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23 de enero de 2013

Responsabilidad gubernamental y académica en la accidentalidad en las carreteras, vías rápidas, calles y avenidas.

Responsabilidad gubernamental y académica en la accidentalidad en las carreteras, vías rápidas, calles y avenidas.
 

Celebro que las televisoras, radiodifusoras y periódicos por fin se ocupen un poco en los últimos meses de la escandalosa cifra anual de muertos, discapacitados, minusválidos y daños materiales producida por los accidentes en el transporte, proceso siniestro que hemos denunciado por más de 15 años. No obstante, en sus reportajes hay que deplorar que únicamente se ocupen de responsabilizar de esta calamidad social a los choferes o conductores del transporte, o a los ciclistas o a los peatones. Omiten señalar que la responsabilidad principal de los accidentes está en quienes diseñan o gestionan el sistema de transportes; olvidan reconocer la gran cantidad de fallas de seguridad que tienen las carreteras, vías rápidas, calles y avenidas de nuestro país; silencian el hecho de que los reglamentos, las normas, las políticas y las leyes de transporte, de desarrollo urbano y del medio ambiente tienen enormes deficiencias. Los accidentes en las carreteras y en la ciudad tienden a repetirse en los mismos lugares y bajo ciertas circunstancias muy previsibles; las reparaciones de las infraestructuras se hacen habitualmente con el mayor de los descuidos. Los vecinos y los conductores se pueden quejar mil veces que sus reclamos tienen muy pocas posibilidades de ser escuchados por las autoridades, ya que están blindadas por la impunidad que caracteriza al Estado mexicano. Esta gran insensibilidad gubernamental tiene raíces profundas.

 
Los accidentes en carretera o en el transito urbano superan a las guerras en mortalidad y otros daños; son la principal causa de muerte no natural y la primera causa de muerte, incluida la natural, en el tramo de edades entre los 16 y los 28 años; son la primera causa de minusvalías y discapacidades; sin embargo, la mentalidad automovilística(El Volante), dominante en los gobiernos y las universidades, ha legitimado o logrado la aceptación social de esta terrible matanza y estos enormes daños sociales. El tráfico de automóviles constituye en sí mismo una situación de peligro para las personas y sus bienes, porque consiste en el movimiento de vehículos de gran masa que se desplazan a través de zonas habitadas a velocidades a las cuales el organismo humano no puede recibir impactos o colisiones con otros cuerpos sin sufrir serios daños, porque no está naturalmente adaptado para resistir tales impactos. Ha sido el conjunto de intereses ligado al automóvil quien ha creado en universidades y gobiernos un cuerpo de doctrina de Seguridad Vial que defiende la existencia de lo indefendible: su muy elevada peligrosidad intrínseca.Esta absurda doctrina gubernamental de Seguridad Vial está detrás de la incriminación en los medios de las víctimas del sistema de transportes: el conductor del vehículo, el ciclista y el peatón. Además, si un árbol, un edificio o un puente “causan” accidentes, la “solución”siempre consiste en talar el árbol, derruir el edificio o sustituir el puente. Esta insensibilidad de la mentalidad automovilística, encuentra en hoy en día en México su castigo: la multiplicación de accidentes en los que pesados trailers y tortons aplastan automóviles como si fueran cucarachas.

 
Un aspecto fundamental de la doctrina gubernamental de Seguridad Vial está en que evita visibilizar a la causa principal de la accidentalidad del transporte: la velocidad excesiva del transporte, que se ha convertido en la causa directa o complementaria de cerca de dos tercios de los accidentes del transporte carretero o de ciudad. Estudios internacionales han mostrado reiteradamente la importancia de los límites de velocidad. Los articulistas estiman que la reducción del límite de velocidad en carreteras desde los 100 a los 90 kph, y en zonas urbanas de 60 a 50 kph, el número de muertos y heridos podría descender hasta en una tercera parte. El establecimiento de un límite de velocidad de 30 kph en la ciudad de México, no sólo tendría un efecto muy benéfico en el aspecto de la reducción radical de la cifra de muertos, discapacitados, minusválidos y daños materiales, también, en la reducción de los tiempos diarios de transporte, de consumo de gasolina y diesel, de contaminación del aire y de muertos y enfermos por la mala calidad del aire. La velocidad de 30 kph es la velocidad óptima del transporte en la ciudad, como lo demuestran muchos estudios internacionales.




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Miguel Valencia
ECOMUNIDADES
Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México
¡Descrecimiento o Extinción!
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18 de diciembre de 2012

La pérdida de las capacidades humanas inducida por los transportes


La pérdida de las capacidades humanas inducida por los transportes
Presentación en la plenaria del Encuentro Ivan Illich del 14 de diciembre de 2012, en Cuernavaca

Cada año, el territorio donde vivo (la Cuenca del Valle de México), se altera con mayor rapidez. Veo crecer no sólo mi ciudad sino todas las ciudades de México, y aún las de los países poderosos que tienen población en decrecimiento. Desde que se introdujo la máquina de vapor hace más de doscientos años, todo camina en el mundo, hasta las mismas rocas, los montes, los ríos, las casas, los edificios, los pueblos, las ciudades, y los bosques, como aquel famoso bosque en el Macbeth de Shakespeare: No alces la cabeza, rebelión, hasta que camine el Bosque de Birnam. Todo se mueve a mí alrededor todos los días, casi imperceptiblemente, a velocidades diferentes.  El paso diario de los transportes cambia continuamente el paisaje: aumentan las personas que se transportan, las unidades de transporte que transitan por mi comunidad.  Aumenta la superficie pavimentada o urbanizada; aumentan el número y la altura de los edificios que me rodean; aumenta el volumen de carga; aumenta la velocidad puntual, ocasional, de los transportes. El transporte mueve, disloca, cambia todo lo que está en su cercanía y altera el paisaje rural y urbano. Cambian los usos del suelo. El transporte disloca o deporta a las personas, expele las cosas y también disloca el tiempo de nuestra vida.

El culto a la velocidad es el símbolo que organiza a los transportes y crea el Espectáculo de la Velocidad. La velocidad que envejece al mundo se ha vuelto un nuevo absoluto. Hoy nacemos sólo para movernos. Sin embargo, el Espectáculo de la Velocidad, la apariencia de velocidad, no es realmente la velocidad que nos gustaría tener. En el libro Energía y Equidad, (1973), Ivan Illich nos descubre, por medio de la noción de la “velocidad generalizada”, lo que ocultan la industria, los gobiernos y las universidades, de la siguiente manera “el varón americano típico consagra mas de 1,500 horas por año a su automóvil: sentado en él, en marcha o parado, trabajando para pagarlo, para pagar la gasolina, los neumáticos, los peajes, los seguros, las infracciones y los impuestos para la construcción de carreteras y los estacionamientos. Le consagra cuatro horas al día en las que se sirve de él o trabaja para él. Sin contar con el tiempo que pasa en el hospital, en el tribunal o en el taller o viendo publicidad automovilística ante el televisor… Estas 1,500 horas anuales le sirven para recorrer 10,000 kilómetros, es decir, 6 kilómetros por hora. Exactamente la misma velocidad que alcanzan los hombres en los países que no tienen industria de transporte. Con la salvedad de que el americano medio destina a la circulación la cuarta parte del tiempo social disponible, mientras que en las sociedades no motorizadas se destina a este fin sólo entre 3 y el 8 por 100.” Desde entonces sabemos que la velocidad no es sino la cara oculta de la riqueza; de la riqueza que la gran mayoría a la mayoría de la población transfiere a una minoría muy poderosa, el 1%.  

Con las vías de comunicación, se desnaturaliza no sólo el tiempo también el territorio. La civilización del automóvil aleja los lugares donde se realizan las grandes actividades humanas( la vivienda, el trabajo, las amenidades); arruina los comercios y los placeres de proximidad mientras nos impone la dictadura de un modelo urbanizador  adaptado a sus necesidades: el hombre ha quedado entonces al servicio de la maquina, del automóvil. Mientras más transportes circulan en el territorio menos valen socialmente las personas, menos belleza y amenidad tiene el paisaje que nos rodea.  Muere en el mundo la autonomía, aparece el desvalor de la persona, la familia y la comunidad territorial y desde luego de la Madre Tierra. La creciente cantidad de transportes que circulan por nuestras casas, banquetas, calles, jardines, camellones, parques, bosques y campos de cultivo; el aumento en la circulación de autos y camiones en las vías rápidas y las carreteras, multiplican las muertes y las discapacidades, especialmente paro los grupos vulnerables, como niños, jóvenes, mujeres y ancianos. Esta guerra de baja intensidad provoca más muertos y discapacitados que las guerras de gran intensidad como la de Iraq o las guerras civiles, como la de Libia o Siria.   

