para la mayoría de la población, pero, que serán provocados por las obras y las políticas de Calderón, de Peña Nieto, de Marcelo y de muchos otros gobernadores surgidos de la moderna democracia mexicana.



















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Miguel Valencia

ECOMUNIDADES

Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México

¡DESCRECIMIENTO O BARBARIE!

Acción inmediata frente al Pico del Petróleo y al Cambio Climático

Textos recientes en http://red-ecomunidades.blogspot.com/

7 de enero de 2010

El mundo medio siglo después

El mundo medio siglo después


(Tomado de CubaDebate)

Al cumplirse hace dos días el 51 aniversario del triunfo de la Revolución, acudieron a mi mente los recuerdos de aquel 1º de Enero de 1959. Ninguno de nosotros imaginó nunca la peregrina idea de que transcurrido medio siglo, que pasó volando, lo estaríamos recordando como si fuera ayer.

Durante la reunión en el central Oriente, el 28 de diciembre de 1958, con el Comandante en Jefe de las fuerzas enemigas, cuyas unidades élites estaban cercadas y sin escape alguno, este reconoció su derrota y apeló a nuestra generosidad para buscar una salida decorosa al resto de sus fuerzas. Conocía de nuestro trato humano a los prisioneros y heridos sin excepción alguna. Aceptó el acuerdo que le propuse, aunque le advertí que las operaciones en curso proseguirían. Pero viajó a la capital e instigado por la embajada de Estados Unidos promovió un golpe de Estado.

Nos preparábamos para los combates de ese día 1º de Enero, cuando en la madrugada llegó la noticia de la fuga del tirano. Se impartieron órdenes al Ejército Rebelde de no admitir el alto al fuego y continuar los combates en todos los frentes. A través de Radio Rebelde se convocó a los trabajadores a una Huelga General Revolucionaria, secundada de inmediato por toda la nación. El intento golpista fue derrotado, y en horas de la tarde de ese mismo día nuestras tropas victoriosas penetraron en Santiago de Cuba.

El Che y Camilo recibieron instrucciones de avanzar rápidamente por la carretera, en vehículos motorizados con sus aguerridas fuerzas, hacia La Cabaña y el Campamento Militar de Columbia. El ejército adversario, golpeado en todos los frentes, no tendría capacidad de resistir. El propio pueblo sublevado, ocupó los centros de represión y las estaciones de policía. El día 2, en horas de la tarde, acompañado por una pequeña escolta, me reuní en un estadio de Bayamo con más de dos mil soldados de los tanques, artillería e infantería motorizada, contra los cuales habíamos estado combatiendo hasta el día anterior. Portaban todavía su armamento. Nos habíamos ganado el respeto del adversario con nuestros audaces, pero humanitarios métodos de guerra irregular. De este modo, en solo cuatro días —después de 25 meses de guerra que reiniciamos con unos pocos fusiles—, alrededor de cien mil armas de aire, mar y tierra y todo el poder del Estado quedaron en manos de la Revolución. En solo pocas líneas relato lo ocurrido aquellos días hace 51 años.

Comenzó entonces la principal batalla: preservar la independencia de Cuba frente al imperio más poderoso que ha existido, y que nuestro pueblo libró con gran dignidad. Me complace hoy observar a aquellos que por encima de increíbles obstáculos, sacrificios y riesgos, supieron defender a nuestra Patria, y en estos días, junto a sus hijos, sus padres y sus seres más queridos, disfrutan la alegría y las glorias de cada nuevo año.

En nada se parecen, sin embargo, los días de hoy a los de ayer. Vivimos una época nueva que no tiene parecido con ninguna otra de la historia. Antes los pueblos luchaban y luchan todavía con honor por un mundo mejor y más justo, pero hoy tienen que luchar, además, y sin alternativa posible, por la propia supervivencia de la especie. No sabemos absolutamente nada si ignoramos esto. Cuba es, sin duda, uno de los países políticamente más instruido del planeta; había partido del más bochornoso analfabetismo, y lo que es peor: nuestros amos yankis y la burguesía asociada a los dueños extranjeros eran los propietarios de las tierras, los centrales azucareros, las plantas de productos de bienes de consumo, los almacenes, los comercios, la electricidad, los teléfonos, los bancos, las minas, los seguros, los muelles, los bares, los hoteles, las oficinas, las casas de vivienda, los cines, las imprentas, las revistas, los periódicos, la radio, la naciente televisión y todo cuanto tuviera un valor importante.

Los yankis, apagadas las ardientes llamas de nuestras batallas por la libertad, se habían arrogado la tarea de pensar por un pueblo que tanto luchó por ser dueño de su independencia, sus riquezas y su destino. Nada en absoluto, ni siquiera la tarea de pensar políticamente, nos pertenecía. ¿Cuántos sabíamos leer y escribir? ¿Cuántos llegábamos siquiera al sexto grado? Lo recuerdo especialmente un día como hoy, porque ese era el país que se suponía pertenecía a los cubanos. No cito más cosas, porque tendría que incluir muchas más, entre ellas las mejores escuelas, los mejores hospitales, las mejores casas, los mejores médicos, los mejores abogados. ¿Cuántos éramos los que teníamos derecho a ello? ¿Quiénes poseíamos, salvo excepciones, el derecho natural y divino de ser administradores y jefes?

Ningún millonario o sujeto rico, sin excepción, dejaba de ser jefe de Partido, Senador, Representante o funcionario importante. Esa era la democracia representativa y pura que imperaba en nuestra Patria, excepto que los yankis impusieran a su antojo tiranuelos despiadados y crueles, cuando convenía más a sus intereses para defender mejor sus propiedades frente a campesinos sin tierra y obreros con o sin trabajo. Como ya nadie habla siquiera de eso, me aventuro a recordarlo. Nuestro país forma parte de los más de 150 que constituyen el Tercer Mundo, que serán los primeros aunque no los únicos destinados a sufrir las increíbles consecuencias si la humanidad no toma conciencia clara, cierta y bastante más rápida de lo que imaginamos de la realidad y consecuencias del cambio climático ocasionado por el hombre, si no se logra impedirlo a tiempo.

Nuestros medios de comunicación masiva han dedicado espacios a describir los efectos de los cambios climáticos. Los huracanes de creciente violencia, las sequías y otras calamidades naturales, han contribuido igualmente a la educación de nuestro pueblo sobre el tema. Un hecho singular, la batalla en torno al problema climático que tuvo lugar en la Cumbre de Copenhague, ha contribuido al conocimiento del inminente peligro. No se trata de un riesgo lejano para el siglo XXII, sino para el XXI, ni lo es tampoco solo para la segunda mitad de este, sino para las próximas décadas, en las que ya comenzaríamos a sufrir sus penosas consecuencias.

Tampoco se trata de una simple acción contra el imperio y sus secuaces, que en esto, como en todo, tratan de imponer sus estúpidos y egoístas intereses, sino de una batalla de opinión mundial que no se puede dejar a la espontaneidad ni al capricho de la mayoría de sus medios de comunicación. Es una situación que por fortuna conocen millones de personas honradas y valientes en el mundo, una batalla a librar con las masas y en el seno de las organizaciones sociales e instituciones científicas, culturales, humanitarias, y otras de carácter internacional, muy especialmente en el seno de las Naciones Unidas, donde el Gobierno de Estados Unidos, sus aliados de la OTAN y los países más ricos trataron de asestar, en Dinamarca, un golpe fraudulento y antidemocrático contra el resto de los países emergentes y pobres del Tercer Mundo.

En Copenhague, la delegación cubana, que asistió junto a otras del ALBA y el Tercer Mundo, se vio obligada a una lucha a fondo ante los increíbles acontecimientos que se originaron con el discurso del presidente yanki, Barack Obama, y del grupo de Estados más ricos del planeta, decididos a desmantelar los compromisos vinculantes de Kyoto —donde hace más de 12 años se discutió el peliagudo problema— y a hacer caer el peso de los sacrificios sobre los países emergentes y los subdesarrollados, que son los más pobres y a la vez los principales suministradores de materias primas y recursos no renovables del planeta a los más desarrollados y opulentos.

En Copenhague, Obama se presentó el último día de la Conferencia, iniciada el 7 de diciembre. Lo peor de su conducta fue que, cuando tenía ya decidido enviar 30 mil soldados a la carnicería de Afganistán —un país de fuerte tradición independentista, al que ni siquiera los ingleses en sus mejores y más crueles tiempos pudieron someter— asistió a Oslo para recibir nada menos que el Premio Nobel de la Paz. A la capital noruega llegó el 10 de diciembre, donde pronunció un discurso hueco, demagógico y justificativo. El 18, que era la fecha de la última sesión de la Cumbre, se apareció en Copenhague, donde pensaba permanecer inicialmente solo 8 horas. El día anterior habían llegado la Secretaria de Estado y un grupo selecto de sus mejores estrategas.

Lo primero que hizo Obama fue seleccionar a un grupo de invitados que recibieron el honor de acompañarlo a pronunciar un discurso en la Cumbre. El Primer Ministro danés, que presidía la Cumbre, complaciente y adulón, le cedió la palabra al grupo que apenas rebasaba 15 personas. El jefe imperial merecía honores especiales. Su discurso fue una mezcla de edulcoradas palabras aliñadas con gestos teatrales, que ya aburren a quienes, como yo, se asignaron la tarea de escucharlo para tratar de ser objetivos en la apreciación de sus características e intenciones políticas. Obama impuso a su dócil anfitrión dinamarqués que solo sus invitados podían hacer uso de la palabra, aunque él, tan pronto pronunció las suyas, hizo "mutis por el foro" por una puerta trasera, como duende que escapa de un auditorio que le había hecho el honor de escuchar con interés.