El mundo moderno deslocaliza tanto a los hombres como a los objetos y los hace intercambiables; se deporta a los  vecinos que residen en el centro de las ciudades hacia las afueras de las mismas; se desplaza a los campesinos fuera de sus tierras; se hace migrar a todas las poblaciones en la penuria económica hacia los países poderosos. Todos podemos inesperadamente ser desplazados de nuestra casa, calle, colonia, ciudad o país, por algún giro repentino, violento, típico de la mundialización: una vía rápida, una ampliación de carretera o una nueva línea del Metro, una célula de un cartel del narco, una crisis social, económica o política… La construcción de calles anchas, de bulevares y calzadas, de viaductos, periféricos, pasos a desnivel, distribuidores viales, segundos pisos, arcos viales, cortan, laminan, trituran el tejido urbano, hacen fuerte al crimen organizado, y pone todo lo que necesito cada día más lejos: puedo ir más rápido a Tlahuac con la línea 12 de Metro, pero los lugares a los que necesito ir que estaban cerca de mi colonia ahora empiezan a moverse hacia otras demarcaciones; cada año me cuesta más tiempo ir a visitar a los amigos en su casa o encontrar lo que busco cerca de casa. Cierto, el OXXO, el Walmart, y Bancomer y Banamex me quedan cada día más cerca, pero, desapareció mi antigua miscelánea, mi abarrote, mi panadería, mi tintorería, mi zapatero, mi carpintero, mis pequeños comerciantes; se fueron los antiguos vecinos y llegan unos nuevos que proyectan sus nuevos domicilios en otras colonias, ciudades o países.  Quienes viven cerca de los megaproyectos, quedan rodeados, “encapsulados” por grandes obstáculos: rodeos enormes, vallas, puentes y túneles peatonales; deben franquear grandes distancias para ir del otro lado de estas infraestructuras; los viajes que eran cortos se hacen largos; es más rápido ir más lejos que más cerca; frecuentemente es más rápido tomar una tangente que ir derecho al punto que quieren.  La esfera tecnológica mata a la esfera geográfica (social, política, cultural). El hombre consumista es un producto hidropónico: se cultiva fuera del suelo, vive en su auto o en una vivienda u oficina, a varios pisos sobre el suelo. Es mal visto ser con toda evidencia de un lugar. Las lenguas regionales y aun los acentos locales son poco aceptados o deslegitimados. La desterritorialización genera incomprensión y violencia. En la aldea global todo es igual, como los aeropuertos o las franquicias Mac Donalds; en ella se multiplican los llamados No lugares o lugares iguales en todo el mundo, o los lugares chatarra, o la “tierra de nadie”, como las vías del ferrocarril, los sumideros, las zonas industriales, los bajo puentes.

En México, sólo un 18% de sus ciudadanos utilizan regularmente el automóvil, no obstante, las ciudades están hechas para ellos(los trailers empiezan a desplazarlos). La opinión del automovilista pesa algo así como la opinión de diez ciudadanos sin automóvil, ya que consigue imponer las vías rápidas que necesita, eliminar los impuestos a las gasolinas, a los autos, a los estacionamientos: es un ciudadano “pesado”: hace surco por donde se desplaza. En cambio el peatón vive un mundo “del otro lado del parabrisas”, un mundo de alto riesgo, muy hostil que habitualmente debe, además, convertirse en “usuario del transporte público”.   El peatón y el usuario del transporte sienten toda la miseria, el sentimiento de abandono, impotencia, exclusión, pobreza “moralmente sentida”, desesperación, segregación que acompaña a su condición.  El sistema de transportes impone las peores humillaciones a la mayor parte de los ciudadanos. Según el libro Dans le miroir du passe, Ivan Illich, lanza en 1968, una severa crítica al economicismo dominante, que impone el transporte obligatorio para sobrevivir en la modernidad, con el concepto de desvalor que designa la pérdida… que no se podría estimar en términos económicos. Que el economista no tiene medio alguno para estimar lo que sucede a una persona que pierde el uso efectivo de sus pies porque el automóvil ejerce un monopolio radical   sobre la locomoción. De lo que se priva a esta persona no pertenece al dominio de la escasez. En el presente, para ir de aquí a allá debe comprar kilómetros-pasajero. El medio geográfico paraliza sus pies. El espacio ha sido convertido en una infraestructura destinada a los vehículos. ¿Esto quiere decir que los pies son obsoletos? Desde luego que no. Los pies no son “medios rudimentarios de transporte personal” como nos lo quieren hacer creer algunos responsables de las redes carreteras. Pero, sucede que, atascada en lo económico (por no decir anestesiados) la gente se ha vuelto ciega e indiferente a la pérdida inducida por el desvalor.

Las cuatro o cinco horas diarias que dedican al transporte la gran mayoría de las personas en el mundo, en buenos y malos trenes rápidos, suburbanos o de cercanías; en Metros o Metrobuses; en autobuses o camiones; en autos de lujo o económicos, equivalen aproximadamente a 1,400 horas al año en las que gastan en promedio la tercera parte de sus ingresos; sin embargo, en estas horas, normalmente no descansan, sufren mucha tensión o stress; no se educan, se embrutecen; no gozan, se aburren mucho; no ganan dinero, lo pierden miserablemente; viven los peores momentos de sus vidas y abandonan a su familia y a sus amigos. Podemos en este momento establecer las siguientes reglas: La Primera Regla: La Buena Vida o el Buen Vivir es inversamente proporcional al uso diario de transporte: mientras menos transporte diario más bienestar social, mas prosperidad. La Segunda Regla: El mejor transporte es el que no se usa o no se fabrica: el usó mínimo del transporte implica el beneficio máximo. Esto no significa que los transportes deban desaparecer totalmente; solo deben ser utilizados lo menos posible; se debe fijar un máximo de velocidad de 25- 30 kmh, que es la velocidad óptima de los transportes urbanos.  Las tres o cuatro horas diarias en las que utilizamos indebida pero obligatoriamente el transporte, son consecuencia de los grandes beneficios que estas horas de transporte le reportan a una minoría de la población, el 1% del que habla Occupy Wall Street y, también, de la colonización mental de la gran mayoría de la población. En efecto, la escuela, los medios y la publicidad y el consumo de la cotidianidad tecnológica, hacen posible que duren todavía los valores que conservan en el mundo las tres o cuatro horas que diariamente pierde miserablemente la gran mayoría de la población humana.


Miguel Valencia Mulkay.- ECOMUNIDADES, Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México  

Las otras fallas de Peña Nieto ¡Fuera Peña Nieto de la presidencia de la República!


Las otras fallas de Peña Nieto ¡Fuera Peña Nieto de la presidencia de la República!