Concluida la lista autorizada de oradores, un indígena aymara de pura cepa, Evo Morales, presidente de Bolivia, que acababa de ser reelecto con el 65% de los votos, exigió el derecho a usar la palabra, que le fue concedida ante el aplauso abrumador de los presentes. En solo nueve minutos expresó profundos y dignos conceptos que respondían a las palabras del ausente Presidente de Estados Unidos. Acto seguido se levantó Hugo Chávez para solicitar hablar en nombre de la República Bolivariana de Venezuela; a quien presidía la sesión no le quedó otra alternativa que concederle también el uso de la palabra, que utilizó para improvisar uno de los más brillantes discursos que le he escuchado. Al concluir, un martillazo puso fin a la insólita sesión.

El ocupadísimo Obama y su séquito no tenían, sin embargo, un minuto que perder. Su grupo había elaborado un Proyecto de Declaración, repleto de vaguedades, que era la negación del Protocolo de Kyoto. Después que salió precipitadamente de la plenaria, se reunió con otros grupos de invitados que no llegaban a 30, negoció en privado y en grupo; insistió, mencionó cifras millonarias de billetes verdes sin respaldo en oro, que constantemente se devalúan y hasta amenazó con marcharse de la reunión si no se accedía a sus demandas. Lo peor fue que se trató de una reunión de países superricos a la que invitaron a varias de las más importantes naciones emergentes y a dos o tres pobres, a las cuales sometió el documento, como quien propone: ¡Lo tomas o lo dejas!

Tal declaración confusa, ambigua y contradictoria —en cuya discusión no participó para nada la Organización de Naciones Unidas—, el Primer Ministro danés trató de presentarla como Acuerdo de la Cumbre. Ya esta había concluido su período de sesiones, casi todos los Jefes de Estado, de Gobierno y Ministros de Relaciones Exteriores se habían marchado a sus respectivos países, y a las tres de la madrugada, el distinguido Primer Ministro danés lo presentó al plenario, donde cientos de sufridos funcionarios que desde hacía tres días no dormían, recibieron el engorroso documento ofreciéndoles solo una hora para analizarlo y decidir su aprobación.

Allí se incendió la reunión. Los delegados no habían tenido siquiera tiempo de leerlo. Varios solicitaron la palabra. El primero fue el de Tuvalu, cuyas islas quedarán bajo las aguas si se aprobaba lo que allí se proponía; lo siguieron los de Bolivia, Venezuela, Cuba y Nicaragua. El enfrentamiento dialéctico a las 3 de aquella madrugada del 19 de diciembre es digno de pasar a la historia, si la historia durara mucho tiempo después del cambio climático.

Como gran parte de lo ocurrido se conoce en Cuba, o está en las páginas Web de Internet, me limitaré sólo a exponer en parte las dos réplicas del canciller cubano, Bruno Rodríguez, dignas de ser consignadas para conocer los episodios finales de la telenovela de Copenhague, y los elementos del último capítulo que todavía no han sido publicados en nuestro país.

"Señor Presidente (Primer Ministro de Dinamarca) El documento que usted varias veces afirmó que no existía, aparece ahora. Todos hemos visto versiones que circulan de manera subrepticia y que se discuten en pequeños conciliábulos secretos, fuera de las salas en que la comunidad internacional, a través de sus representantes, negocia de una manera transparente."

"Sumo mi voz a la de los representantes de Tuvalu, Venezuela y Bolivia. Cuba considera extremadamente insuficiente e inadmisible el texto de este proyecto apócrifo "

"El documento que usted, lamentablemente, presenta no contiene compromiso alguno de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

"Conozco las versiones anteriores que también, a través de procedimientos cuestionables y clandestinos, se estuvieron negociando en corrillos cerrados que hablaban, al menos, de una reducción del 50% para el año 2050 "

"El documento que usted presenta ahora, omite, precisamente, las ya magras e insuficientes frases clave que aquella versión contenía. Este documento no garantiza, en modo alguno, la adopción de medidas mínimas que permitan evitar una gravísima catástrofe para el planeta y la especie humana."

"Este vergonzoso documento que usted trae es también omiso y ambiguo en relación con el compromiso específico de reducción de emisiones por parte de los países desarrollados, responsables del calentamiento global por el nivel histórico y actual de sus emisiones, y a quienes corresponde aplicar reducciones sustanciales de manera inmediata. Este papel no contiene una sola palabra de compromiso de parte de los países desarrollados."

" Su papel, señor Presidente, es el acta de defunción del Protocolo de Kyoto, que mi delegación no acepta."

"La delegación cubana desea hacer énfasis en la preeminencia del principio de ‘responsabilidades comunes, pero diferenciadas’, como concepto central del futuro proceso de negociaciones. Su papel no dice una palabra de eso."

"La delegación de Cuba reitera su protesta por las graves violaciones de procedimiento que se han producido en la conducción antidemocrática del proceso de esta conferencia, especialmente, mediante la utilización de formatos de debate y de negociación, arbitrarios, excluyentes y discriminatorios "

"Señor Presidente, le solicito formalmente que esta declaración sea recogida en el informe final sobre los trabajos de esta lamentable y bochornosa 15 Conferencia de las Partes."

Lo que nadie podría imaginar es que, después de otro largo receso y cuando ya todos pensaban que solo faltaban los trámites formales para dar por concluida la Cumbre, el Primer Ministro del país sede, instigado por los yankis, haría otro intento de hacer pasar el documento como consenso de la Cumbre, cuando no quedaban ni siquiera Cancilleres en el plenario. Delegados de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba, que permanecieron vigilantes e insomnes hasta el último minuto, frustraron la postrera maniobra en Copenhague.

No concluiría, sin embargo, el problema. Los poderosos no están habituados, ni admiten resistencia. El 30 de diciembre la Misión Permanente de Dinamarca ante Naciones Unidas, en Nueva York, informó cortésmente a nuestra Misión en esa ciudad que había tomado nota del Acuerdo de Copenhague del 18 de diciembre de 2009, y adjuntaba copia avanzada de esa decisión. Textualmente afirmó: " el Gobierno de Dinamarca, en su calidad de Presidente de la COP15, invita a las Partes de la Convención a informar por escrito a la Secretaría de la UNFCCC, lo antes posible, su voluntad de asociarse al Acuerdo de Copenhague."

Esta sorpresiva comunicación motivó la respuesta de la Misión Permanente de Cuba ante Naciones Unidas, en la que " rechaza de plano la intención de hacer aprobar, por vía indirecta, un texto que fue objeto de repudio de varias delegaciones, no sólo por su insuficiencia ante los graves efectos del cambio climático, sino también por responder exclusivamente a los intereses de un reducido grupo de Estados."

A su vez, originó una carta del Viceministro Primero del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de la República de Cuba, Doctor Fernando González Bermúdez, al Sr. Yvo de Boer, Secretario Ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, algunos de cuyos párrafos transcribimos:

"Hemos recibido con sorpresa y preocupación la Nota que el Gobierno de Dinamarca circulara a las Misiones Permanentes de los Estados miembros de las Naciones Unidas en Nueva York, que usted seguramente conoce, mediante la cual se invita a los Estados Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático a informar a la Secretaría Ejecutiva, por escrito, y a su más pronta conveniencia, su deseo de asociarse al denominado Acuerdo de Copenhague."

"Hemos observado, con preocupación adicional, que el Gobierno de Dinamarca comunica que la Secretaría Ejecutiva de la Convención incluirá, en el informe de la Conferencia de las Partes efectuada en Copenhague, un listado de los Estados Partes que hubieran manifestado su voluntad de asociarse con el citado Acuerdo."

"A juicio de la República de Cuba, esta forma de actuar constituye una burda y reprobable violación de lo decidido en Copenhague, donde los Estados Partes, ante la evidente falta de consenso, se limitaron a tomar nota de la existencia de dicho documento."

"Nada de lo acordado en la 15 COP autoriza al Gobierno de Dinamarca a adoptar esta acción y, mucho menos, a la Secretaría Ejecutiva a incluir en el informe final un listado de Estados Partes, para lo cual no tiene mandato."

"Debo indicarle que el Gobierno de la República de Cuba rechaza de la manera más firme este nuevo intento de legitimar por vía indirecta un documento espurio y reiterarle que esta forma de actuar compromete el resultado de las futuras negociaciones, sienta un peligroso precedente para los trabajos de la Convención y lesiona en particular el espíritu de buena fe con que las delegaciones deberán continuar el proceso de negociaciones el próximo año", concluyó el Viceministro Primero de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba.

Muchos conocen, especialmente los movimientos sociales y las personas mejor informadas de las instituciones humanitarias, culturales y científicas, que el documento promovido por Estados Unidos constituye un retroceso de las posiciones alcanzadas por los que se esfuerzan en evitar una colosal catástrofe para nuestra especie. Sería ocioso repetir aquí cifras y hechos que lo demuestran matemáticamente. Los datos constan en las páginas Web de Internet y están al alcance del número creciente de personas que se interesan por el tema.

La teoría con que se defiende la adhesión al documento es endeble e implica un retroceso. Se invoca la idea engañosa de que los países ricos aportarían una mísera suma de 30 mil millones de dólares en tres años a los países pobres para sufragar los gastos que implique enfrentar el cambio climático, cifra que podría elevarse a 100 mil por año en el 2020, lo que en este gravísimo problema, equivale a esperar por las calendas griegas. Los especialistas conocen que, esas cifras son ridículas e inaceptables por el volumen de las inversiones que se requieren. El origen de tales sumas es vago y confuso, de modo que no comprometen a nadie.