La revolución de los cercados

La provocación estaba montada desde muchos días antes del 1 de diciembre: se buscaba incitar, suscitar la violencia de los opositores. El cerco a San Lázaro fue impuesto con características muy por arriba de los antecedentes: vallas mucho más altas y largas, colocadas con mucho más días de anticipación. La enorme superficie urbana cercada entorno a San Lázaro y al Zócalo, los ejércitos que la protegían, la tecnología de seguridad “de punta” utilizada y el tiempo de su permanencia lanzaron un claro mensaje a los opositores de Peña Nieto: el gobierno que entra y el que sale no están dispuestos a permitir ninguna alteración al espectáculo político del 1 de diciembre y responderán con gran violencia a cualquier intento de hacerlo. Desde el primer día de gobierno debe quedar claro que hay una nueva política frente a los que no entienden que entramos en una nueva época: en adelante los cercados serán mucho más altos, largos, militarizados, tecnologizados y duraderos: serán mucho más sangrientas las respuestas a los opositores que pretendan atacarlos. Los cercados llegaron para quedarse desde el 11-S o 9-11. Los bienes comunes son ahora bienes privados. Al amanecerdel 1 de diciembre , la Policía Federal tenía listos a sus francotiradores cerca de San Lázaro. No es sorpresa que la mañana iniciara con heridos de gravedad, los que rápidamente se convirtieron en muertos de necesidad para los desinformados ciudadanos comunes, muy especialmente para los luchadores en la calle. Los nuevos muertos sirvieron para enardecer desde temprana hora a los luchadores contra la imposición, hartos de meses y años de provocaciones del Estado. La violencia extrema ejercida por los barones del dinero (Consejo Mexicano de Hombres de Negocios) sobre la sociedad mexicana, con el objeto de imponer en 2006 y 2012 a los súper policías Calderón y Peña Nieto, para facilitar el saqueo de los bienes comunes de nuestro país, dio nuevos frutos podridos este 1 de diciembre, los que se añaden a los cosechados en el sexenio de Calderón. Toda acción tiene una reacción en sentido contrario y de igual tamaño. A mayor violencia ejercida desde arriba de la sociedad, se corresponde con una mayor violencia ejercida desde abajo de la sociedad. El Estado procrea la violencia que necesita para sostenerse.

Consentir sin consentir

La esquizofrenia ha sido consustancial a la política moderna: la contradicción entre lo que se dice y lo que se piensa sobre los asuntos políticos. Consentir la presencia de Peña Nieto en la presidencia de la República sin consentir, en el fuero interno, su fraudulento origen, produce una tensión interna que conduce a un gran malestar corporal y al deterioro físico. Muy pocos mexicanos mostraron alegría en la calle por la llegada de Peña Nieto al poder, las calles del Centro Histórico permanecieron este sábado entre la desolación, el humo, los cohetones y la violencia, pero, también no fueron muchos los que manifestamos nuestra indignación por este hecho en la vía pública. La protesta pacífica fue desplazada por la violencia fabricada por el Estado. ¿Cuándo dejará de consentir la mayoría de los mexicanos la presencia fraudulenta de Peña Nieto en la presidencia de la República? ¿Hasta que se encuentren muy mal de salud? Otra de las causas de la obesidad.

De la diabetes al cáncer o al SIDA o viceversa.

El PRI y el PAN en el gobierno federal han competido en corrupción, ineptitud y sometimiento a poderes extranjeros (EUA). Cambian las formas de hacerlo, cada uno de ellos tiene su propio estilo, sin embargo, el resultado global no es muy diferente. Si llegara al poder, el PRD bien podría introducir en el gobierno federal un nuevo estilo de corrupción, ineptitud y sometimiento a poderes extranjeros, pero tampoco cambiaría mucho la situación. Hoy en día, el cambio de partido en el gobierno mexicano implica pasar de la diabetes al cáncer o al SIDA o viceversa. Con la legalidad vigente, sólo tenemos opciones infernales. Los acuerdos y tratados internaciones uniformizan la actuación de los partidos. El pensamiento único creado por la sociedad de los sistemas unifica la acción de los estados.

Los avatares de la política mexicana: la alternancia de los demonios partidistas

La Revolución Mexicana trató de imponer la No Reelección como una gran solución a nuestros problemas, pero, no fue sino hasta la salida de Lázaro Cárdenas de la presidencia de la República, y por su estrecha vigilancia, que logró imponerse en el Siglo XX este principio político en nuestro país. Sin embargo, la No Reelección implicó la reelección del mismo partido hasta el año 2000 (66 años de reelección partidista). En este largo período, el PRI tuvo el tiempo de recuperar al ancien regime porfirista, acabar con una buena parte de la riqueza natural de nuestro país y abrir nuestro país a la globalización. Al iniciar este siglo, comenzamos la alternancia partidista, con el PAN en el poder; desde entonces, de acuerdo con los resultados de 2012 a favor de Peña Nieto, reelegimos al mismo sistema aunque cambie el partido en el poder y aceleramos el proceso destructivo de la poca riqueza natural que nos queda. Para evitar los cambios que no le convienen al Imperio, la globalización ha tomado el control del Estado, por medio de tratados y acuerdos de Libre Comercio. Las reformas estructurales se imponen desde los lejanos centros del Imperio. ¿Para qué diablos nos sirve la alternancia de los partidos si no evita nuestra creciente dependencia? La diversificación industrializada, como la diferencia entre la Cocacola y la Pepsicola, resulta irrelevante. Las nuevas caras que reproducen los mismos viejos vicios en la política nos revelan que las bases políticas de México están equivocadas, nos las impusieron los extranjeros: estamos profundamente colonizados. El demonio peñanietista representa una nueva cara del Imperio y a sus necesidades del momento. México ha optado por los peores cambios desde hace más de siete décadas. La espuria legalidad que nos oprime impide frenar el desastre mexicano. Necesitamos otro tipo de cambios.

Las otras fallas de Peña Nieto: las imperdonables deficiencias de Peña Nieto en materia de ecología.

Aparte de las ya muy reconocidas deficiencias políticas, económicas y culturales de Peña Nieto, existen otras fallas que han sido muy poco detectadas por sus críticos: sus imperdonables deficiencias en materia de ecología y de sociología, consecuencia de la falta de un autentico movimiento ecologista en nuestro país. Este 1 de diciembre Peña Nieto lanza 13 grandes decisiones con relación a temas de gran importancia nacional, pero, no incluye en ellas una sola que tenga que ver con situación desastrosa de la ecología, del Medio Ambiente, de los Bienes Comunes en México. La presencia de Juan José Guerra Abud y del PVEM en la SEMARNAT, confirma la ignorancia e insensibilidad de Peña Nieto en materia de ecología y Medio Ambiente. Se olvida del alarmante deterioro de nuestros mares, ríos, bosques, selvas, suelos, acuíferos, biodiversidad. Omite la contaminación del aire, la espantosa pérdida de tiempo en el transporte cotidiano y el desbordamiento de la basura, en las ciudades; ignora la violencia intrafamiliar, escolar, laboral, vecinal. Se olvida totalmente del desorden climático que tanto daño nos ha hecho y nos puede hacer. Se olvida del Petróleo Extremo (extracción en aguas profundas o por medio de fracking) y los agrocombustibles que pueden resultar catastróficos en los próximos años y finalmente, se olvida que en el crecimiento económico se encuentra el origen de la mayor parte de nuestros males sociales y ecológicos e inclusive económicos.

¡Fuera Peña Nieto de la presidencia de la República!



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Miguel Valencia
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18 de septiembre de 2012

ESTRECHA RELACIÓN ENTRE VIOLENCIA Y ESFUERZOS POR EL CRECIMIENTO ECONÓMICO


ESTRECHA RELACIÓN ENTRE VIOLENCIA Y ESFUERZOS POR EL CRECIMIENTO ECONÓMICO


La búsqueda del crecimiento económico se ha convertido desde hace más de medio siglo en el objetivo principal de los gobiernos del mundo, muy por encima de cualquier otro objetivo; es el mantra de todos los días de los políticos modernos. Persistentemente, han alegado que el crecimiento económico produce empleos, salud, bienestar social y calidad de vida, entre otras fantasías que no corresponden con la realidad de los últimos 30 años, tanto en los países ricos como en países como México. A partir de 1975, de acuerdo a muy diversos estudios internacionales, el crecimiento económico o su simple persecución (se dan caídas del crecimiento y recesiones) ha provocado un desquiciamiento social y ambiental en virtualmente todos los países del mundo. El aumento de la violencia y el esfuerzo por lograr el crecimiento económico van juntos en México desde hace muchos años: mientras mayores son los esfuerzos para conseguir este crecimiento económico, por medio de: facilidades para la inversión extranjera, construcción de megaproyectos, reducción de impuestos a los mas ricos, privatizaciones, flexibilidad laboral, desmantelamiento de sindicatos y de prestaciones sociales, aumento en el gasto militar y de seguridad interior, mayor es el aumento en la violencia intrafamiliar, escolar, laboral y en la vía pública. El Libre Comercio ha favorecido principalmente a las actividades criminales, como el tráfico de armas, de personas, de narcóticos, de lavado de dinero. La violencia, al igual que la depredación ecológica, tiene su origen principal en el culto a los mercados, en los dogmas de la escasez, en el pensamiento económico dominante, en la religión de la economía y la finanza, promovida por las grandes universidades de EUA, por el Tec de Monterrey, el ITAM, el CIDE; mientras este pensamiento económico dominante no cambie seguirá en aumento la violencia en México y en el mundo. Las sociedades de crecimiento no pueden dejar de buscar el crecimiento, pues cuando entran en crecimiento lento o negativo se magnifican sus desgracias, como es el caso de México. Es necesario romper este dilema infernal, por medio de una política de descrecimiento (no confundir con decrecimiento involuntario), impulsado por una fuerte corriente política que ponga a la Naturaleza y a las culturas muy por encima de las consideraciones económicas.


Saludos


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Miguel Valencia
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6 de agosto de 2012

En la ciudad de México el Guasón derrota a la democracia

En la ciudad de México el Guasón derrota a la democracia


Para Ecologistas por la democracia


Acorralado por los partidos, desinformado por los medios masivos, el ciudadano medio de la ciudad de México este 1 de julio votó mayoritariamente por su verdugo y explotador: dio su aval al candidato a Jefe de Gobierno lanzado por ese conjunto de empresarios-políticos y políticos-empresarios que han convertido a la ciudad de México en su gran negocio; este ciudadano fue engañado fácilmente debido a su débil formación cultural. Puesto ante la horrenda alternativa de votar por el candidato del PAN o del PRI, aturdido por la propaganda de los inversionistas y gobiernos mexicanos, este ciudadano medio no pudo dejar de votar por el candidato del Guasón, ese grupo siniestro que controla el poder y el dinero en la ciudad de México: desde la infancia, este ciudadano tiene dañada su mente por la escolarización y la televisión. No se dio cuenta de que el PAN, el PRI y las televisoras apoyaron con cierta discreción al Guasón antes y durante la campaña electoral. En su obnubilación, también votó por los pícaros ligados al Guasón que entraron de candidatos a delegados o diputados locales. La Asamblea Legislativa del DF y las delegaciones quedaron sin problemas en manos del Guasón.



Este ciudadano medio de la ciudad de México cree ingenuamente que las grandes obras de transporte realizadas en los últimos años en esta ciudad sirven para resolver los problemas de transporte, para reducir el tiempo que pierde diariamente, para bajar el desempleo y la contaminación del aire y para sustentar la Buena Vida; cree que los agentes judiciales, granaderos y policías de la ciudad de México están para servirle; cree que los espectáculos que le han organizado le ayudan a mejorar su vida; cree que hemos tenido el mejor alcalde del mundo y que de verdad se ocupa por la mitigación del cambio climático y la movilidad sustentable y otros temas ambientales; cree que se cumple la ley en esta ciudad. La Invención del Bien Común del Guasón funcionó maravillosamente. Este ciudadano medio se engañó a sí mismo y fue engañado por la propaganda; por el bien de la ciudad hubiera sido mejor alternativa la anulación de su voto o la abstención tan odiada por los partidos.



El espantoso resultado electoral del 1 de julio en la ciudad de México debería constituir un motivo de reflexión para aquellos ecologistas que quieren defender los acuíferos, barrancas, suelos, ríos, lagos, lagunas, humedales, bosques, animales, áreas verdes, agua y aire limpio en este territorio; para los ejidatarios, comuneros y vecinos que se preocupan por las riquezas naturales o culturales de su comunidad; para el ciudadano sensible, defensor de los dones de la Naturaleza, las culturas y la democracia que sabe que los megaproyectos son enemigos del ser humano.Liberado de ataduras, el Guasón se frota hoy las manos para echar andar sus proyectos celosamente guardados: torres de 80 y 100 pisos en las barrancas del poniente, en los centros de los viejos pueblos dentro de la ciudad y en las viejas colonias; centros de diversión en ruinas arqueológicas, monumentos y parques antiguos; deprimidos en cada crucero; segundos pisos en el Viaducto y los ejes viales; terceros pisos en el Periférico; distribuidores viales cada medio kilómetro en cada gran avenida; líneas de Metro a Amecameca, Topilejo, Los Dínamos,Ocoyocac, Tepoztlán, Tecamac, Texcoco; drenaje a 300 metros de profundidad; pavimentación completa de la sierra Santa Catarina, la sierra Chichinautzin y la sierra de las Cruces. Estamos ya en la era de la hipermovilidad urbana; pronto dedicaremos más de cinco horas diarias al transporte y recorreremos más de 100 km al día en promedio. La pesadilla urbana de los empresarios y urbanistas ya está aquí. La violencia creada por el gobierno del DF, como siempre superará con mucho a la violencia creada por el “crimen organizado”.Los movimientos vecinales o ejidales serán cosa del pasado, pues habrá tres granaderos en la protección de cada trabajador de la construcción. Consecuencias de la votación del 1 de julio de 2012.





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Miguel Valencia
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4 de octubre de 2011

CONTAMINA, EL “TRANSPORTE NO MOTORIZADO

CONTAMINA, EL “TRANSPORTE NO MOTORIZADO”
Definir a la bicicleta como “transporte no motorizado”, implica aceptar que la movilidad urbana debe ser clasificada en función de los motores que de entrada son así reconocidos como dueños supremos de las superficies públicas; implica reforzar y perpetuar la degradación de la movilidad ciclista en la vía publica, considerada así, marginal; implica colocarnos en ese lado siniestro del parabrisas y de la técnica en el que viven los tecnócratas o expertócratas que inventan estas clasificaciones. Las universidades modernas producen “técnicos” o “expertos” que sirven para reforzar el poder de las empresas transnacionales y de los gobiernos, por medio de la creación de sistemas fatalmente perniciosos. Las tareas de estos tecnócratas o expertócratas incluyen la introducción de conceptos rebuscados, horrendos, que entrañan sometimiento de la vida y la cultura a sistemas mercantilistas muy depredadores. El transporte no motorizado contamina el ambiente simbólico y físico de la ciudad.
MUERTE EN EL ASFALTO: UNA GUERRA DE BAJA INTENSIDAD

La pasión por el poder y el dinero fácil de la clase política mexicana nos ha hecho acreedores, una vez más, de otro muy destacado lugar mundial en desquiciamiento simbólico y social: séptimo lugar mundial por accidentes de tránsito; segundo lugar en Latinoamérica: 24 mil muertes y unas 60,000 discapacidades anuales. Un lugar ganado a pulso por los gobiernos mexicanos. Hace más de 10 años fuimos los primeros ecologistas en divulgar nuestras estimaciones de la escandalosa mortandad producida por los transportes en la ciudad de México, muy especialmente, por el uso del auto que tiene primeros lugares en daños causados en muy diversas dimensiones ambientales y sociales. Advertíamos que los transportes libran cotidianamente una guerra de baja intensidad que ocasionan más muertes al año que el “crimen organizado”, las guerras o muchas enfermedades y que la velocidad (otra vez la nefasta velocidad) es el factor clave de esta mortandad; diversos estudios internacionales demuestran que reducciones menores en la velocidad máxima permitida (por ejemplo, de 40 a 30 kph) generan diminuciones sustanciales (hasta un 30%) en los accidentes de transito. Hemos denunciado en años pasados ante la Secretaría de Transporte y Vialidad del DF diversos cruceros de la ciudad con muy frecuentes casos de accidentes, como el extraordinario caso de la curva sur del Circuito Interior frente al monumento a La Raza que sobrevive intacta con un historial de más de 30 años de muy frecuentes volcaduras de tráileres y camiones, pero, los “técnicos” y “funcionarios” de esta esperpéntica entidad gubernamental nos informaron que no podían hacer modificaciones significativas a la vialidad, por la oposición de los todopoderosos automovilistas a la instalación del más pequeño obstáculo a sus transportes o facilidad para el peatón o el ciclista. Cualquier disminución en el congestionamiento a cualquier hora provoca altas velocidades en esta ciudad. Por la noche, al bajar los embotellamientos habituales, los ejes viales, las vías rápidas y los segundos pisos se convierten en pistas de carreras que después de la media noche frecuentemente registran velocidades mayores a los 200 kph. La legislación de Transporte y Vialidad del DF, su Reglamento de transito y toda la normatividad y la operación relacionada con el transporte y la vialidad, nacidas de la enfermiza mentalidad automovilística dominante, es directamente responsable de esta gran mortandad cotidiana en esta ciudad. Seguiremos ganando con toda seguridad primeros lugares en accidentes de transito en el mundo, pues no hay virtualmente posibilidades de cambiar esta perversa maraña de pésima legislación, pésima reglamentación y pésima normatividad.
CUIDADO CON SANDRA

Recientemente expresé mi grata sorpresa por la muy clara exposición que hizo la Sra. Sandra Herrera, subsecretaria de Fomento y Normatividad de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), reconocida panista, sobre los efectos del auto en la ciudad, en un foro sobre la calidad del aire. Sin embargo, compañeros ambientalistas me han hecho notar que esta funcionaria ha apoyado la normatividad que favorece la introducción de transgénicos en México; consecuentemente, habrá que tener mucho cuidado con Sandra Herrera.