¿Cuál es el valor de un dólar? ¿Qué significan 30 mil millones? Todos sabemos que desde Bretton Woods, en 1944, hasta la orden presidencial de Nixon en 1971 —impartida para echar sobre la economía mundial el gasto de la guerra genocida contra Viet Nam—, el valor de un dólar, medido en oro, se fue reduciendo hasta ser hoy aproximadamente 32 veces menor que entonces; 30 mil millones significan menos de mil millones, y 100 mil divididos por 32, equivalen a 3 125, que no alcanzan en la actualidad ni para construir una refinería de petróleo de mediana capacidad.

Si los países industrializados cumplieran alguna vez la promesa de aportar a los que están por desarrollarse el 0,7 por ciento del PIB —algo que salvo contadas excepciones nunca hicieron—, la cifra excedería los 250 mil millones de dólares cada año.

Para salvar los bancos el gobierno de Estados Unidos gastó 800 mil millones. ¿Cuánto estaría dispuesto a gastar para salvar a los 9 mil millones de personas que habitarán el planeta en el 2050, si antes no se producen grandes sequías e inundaciones provocadas por el mar debido al deshielo de glaciares y grandes masas de aguas congeladas de Groenlandia y la Antártida?

No nos dejemos engañar. Lo que Estados Unidos ha pretendido con sus maniobras en Copenhague es dividir al Tercer Mundo, separar a más de 150 países subdesarrollados de China, India, Brasil, Sudáfrica y otros con los cuales debemos luchar unidos para defender, en Bonn, en México o en cualquier otra conferencia internacional, junto a las organizaciones sociales, científicas y humanitarias, verdaderos Acuerdos que beneficien a todos los países y preserven a la humanidad de una catástrofe que puede conducir a la extinción de nuestra especie.

El mundo posee cada vez más información, pero los políticos tienen cada vez menos tiempo para pensar.

Las naciones ricas y sus líderes, incluido el Congreso de Estados Unidos, parecen estar discutiendo cuál será el último en desaparecer.

Cuando Obama haya concluido las 28 fiestas con que se propuso celebrar estas Navidades, si entre ellas está incluida la de los Reyes Magos, quizás Gaspar, Melchor y Baltasar le aconsejen lo que debe hacer.

Ruego me excusen la extensión. No quise dividir en dos partes esta Reflexión. Pido perdón a los pacientes lectores.



Fidel Castro Ruz

Enero 3 de 2010

3 y 16 p.m.

28 de diciembre de 2009

LIBERAR EL IMAGINARIO SOCIAL PARA LIBERAR NUESTRAS COMUNIDADES

LIBERAR EL IMAGINARIO SOCIAL


PARA LIBERAR NUESTRAS COMUNIDADES

Discurso de Miguel Valencia, el 9 de diciembre de 2009, en el seminario de descrecimiento del Klimaforum09 de Copenhague, durante la COP-15 de la ONU. Seminario “De la Globalización a la Localización”, con la participación, además, de Tim Jackson (UK, Sustainable Development Commision), Sophie Banks (Transition Towns)

Traducción del texto original en ingles.

Mueren nuestros pueblos y ciudades a causa del intenso desarrollo

En México, en todas partes opera una misma fuerza que debilita a nuestros pueblos, enferma y mata a sus habitantes, destruye nuestras comunidades y burla nuestros bienes comunes tradicionales. Ocasiona año tras año la pérdida de los fundamentos de su vida: acuíferos, bosques, ríos, lagos, mares. Constantemente empobrece la fauna y la flora de nuestro país. Esta fuerza es la modernización. Se trata de una guerra no declarada contra la naturaleza y los bienes comunes de los pueblos. En su nombre, los paisajes se empobrecen por los monocultivos de maíz, cebada, palmeras, y también, por la urbanización dispersa, canales, torres de alta tensión. Nuestros pueblos están cada día más invadidos por pavimento, tuberías, autos, ruidos, anuncios, franquicias comerciales, tiendas Wal Mart. Los campesinos y la gente de los pueblos observan impotentes cómo se construyen en pocos meses pasos a desnivel, vías rápidas, grandes estacionamientos, enormes centros comerciales, casas industrializadas (tipo ARA, GEO). Ven llenarse de botellas o bolsas de plástico usadas o botes de aluminio, de impresos, de piezas metálicas o de plástico usadas, sus plazas, banquetas, parques públicos, en pocas horas.

Los pueblos y ciudades de México están perdiendo rápidamente sus campesinos, sus artesanos y sus sabios, pero, al mismo tiempo resienten un rápido aumento en sus niveles de violencia, pobreza y desempleo, debido al aumento desmedido de los monocultivos, la migración, el cultivo y el tráfico de drogas, las maquiladoras y los nuevos estilos de vida. Nuestros pueblos se convierten en territorios sin poder, sujetos a poderes sin territorio. La economía mundial domina ahora la vida y la economía de nuestros pueblos y comunidades, las que han perdido la capacidad de sostenerse por sí mismas.

La confrontación y el disenso social con la globalización: la crónica de una guerra sangrienta de baja intensidad.

El disenso social emerge con fuerza a principios de los 90, pero, desde el principio de este siglo, más de 1500 movimientos locales de resistencia se han dado en México: campesinos, indígenas, mujeres, trabajadores, vecinos, ciudadanos de todos los estratos sociales, han rechazado la construcción de aeropuertos, grandes presas, carreteras, instalaciones petroleras, confinamientos de residuos tóxicos, operaciones mineras, extracciones de agua, vialidades en segundos pisos, líneas de Metro. Entre los movimientos de mayor relevancia están: el pueblo de San Francisco Atenco que detuvo la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México; Ignacio del Valle, el dirigente campesino de este movimiento se encuentra en una prisión de alta seguridad condenado a 112 años de prisión; el pueblo de Zimapan detuvo el confinamiento de residuos peligrosos; el pueblo de la ciudad de San Luis Potosí, ha detenido las operaciones en San Xavier de una empresa minera canadiense; campesinos de las comunidades de La Parota, en Acapulco, han detenido el proyecto de una gran presa; pueblos cercanos a Cuatro Ciénagas se oponen continuamente a la extracción de agua en la reserva ecológica del desierto; el movimiento de los trece pueblos de Morelos contra la urbanización de sus campos de cultivo de caña y arroz; los campesinos de Tlahuac contra la construcción de la Línea 12 el Metro, en los humedales y tierras de cultivo de esa zona en la Ciudad de México. En los últimos años, la mayor parte de los dirigentes de los movimientos locales han sufrido órdenes de aprensión. Cuando menos cada quince días desaparece misteriosamente un dirigente local o es encontrado torturado y asesinado por personas desconocidas.

La manipulación del imaginario social por medio de los programas de desarrollo y la globalización han sido trágicas.

Por muchas décadas, las imágenes de autos nuevos, supercarreteras, grandes presas, puentes, torres, pasos a desnivel, casas en los suburbios, han devastado la mente de la mayor parte del pueblo mexicano, sin embargo, con la llegada de la globalización, fueron introducidas nuevas imágenes de “clase mundial”, de armamento, viajes en cruceros, casas contemporáneas y muchas otras que colonizaron la mente de buena parte de las clases populares, media y alta. El “sueño americano” y el estilo de vida de los europeos se ha convertido en parte integral del imaginario de la mayoría de los mexicanos. Sin embargo, estas imágenes están detrás del impulso que destruye a los pueblos de México y sus tesoros naturales. A partir del espectáculo de la riqueza, nacen varias fes o credos modernos que invaden no sólo a México, sino a la mayor parte de las personas en todos los países. Estos nuevos credos pueden ser resumidos en los siguientes: Fe en el progreso, en el desarrollo y en la modernización; Fe en la ciencia y la tecnología; Fe en el crecimiento económico; Fe en el Estado moderno y en las instituciones democráticas. Como consecuencia de estos credos modernos, la mayor parte de la gente cree que no existe vida digna en la Tierra sin celulares, lap tops, agua embotellada, autos, trenes rápidos, aviones… y que los periódicos internacionales, las estaciones de radio y las transmisiones de TV son esenciales para vivir bien. Y que no puede haber una sociedad próspera sin abundantes certificados escolares, grados universitarios y doctorados.

Con la aparición del pensamiento económico, durante la revolución epistémica del siglo 18, nacieron estos credos contemporáneos.

Las ideas económicas introdujeron la idea de un mundo sin límites, sin fronteras, de explotación ilimitada de la naturaleza y de legitimización de las actividades de alto riesgo; en esos días, los estados modernos perdieron las nociones de la escala, del tamaño, de la proporción, de los limites y comenzaron a subsidiar y proteger las actividades industriales y el comercio internacional. En ese siglo, se crearon las bases de nuestro sistema legal, con el propósito de proteger a los piratas, los banqueros, las corporaciones; y luego, la ciencia y la tecnología se convirtieron en los socios más importantes de la economía. Nuestro pensamiento moderno y estos credos contemporáneos nacen de esta revolución epistémica. En nuestros días, casi todo el mundo está involucrado en sólo una dimensión de la vida: la dimensión económica: El Hombre Unidimensional, denunciado por Herbert Marcuse en los años 60, está presente hoy en día en todas partes, en todo el mundo. Los tecnocientíficos realizan en estos días experimentos de muy alto riesgo, utilizando energía nuclear, ingeniería genética, nanotecnología, robótica, de forma tal que “convierten a los seres humanos en una especie en peligro de extinción”, de acuerdo con Billy Joy, el gran científico americano de la computación. La economía ha conquistado la mente del hombre moderno y manda el sentido de su vida, sus necesidades, deseos, creencias. La idea de la escasez, esencial para el pensamiento económico, satura el pensamiento moderno. En nuestros días, debido al pensamiento económico, los estados y las multinacionales enfrentan un dilema shakespeariano “crecer o no ser”. La economía está detrás de la fealdad, el gigantismo, el cambio acelerado que ahora domina al mundo moderno.