PRODUCCIÓN LOCAL DE “DESASTRES NATURALES”

En plena carrera por conseguir popularidad internacional que es la que cuenta hoy en día, según se observan las cosas, Marcelo Ebrard ha participado recientemente en el Foro de Desastre Naturales de la ONU en Ginebra, Suiza, dizque en representación de alcaldes de muchas ciudades. En esta reunión se le olvidó comentar que la infraestructura para los transportes habitualmente propicia el aumento continuo en la producción de Gases Efecto Invernadero (GEI) que inducen la aparición de los eventos climáticos catastróficos. Se le olvidó comentar, también, la gran contribución de su gobierno a la producción de desastres naturales (habitualmente originados por las obras de grandes empresarios y gobiernos), por medio de la Supervía, la Línea 12 del Metro, los Segundos Pisos en el periférico, el Eje Troncal Metropolitano; el Arco Oriente y la pavimentación intensiva de la ciudad de México. Podemos pronosticar un gran aumento en los desastres naturales en el mundo, a causa de la ingente construcción de “vías rápidas” y autopistas urbanas en México y la celebración de foros de la ONU de este tipo. El gran problema en México es que muchas personas aprueban los terribles megaproyectos de transporte urbano de Ebrard: nuestras escuelas y universidades están en la calle en asuntos ambientales.

Miguel Valencia
ECOMUNIDADES
Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México
¡Descrecimiento o Barbarie!

3 de octubre de 2011

12 de octubre, Día de Acción contra las Falsas Soluciones para el combate al cambio climático.

12 de octubre, Día de Acción contra las Falsas Soluciones para el combate al cambio climático.

Con el fin de manifestar nuestro rechazo a las Falsas Soluciones para el combate al cambio climático, como son: los nuevos programas REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación), aprobados en la cumbre del clima, la COP-16 de Cancún; los Mecanismos de Desarrollo Limpio, MDL; las compensaciones de emisiones (offsets); los bonos de carbono y en general: los mecanismos de mercado, marcharemos el próximo 12 de octubre, desde el Hemiciclo a Juárez al Zócalo, a partir de las 5.00pm. Marcharemos ese día, para exigir que se eliminen ya estas Falsas Soluciones y se aprueben soluciones eficaces al cambio climático, tanto en México, como en la cumbre del clima de las Naciones Unidas, la COP-17 que tendrá lugar en diciembre próximo, en Durban, Sudáfrica.
Debido a las afectaciones extremas que sufren los pueblos originarios del mundo a causa del cambio climático, el 12 de octubre de 2010 marchamos del Hemiciclo a Juárez al Zócalo junto con los pueblos originarios que se manifiestan en este día en la ciudad de México. En 2010 propusimos al comité organizador del Klimaforum10, la realización de un Día de Acción contra las Falsas Soluciones para el combate al cambio climático, dentro de las actividades preparatorias de este foro alternativo a la COP-16 de Cancún. Hicimos esta propuesta de acción directa ante la escandalosa irresponsabilidad de los gobiernos y grandes inversionistas de los países poderosos que no dudan en poner a la humanidad en las condiciones de sufrir terribles desastres climáticos- inundaciones, sequías, incendios forestales, desaparición de glaciares, olas de calor- como los que hemos empezado a resentir en México, y, finalmente, en riesgo de extinción, con el único propósito de conservar los grandes negocios híper contaminantes que dominan la producción industrial en nuestros días. Para defender estos muy rentables negocios, los países poderosos nos imponen desde hace muchos años un conjunto de Falsas Soluciones al cambio climático, con el apoyo de países “emergentes” que tienen muy sometidos, como es el caso de México y de grandes ONGS ambientalistas, como WWF, Oxfam, Greenpeace, 350.org y otras. Los programas REDD+, implican, según las más destacadas organizaciones de pueblos originarios y campesinos, como la IEN y la Vía Campesina, “el mas grande robo de tierras de la historia”. Con estas Falsas Soluciones, nos proponen avanzar en la mercantilización extrema de la vida en el mundo, con el fin de impedir la introducción de las soluciones eficaces al cambio climático, como son las reducciones radicales en el consumo de hidrocarburos. Los esperamos en esta marcha.
ECOMUNIDADES, Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México
RED EN DEFENSA DE LA CIUDAD DE MÈXICO


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Miguel Valencia
ECOMUNIDADES
Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México
¡DESCRECIMIENTO O EXTINCIÓN! Acción frente al Pico del Petróleo y al Cambio Climático
Blog: http://red-ecomunidades.blogspot.com/

2 de julio de 2011

SOBRE LOS ESCOMBROS DEL CRECIMIENTO EMERGE EL DESCRECIMIENTO

SOBRE LOS ESCOMBROS DEL CRECIMIENTO EMERGE EL DESCRECIMIENTO

Por Miguel Valencia Mulkay

Se impone la idea del desarrollo en el mundo

En noticieros, reuniones políticas, conferencias académicas y propaganda gubernamental se reitera una y otra vez la consigna, el mantra: es ineludible la necesidad de construir más carreteras, presas, puertos, hospitales, escuelas, vías rápidas, líneas de Metro, estadios, centros deportivos, viviendas, torres de oficinas; aumentar la producción de autos, computadoras, cemento y alimentos envasados; incrementar la extracción de petróleo, metales, tierras ;elevar la industrialización de la agricultura y la ganadería; exportar más productos, contar con servicios calidad clase mundial y entrar en la sociedad del conocimiento; acrecentar la productividad y la competitividad del país: impulsar el desarrollo y la modernización de la nación. No hacerlo significaría perder la carrera en las olimpiadas del crecimiento de las naciones y ser condenada al abandono de los grandes inversionistas y al escarnio de las grandes naciones y sus medios de comunicación. Es indispensable, se nos dice hasta la saciedad, aumentar el Producto Interno Bruto, el PIB, empresa en la que trabajan día y noche los más poderosos políticos, empresarios y académicos del país y del mundo. Todo el poder del Estado se dedica a buscar las formas de explotar a mayor velocidad los yacimientos de hidrocarburos y metales y crear plantaciones en las tierras ganadas a las selvas y los bosques antiguos, a la vida silvestre; las maneras de pavimentar los campos, arroyos, los ríos, los humedales, los suelos; los modos de hacer dinero con los santuarios ecológicos, los mares, los lagos, las ruinas arqueológicas, los edificios históricos; de hacer negocios con los miedos de la población, las enfermedades, los artistas, las costumbres, los saberes, las tradiciones, la cultura; de encontrar los métodos mas apropiados para mercantilizar el suelo, el agua y el aire. Virtualmente, todo mundo-la izquierda y la derecha- está de acuerdo en este crecimiento de la producción y el consumo que se acepta desde hace algunas décadas como sinónimo de aumento de felicidad y bienestar de los pueblos. La religión de la economía impone sus dogmas todos los días, en todos los confines de la Tierra y en todos los ámbitos de la vida humana.

A l finalizar la Segunda Guerra Mundial emerge a escala mundial esta competencia por el crecimiento económico, estas olimpiadas por el aumento de la producción y el consumo. En esos años, EUA toma el dominio del mundo y lanza la idea-fuerza del desarrollo- palabra que anteriormente tenía un significado concreto, no económico- con el propósito de confrontar las ideas del socialismo revolucionario, muy poderosas en esa época, atraer a los países recientemente descolonizados y sustituir a la vieja bandera inglesa del progreso. En la “guerra fría” nace la ideología del crecimiento. En 1949, el Presidente Truman inaugura la época del desarrollo generalizable en su famoso discurso sobre el desarrollo en el mundo, en el que devalúa a todos los países que no tienen una industrialización avanzada, como la de EUA; según él, están subdesarrollados y deben hacer todos los esfuerzos para salir de esta condición degradada. Nacen poco después las instituciones mundiales y regionales “para el desarrollo” e inician las “décadas por el desarrollo”. Además, se aceptan en mayor escala las ideas del “bienestar social”, para contrarrestar la influencia de la URSS. La campaña funcionó algunas décadas, pues se logra un crecimiento económico histórico en los países poderosos del “mundo libre” e inclusive en algunos países “subdesarrollados”, como México, entre 1945 y 1975: “los treinta años gloriosos”.

EUA ensaya en este periodo nuevas formas de promover el consumo en el mundo, por medio de ciertas técnicas empresariales, como: el “marketing” o mercadotecnia (según los latinoamericanos) que incluye la utilización de una publicidad refinada; el fácil acceso al crédito para el consumo y la obsolescencia programada en gran escala. La economía de crecimiento convierte en estas décadas a los países industrializados en sociedades de crecimiento, caracterizadas por una vida de consumo y trabajo en exceso. La gran euforia de los años 60 se estrella en los años 70 con el freno del crecimiento económico en los países industrializados, la primera crisis del petróleo y la aparición de significativas cifras de desempleo. Ante la apremiante necesidad de retomar el crecimiento económico, los países poderosos adoptan en los años 80 un cambio radical a las ideas del desarrollo, e introducen: la privatización de los bienes públicos, los recortes masivos de personal, la desregulación, la financiarizaciòn de la economía, el Libre Comercio, la eliminación del “bienestar social” ; adoptan el neoliberalismo que permite la recuperación del crecimiento de los países poderosos, muy especialmente de EUA, sin importar los resultados sociales y ambientales que tenga este cambio, especialmente en los países empobrecidos por las deudas generadas por las políticas de las décadas de desarrollo.

Nace la crítica a la idea de desarrollo y a la colonización del imaginario social

El notable crecimiento económico de los países poderosos en los “treinta años gloriosos”, facilitó la introducción de nuevas tecnologías en gran escala, como la nuclear, la electrónica, la propulsión jet, las súper carreteras y vías rápidas y la industrialización de las actividades agropecuarias; fomentó el turismo, los espectáculos y las telecomunicaciones. Sin embargo, multiplicó las afectaciones ambientales y las disfunciones sociales a tal punto que en los años 70 emerge en esos países una pléyade de críticos del desarrollo, de la ciencia y la tecnología y de la economía que condujeron a la impugnación de los fundamentos del crecimiento económico: Ivan Illich, Cornelius Castoriadis, Nicolas Georgescu Roeguen, Jacques Ellul, Barry

Commoner; Guy Debord; Rene Dumont; Serge Moscovici; Donella y Dennis Meadows; Herbert Marcuse; Francois Partant; Pierre Samuel; Paul Goodman; André Gorz y muchos otros. Con el famoso informe del Club de Roma, Los Limites del Crecimiento, el mundo de los poderosos recibe un primer aviso del agotamiento de los recursos de la Tierra y de la falsedad de la cornucopia en la que basaban los economistas su entusiasmo extractivista y productivista. El libro de EF Schumacher, Lo Pequeño es Hermoso, se convierte en el libro de mayores ventas en Europa en los 70 y en el catecismo del ecologismo popular de ese continente; se desata en los 70 el vigoroso movimiento ecologista fundacional en el que se empieza a debatir la idea de reducir o frenar el crecimiento, para salvar la ecología.

El término “descrecimiento” 1 es de muy reciente utilización política, social y económica, pero, tiene raíces históricas muy antiguas que pueden hallarse en el primer socialismo y en la tradición anarquista renovada por el situacionismo, no obstante, fue formulado a final de los años 60, por Ivan Illich, Andre Gorz, Francois Partant y Corneluis Catoriadis, en términos muy cercanos a los que hoy se utilizan en el movimiento por el decrecimiento en Europa. Ivan Illich, introduce en esos años la idea de la contraproductividad de las herramientas, de las instituciones, de los sistemas, en sus libros escritos en México: La Convivencialidad; Energía y Equidad; Némesis Medica; La Sociedad Desescolarizada. Por su parte, Corneluis Castoriadis describe la colonización del imaginario social, por medio de la educación, la publicidad y el consumo; señalaba en su libro La ecología contra los mercaderes: “La ecología es subversiva pues cuestiona el imaginario capitalista que domina el planeta. Rechaza su motivo central, según el cual nuestro destino es aumentar sin cesar la producción y el consumo. Revela el impacto catastrófico de la lógica capitalista sobre el medio ambiente y sobre la vida de los seres humanos”

Años mas tarde, en 1979, el economista y matemático Nicolás Georgescu Roeguen, lanza en Francia, por no poderlo publicar en EUA, su libro clásico Demain la Descroissance (Mañana el Descrecimiento), en el que analiza el crecimiento económico bajo la perspectiva del segundo principio de la termodinámica (Entropía) y concluye que la economía ignora la irreversibilidad de las transformaciones de la energía y la materia: es una falsa ciencia; no puede haber crecimiento infinito en un mundo finito. Nicolás Georgescu Roeguen es el economista que primero preconiza con claridad el descrecimiento económico. Por otra parte, Alain Caille, desde una perspectiva sociológica y antropológica realiza una crítica demoledora de las bases de

1 La palabra francesa decroissance ha sido traducida como descrecimiento, por el grupo que ha impulsado esta consigna en México, con el propósito de darle a esta palabra una connotación política diferente a la que ha impuesto el pensamiento económico y científico y eliminar el galicismo que probablemente entraña esta palabra al ser introducida al español en el siglo XIX, en la traducción de textos científicos franceses. Sin embargo, el movimiento nacido en España en 2007, casi al mismo tiempo que el grupo mexicano por el descrecimiento, ha traducido esta palabra como decrecimiento.
la economía, como una ciencia.

El fracaso de las ideas del progreso y del desarrollo en los países empobrecidos (el Sur), unido a la pérdida de los símbolos, guías y referentes en los países poderosos (el Norte), a causa del consumismo exacerbado y a las perversidades de la ciencia y la tecnología, condujeron a estos pensadores a la idea del descrecimiento, como forma de acción social y política. Empero, la crisis ecológica global añadió una nueva dimensión determinante en este proceso. El descrecimiento tiene entonces una doble filiación: se configura, por un lado, a partir de la toma de conciencia de la crisis ecológica y por el otro, al filo de la crítica a la economía, la Tecnociencia y el desarrollo.

Recuperación del crecimiento económico con el neoliberalismo y el nacimiento del movimiento por el descrecimiento.