La economía funciona por medio de diferentes sistemas e instrumentos diseñados por tecnocientíficos.

Sistemas como: los estados, organizaciones mundiales, bancos centrales, operaciones financieras, empleos, escuelas, universidades, hospitales, medios, negocios agrícolas, turismo, transporte; instrumentos como: autos, aviones, internet, celulares, perturban la conducta humana y producen profundos cambios en los valores, creencias, deseos, necesidades; en este proceso, ciertos cambios en la mente humana cambian la percepción de la realidad: una extrañamiento del individuo frente a su comunidad, sociedad o mundo. Los individuos alienados por los sistemas y los instrumentos desean tener más cosas, mas grandes y más rápido, y son los más influyentes. Los sistemas facilitan, desde luego, la “libre elección”, pero, en un mundo sin gente; inculcan el espíritu competitivo, la búsqueda del provecho propio, el gusto por los tecnicismos. Estimulan el anonimato, el conformismo, las adicciones, el consumismo, el servilismo, la subordinación, el desarraigo, el desencanto. Inducen el alejamiento de la naturaleza, la vida dispendiosa, los intercambios sórdidos, el desprecio por el trabajo manual, el amor por las jerarquías, el desdén por la espontaneidad. Convierten el trabajo en una adicción y el consumo en el fundamento de la vida. Los tecnosistemas potencian al sistema dominante y degradan las mentes de la gente. La colonización del imaginario social moderno es sistémica. Evidentemente, estos sistemas económicos están en contra del orden natural y de la convivencia humana; convierten a la pobreza en miseria y producen la terrible violencia que invade al mundo; impulsan la destrucción de la naturaleza.

Las escuelas enseñan las grandes ventajas de la productividad y cómo volverse un consumidor disciplinado; enseñan cómo vivir en permanente servidumbre e insatisfacción. No sólo la Coca Cola o el automóvil son adictivos, también las escuelas y las clínicas pueden volverse una droga. Como dijo alguna vez Iván Illich “El opio de las escuelas es más poderoso que aquel de las viejas religiones”. Los medios masivos sistemáticamente desinforman a la población por medio de la información en exceso; la combinación de la desinformación con la publicidad política y comercial produce deformación, propaganda y manipulación. Como el virus del SIDA, la escuela destruye las defensas inmunitarias; tal como lo hacen los traficantes de droga, la publicidad crea nuevas necesidades. El trabajo cotidiano es cada día más abstracto y requiere más horas: coloniza intensamente el imaginario. El desempleo es percibido como una culpa personal, no como una falla del sistema, lo que conduce a la parálisis y a la destrucción individual y social. En la nueva sociedad de consumo, tal como lo refiere Zygmut Baumann, “los individuos promueven un producto simultáneamente, cuando ellos mismos son el producto que promueven; ellos son el consumidor, el gerente de ventas, el vendedor y el articulo en venta. Los exámenes que deben aprobar las personas hoy en día para tener acceso a las posiciones sociales de mayor reconocimiento exigen que el individuo se recicle en un objeto o propiedad preciosa, en un producto capaz de llamar la atención, atraer clientes y generar demanda”.

Los sistemas modernos producen uniformidad en todo el mundo; las diferencias desaparecen entre las ciudades, suburbios, pueblos, viviendas, paisajes, generaciones, géneros; en este ambiente de uniformidad, la personalidad humana pierde identidad y referencias culturales que le permitan orientar su vida; y así, proliferan las conductas individuales de alto riesgo en el mundo: aumenta, el consumo de drogas, el crimen, los deportes extremos, ciertas formas de sexualidad; el pánico, la vaciedad persiguen a todas las actividades humanas; mientras más aumentan las disfunciones sociales, los políticos y los capitalistas se sienten más poderosos. La tragedia está en que cada día más gente en el mundo desea la creación de más empleos; quieren más inversiones en infraestructura, vivienda, hospitales, experimentos científicos y avances tecnológicos. La gente confía en los sistemas modernos y en las economías en crecimiento; la gente confía en los mismos instrumentos e instituciones que destruyen su vida y su futuro.

La liberación del imaginario social es esencial para relocalizar la vida y la economía.