La crisis de los 70, provocó cambios profundos en la visión económica de los países poderosos, por la caída del crecimiento económico: condujo al neoliberalismo. Este modelo impuesto por Margaret Thacher y Ronald Reagan inició el desmantelamiento de las consideraciones sociales que habían dominado en los “treinta años gloriosos” e la introdujo la globalización, con apoyo de nuevas tecnologías. El crecimiento económico impulsado por el neoliberalismo, a partir de los años 80, exacerbó a tal punto las anomias o disfunciones sociales en los países ricos y las afectaciones ambientales a escala mundial que provocó la agudización de las protestas de socialistas y ecologistas contra este nuevo modelo que resultó muy fortalecido por la caída de la Unión Soviética a finales de los 80. En 2002, se reúnen en París tres corrientes de pensamiento ligadas a la crítica radical del crecimiento económico: el grupo de Ivan Illich, los estudiosos del pensamiento de Corneluis Castoriadis y los economistas cercanos al pensamiento de Nicolás Georgescu Roeguen, con el fin de analizar la situación del mundo y tratar de unificar ideas y acciones en torno al crecimiento económico. En 2003, después de una terrible ola de calor que mató a mas de 10,000 ancianos en París, un conjunto de pensadores franceses – Serge Latouche, Alain Caille, Paul Aries, entre otros, lanzan un manifiesto por la decroissance: que da inicio a un movimiento por el descrecimiento, primero en Francia, luego en Italia, España e Inglaterra y ahora en Canadá, Dinamarca, Alemania, México, Argentina y otros países. Latouche, frecuentemente designado como “teórico del descrecimiento” señala en su libro La Apuesta por el Descrecimiento, Se trata de demostrar que si bien un cambio radical es una necesidad absoluta, la elección voluntaria de una sociedad de descrecimiento es una apuesta que vale la pena de ser llevada a la practica, para evitar un regreso brutal y dramático. p 15
Que es el descrecimiento El Descrecimiento es pues un simple lema político, una consigna, un llamado al orden; una palabra - obús, como dice Paul Aries, que no tiene una teoría en el sentido clásico de la palabra, pero que pretende profundizar en el abandono de los objetivos de crecimiento por el crecimiento mismo, por lo que podría ser definido mas bien como la búsqueda de un estado de “Acrecimiento” (sin crecimiento), como se dice “Ateo” (sin dios). Se trata, entonces, del abandono de una religión: la religión de la economía; es una bandera bajo la cual se agrupan aquellos que han iniciado una crítica radical del progreso y el desarrollo; una propuesta política que invita a huir del totalitarismo economicista, desarrollista y progresista; que invita a erradicar de nuestras propuestas políticas las palabras crecimiento, progreso y desarrollo, debido a sus consustanciales implicaciones depredadoras, contrarias a la sana convivencia y supervivencia humana. Más carreteras, más automóviles, mas aeropuertos, más celulares, más computadoras, más aviones, contenido del real de la palabra desarrollo, implica más depredación, más devastación ecológica y mas injusticia. Es importante repetirlo mil veces: El futuro del ser humano nos es el auto climatizado para todos. El descrecimiento entraña, en efecto, compartir mejor las cosas del mundo, pero, implica también cambiar radicalmente la forma en que se produce y se consume en el mundo: trabajar y consumir mucho menos de lo que hoy trabajan y consumen las clases medias en el mundo.

La ideología del crecimiento está moribunda, a pesar de los millones de seres humanos que se sacrifican en sus altares; a pesar de la virtual unanimidad con la que los ciudadanos y los políticos todavía se quieren aferrar a este salvavidas perforado. Por lo mismo, se inventan subterfugios para hacernos más comestible este envenenado platillo y así se inventan términos como el “ecodesarrollo“, el “desarrollo sustentable“2; el “otro crecimiento” el “crecimiento con rostro humano” y otros términos que demuestran que este falso dios esta moribundo. Sin embargo, se le siguen sacrificando las generaciones futuras.

La victoria de la contrarrevolución conservadora de las últimas décadas ha vuelto cada día más inútil este costoso mito, pues los ricos ya no tienen vergüenza de ser cada día más ricos mientras la miseria se generaliza en el mundo. La crisis financiera del 2008 confirma su nuevo poderío. Para el neoliberalismo sobra ya el 80% de los

2 El movimiento por el descrecimiento se deslinda totalmente del llamado “desarrollo sustentable”, al que denuncia como una tentativa de encantamiento de la sociedad para el rescate de la idea del desarrollo. No sólo porque se trata de un oxímoron – el desarrollo es en los hechos contrario a la sustentabilidad- sino por la pretensión de novedad que entraña la eufemización del desarrollo por medio del adjetivo sustentable creado por la tecnocracia de habla inglesa. El desarrollo bajo cualquier calificativo implica siempre crecimiento económico, profundización de las inequidades y destrucción de la Naturaleza.
seres humanos y las patronales mundiales advierten “¡Dejen de soñar! habrá que trabajar mucho más para ganar los mismo”. El empleo no tiene futuro en el mundo del crecimiento económico y el desarrollo. La corriente política del Descrecimiento estima que los ciudadanos debemos aplicarnos de inmediato en la destrucción del mito del crecimiento, del desarrollo.3 El crecimiento económico no es en ningún sentido una necesidad absoluta natural; sólo es posible llegar a ello después de que se ha instalado en una sociedad el principio de la división y la competencia. Las sociedades primitivas son sociedades contra la existencia del Estado y de la economía, con el propósito de proteger su integridad. Los pueblos originarios no rentabilizan sus actividades, no porque no puedan hacerlo sino porque no lo desean, porque pone en peligro su cultura. El rechazo a la mercantilización de la vida y al crecimiento económico es muy antiguo y continúa hasta nuestros días: no sólo los “ludditas” que destruían maquinas al inicio de la Revolución Industrial o los llamados trabajadores “sublimes” que en el Siglo 19 inventaron el San Lunes y se negaban a trabajar más allá de lo estrictamente necesario o los menonitas y los amish que colectivamente se opusieron a la industrialización en puerta en Alemania, sino también, a principio de este siglo 21, muchos campesinos y gente de las ciudades se oponen a diversas formas de modernidad, para conservar su manera de ser y su cultura. Gritan, como en San Salvador Atenco o en La Parota “La Tierra No se Vende”. Todavía una parte de la vida social e individual de hoy en día, en el dominio asociativo y amoroso, escapa al cálculo económico. Sin embargo, la mayoría de la población urbana quiere ganar más dinero y gastar más dinero del que gana; los científicos no se detienen frente a investigaciones muy riesgosas como la nano tecnología, los transgénicos o la nuclear y sigue vigente aquello de que todo lo que es técnicamente realizable acabará por serlo: no detendremos la clonación humana sin cambiar de ideología. El crecimiento económico es por la tanto una elección que hace una sociedad, imponiéndose una disciplina para lograrlo.

Nuestra sociedad depende de una organización fundada en la acumulación ilimitada. Este sistema está condenado al crecimiento; cuando el crecimiento se detiene, aparece la crisis, el pánico y la guerra. El consumo por medio del crédito introduce la necesidad del crecimiento. Colonizada por la lógica financiera, la economía se convierte en un gigante desequilibrado que no se mantiene de pie sino gracias a una carrera perpetua que destruye todo a su paso. Los gobiernos y los Estados tienen también la necesidad de crecer para conseguir la cuadratura del círculo fiscal. Se

3 La resilencia del desarrollo y del desarrollismo es muy grande tanto en los países poderosos como en los empobrecidos: existe una verdadera alergia a la idea de descrecimiento. El desarrollo es motivo de confrontación entre organizaciones en la escena alternativa, altermundista, progresista, que se pronuncian a favor del desarrollo sustentable y los movimientos por el descrecimiento. En el Norte, Ignacy Sachs declara en este nuevo siglo hoy mas que nunca el desarrollo es una idea-fuerza
establece así, con el sistema neoliberal, una dictadura de las tasas de crecimiento. Casándose con la razón geométrica que preside la lógica del crecimiento económico, el hombre occidental ha renunciado a la mesura. Con un alza del 3.5% anual del PIB se consigue una multiplicación por 31 en un siglo y por 961 en dos siglos. Con una tasa del 10% anual, que es la que tiene China hoy en día, se obtiene una multiplicación por 736 en un siglo. ¿Puede creerse que es posible un crecimiento infinito en un planeta finito? La desmesura del amo y dueño de la Naturaleza, ha tomado el lugar de la antigua sabiduría que consistía en insertarse en un ambiente explotado razonablemente. Estamos en este mundo moderno en el delirio de lo cuantitativo. ¿Cómo imaginar que el PIB mundial que era de 6 billones de dólares en 1950, que se ha convertido en 43 billones en 2000, pueda aumentarse a 172 billones de dólares en 2050, como lo pide el Banco Mundial, sin destruir totalmente los equilibrios de la Naturaleza?

El crecimiento duradero de la época moderna sólo ha sido posible por la creciente mundialización, por la exportación de la miseria a todo el mundo, especialmente al África y a Latinoamérica; pero, la crisis actual del crecimiento se debe a la imposibilidad física de desterritorializar aún más sus posibilidades. Un crecimiento mundializado tendrá como consecuencia una catástrofe generalizada. Más del 70% de los ecosistemas de la Tierra están severamente afectados. Como ha dicho Lacan: el capitalismo funciona muy bien. Ciertamente, nada triunfa como el triunfo, pero, sucumbirá a su propio éxito. La civilización occidental tiene el privilegio de haber inventado un modelo de ganar dinero que ha funcionado mejor que cualquier otro en la historia; pero, no debemos olvidar los valores nacidos en el Siglo de las Luces que han hecho florecer la idea de la autonomía y de la democracia, nacidos también en Occidente. Libertad, Igualdad y Fraternidad que son todavía ideales por conseguir. Por lo mismo, es necesario no olvidar que la ideología de crecimiento nacida hace poco mas de medio siglo es también una hija bastarda de Occidente: nunca una civilización ha llevado tan lejos su confusión de valores, gracias a su fe en las supuestas leyes económicas. La economía ha envenenado nuestra vida y nuestro futuro inmediato. Para sobrevivir, debemos salir de la economía tan pronto sea posible.