Es imposible liberar el imaginario social sin una crítica severa al sistema dominante. Esta liberación implica estudios, investigaciones, reflexiones, trabajo sobre sí mismo; implica empeños filosóficos; entraña el deseo de ser libre, la voluntad de cambiar nuestro modo de vida y la construcción de una praxis personal pertinente; requiere una desintoxicación y una educación en los caminos del descrecimiento. “Sin el abandono de la droga del crecimiento, dice Serge Latouche, no podemos cambiar nuestro propio imaginario, mucho menos el imaginario de los otros. No es posible cambiar el mundo con leyes y decretos… La clave está en la auto transformación….Puesto que nuestro imaginario ha sido colonizado, el enemigo se esconde en nuestras mentes…. Sin embargo, debido al carácter sistémico de los valores dominantes…nadie es responsable…; el proceso es anónimo… En consecuencia, el adversario son los otros y nos sentimos incapaces de cambiar nosotros mismos”. Y cita a Baumann “existe un mundo común en la sociedad globalizada y este es el mundo del pensamiento único”. Latouche señala “más allá de la élite, el conjunto de valores y creencias compartido por la gente en el mundo es considerable”. Para liberar a nuestros pueblos, muchos individuos deben abandonar bastantes sueños e ideas, como: tener un auto, una casa en los suburbios o un título universitario; deben abandonar la idea de que tener un empleo es bueno para su salud y su futuro. Los activistas del descrecimiento tenemos que demostrar que podemos vivir con menos infraestructuras, equipos y objetos, y con una mínima dependencia de los gobiernos, los partidos y las grandes empresas.

Pero, la liberación del imaginario social implica, también, la defensa voluntaria de territorios, animales, bosques, ríos, mares, culturas campesinas, bienes comunes, saberes tradicionales, especies en peligro de extinción; entraña la defensa del aire limpio, del espacio público, de los derechos humanos. También, implica el rechazo a los cultivos de organismos genéticamente modificados o transgénicos, al desarrollo de la energía nuclear, de los agronegocios, de las operaciones mineras y petroleras; rechazo a la construcción de confinamientos de residuos peligrosos, de presas, de grandes granjas y establos, de las casas producidas en serie; repudio al uso del automóvil, al “desarrollo local”. La liberación del imaginario social implica, también, la denuncia del llamado desarrollo sustentable; entraña revitalizar el pueblo por medio de la producción hecha para las necesidades locales y el consumo de los productos locales; organizar micro cooperativas y micro sindicatos; reducir voluntariamente el tiempo de trabajo y el consumo; construir nuevas comunidades ecológicas con reglas rigurosas. Además, significa cultivar verduras en nuestras propias viviendas o en nuestra eco región; caminar o andar en bicicleta en nuestra movilidad cotidiana; modificar los excusados y las instalaciones de agua de nuestras casas; separar los residuos; apoyar la moneda, los ahorros y los prestamos locales; el uso o la producción de productos hechos artesanalmente. Abandonar el uso del auto, el consumo de agua embotellada y de carne roja. Por otra parte, la liberación del imaginario social implica el fortalecimiento de nuestro compromiso político y social con los problemas de nuestro pueblo o colonia; colaborar con las iniciativas ciudadanas; trabajar voluntariamente en los asuntos ambientales y sociales sin el apoyo de gobiernos, fundaciones o empresas nacionales o internacionales; experimentar formas de sobrevivir la crisis económica, el pico del petróleo, el cambio climático; rechazar el empoderamiento del Estado y del Libre Comercio; romper con el sistema simbólico de la globalización. Finalmente, y no menos importante, poner arte en nuestras vidas.

Una revolución cultural aparece en la Tierra cuando mujeres y hombres trabajan juntos en el renacimiento de su pueblo, colonia o comunidad, cuando amplían el reino de la gratuidad y la solidaridad, cuando los bendice el amor por la naturaleza, el altruismo, la cooperación, el ludismo, la autonomía y la belleza.

Esta revolución cultural empieza en nuestras mentes, en el momento que somos conscientes, como lo fue Baruch Spinoza, que la vida simple y pobre constituye en sí misma una fuente de luz que nos inspira el entendimiento de las diferentes dimensiones de la pobreza y de nuestra propia potencialidad; que las alegrías de la vida frugal y pobre nos permite liberar el deseo de ser libres hasta nuestros límites naturales y evitar el dominio de las afecciones externas o fantasías que disminuyen o inhiben este deseo y nuestras capacidades. Como lo dijo Spinoza, permitamos que la realidad nos enseñe sus verdades, con el fin de comprender el mundo como es, aquí y ahora; en esta forma podemos liberarnos de toda forma de servidumbre y adquirir una libertad arraigada en la Necesidad; así podremos encontrar buenas respuestas a preguntas muy difíciles. Tenemos que descubrir y respetar la liga esencial que existe entre el Deseo y la Razón, para el buen despliegue de nuestro potencial y para facilitar la creación de sociedades basadas en la libertad y en el respeto a la singularidad de cada quien. Spinoza dijo que “la debilidad consiste únicamente en dejar que las cosas externas conduzcan nuestra vida e ignorar lo que exige nuestra propia naturaleza por sí misma. Siglos después, Gandhi nos dice “Podemos conseguir la libertad a través de la soberanía interna”.

El cambio climático, el pico del petróleo, las tecnologías de alto riesgo pueden traernos fácilmente duros cambios en los años venideros, en nuestros pueblos y comunidades, pero, las transformaciones felices sólo vendrán del descubrimiento de nuestra fuerza interior o potencialidad, mientras adoptamos voluntariamente una vida frugal, pobre, simple y lenta.