Los limites del crecimiento, tema fundamental en el descrecimiento, están definidos a la vez por el volumen de los recursos naturales no renovables y por la rapidez de regeneración de los renovables. Por milenios, en la mayor parte de las sociedades, la utilización de estos recursos estuvo limitada por las comunidades, sin embargo, la rapacidad de la economía moderna y la desaparición de los frenos comunitarios han transformado los aprovechamientos en una depredación sistemática de los mismos. Nada se opone realmente hoy en día a la destrucción de la ecología. La competencia comercial y los mercados libres de hoy en día tienen efectos devastadores en la biosfera. Nada detiene a los buscadores de oro como nada detenía a los garimpeiros del Amazonas. En nuestro sistema, cualquier capitalista o cualquier homo
economicus opera igual que un buscador de oro. La modernidad ha eliminado la reciprocidad que tenían los pueblos originarios con la Naturaleza. El sistema jurídico moderno, al considerar los recursos naturales como una mercancía fomenta su rápida destrucción. Para colmo, los neoliberales proponen la erradicación total de los bienes comunes o commons, como el agua, por medio de su privatización. El establecimiento de los límites del crecimiento es el gran reto intelectual y político de nuestro tiempo.

Descrecer o retroceder

“Si pudiéramos efectivamente imaginar un modo de producción menos destructivo del ambiente, éste sería un “retroceso” altamente deseable. Pues en realidad lo que fuera un retroceso para nosotros sería de hecho un gran avance para los pueblos del tercer mundo. Esto no pondría en cuestión sino el confort de una minoría muy pequeña de la población mundial que ha vivido hasta nuestros días de una forma muy anormal” nos dice Francois Partant.

En los países poderosos crecen los neo rurales, los neo campesinos, los neo artesanos: los que abandonan el mundo moderno y buscan una “vida simple” alejada de loca carrera de la economía. El Slow Food, la Slow Life, el Downshift, La Vía Campesina, las empresas cooperativas de autogestión, los sistemas de intercambio local, los bancos èticos o mutualidades de crédito de riesgo, entre otros. Dentro de un cuadro de “post desarrollo” y en la construcción de una sociedad de descrecimiento se redescubre el valor de los saberes locales frente al conocimiento científico que pretende imponer su dominio en todos los campos.
Por qué descrecer

Existen muy buenas razones para apostar por el Descrecimiento: el desastre social y ambiental del mundo moderno, podría ser motivo suficiente, sino es que el desastre mundial de las instituciones, de los gobiernos, del sistema jurídico, de los asuntos financieros, y de la paz, entre otros aspectos, también obligan a apostar por el Descrecimiento, para evitar una hecatombe. Todas estas crisis mundiales tienen su propia autonomía, pero se retroalimentan entre sí y tienen su origen en lo mismo: en el crecimiento económico sin límite.

El crecimiento económico es responsable directo del desastre ambiental que afecta al mundo entero. Según la Naciones Unidas, el 75 por ciento de los ecosistemas de la Tierra están severamente afectados, seis mil especies desaparecen por año, el calentamiento global reduce 5 % cada año la producción agrícola mundial y la disponibilidad de agua dulce; los mares son ya una cloaca en la que ha desaparecido la mayor parte de la pesca. Se agotan rápidamente los dones de la Naturaleza como el petróleo, los metales, los bosques, el suelo fértil; estamos a pocos años del pico del petróleo y de los metales, lo que significa que pueden dispararse pronto sus precios y causar un colapso económico y político. De acuerdo con los científicos, el calentamiento global puede significar la elevación de más de siete grados en la temperatura promedio hacia el fin del Siglo 21; pero, una elevación mayor a cuatro grados centígrados puede significar la destrucción del actual sistema ecológico, incluyendo a la especie humana. Todos los indicadores ambientales están en rojo, en todo el mundo: desertización; perdida de biodiversidad, contaminación del aire, del agua, de los suelos; desaparición de los glaciares en los polos y elevación del nivel del mar y desplazamiento de miles de millones de personas por motivos ambientales. El crecimiento económico ha disparado la producción de desechos, de basura, humos, de gases, de contaminantes en la atmósfera; ha disparado la tala de árboles, los vertidos venenosos sobre ríos, lagos y mares, el consumo desmedido de energía, agua dulce, metales, maderas y otros bienes de la Naturaleza; además, provoca una enorme y creciente crueldad sobre los animales. Es ya excesiva la devastación ambiental en el mundo entero. ¡La Tierra no aguanta más!

La Tierra no puede absorber más de tres mil millones de toneladas equivalentes de carbono, sin embargo, desde 1990 ya enviábamos seis mil a la atmósfera; como seremos nueve mil millones de habitantes hacia el 2050, tenemos una cuota de carbón por persona de cinco kilos por año, y si aplicamos nuestros valores de igualdad, los estadounidenses deben reducir doce veces sus consumos; seis veces los europeos; pero, los hindúes podrían aumentar 120% sus consumos, los pakistaníes, podrían duplicarlos y así otros países, en la medida de sus actuales consumos.

El crecimiento económico es responsable, también, del desquiciamiento social mundial. Nunca antes han sido tan grandes las desigualdades entre los países poderosos y los países sometidos a su dominación. Sólo el ingreso del 1% de los ricos del mundo significa el ingreso del 63 % de los más pobres de la Tierra. Tres familias de las más ricas de la Tierra tienen un ingreso superior al PIB de los 48 países más pobres del mundo; con sólo el 4% de la riqueza de las 225 personas más ricas del mundo se podrían dar acceso a las necesidades mínimas de toda la población del planeta. Mil millones de personas no tienen acceso al agua potable. Sin embargo, los poderosos del mundo gastan en armamento anualmente más de un millón de millones (un billón) de dólares, mientras mil doscientos millones de personas viven con un dólar diario. En EUA y en Europa, se dispara la cantidad de casos de depresiones, bipolaridades, angustias, esquizofrenias, psicosis, y la toxicomanía (drogas, alcohol, juegos de azar y de dinero), el stress, los problemas alimentarios, y las sicopatías: auto mutilaciones, déficit de atención con o sin hiperactividad, fobias, etc. En las sociedades opulentas hay más muertos por suicidios que por accidentes de transito. Las escuelas de estas sociedades ricas se han convertido en uno de los lugares más violentos del país. La violencia domestica reclama cada día más victimas: son ahora la primera causa de muerte e invalidez entre las mujeres de 15 a 44 años. En Francia cada semana una mujer es asesinada por su pareja; esta violencia conyugal es el motivo del 60% de las intervenciones nocturnas de la policía en Paris. Violaciones, agresiones sexuales, animalidad sexual, hostigamientos, violencia en el trabajo, violencia psicológica, agresión publicitaria, embrutecimiento electrónico, contaminación visual, todo esto aumenta sin cesar entre los países llamados desarrollados.

La propuesta por el descrecimiento

La propuesta del Descrecimiento nace de los escombros de la sociedad de crecimiento; nace de la evidencia de la destrucción social y ambiental que ocasiona la moderna ideología del crecimiento; la crisis ambiental global coincide con la generalización del mal vivir, tanto en los países opulentos cómo en los países empobrecidos. Esta crisis ambiental y social global y otras, encuentran explicación en los esfuerzos de las empresas y los gobiernos por el crecimiento: se trata ya no de crisis aisladas sino de algo más importante: una Crisis de Civilización: una crisis de valores o de simbolización de nuestra sociedad moderna.

Confrontado con la exigencia de presentar alternativas, el movimiento por el descrecimiento no puede formular propuestas en los términos del realismo que exigen el pensamiento económico y el desarrollismo dominantes, ya que de entrada rechaza el universalismo de los valores de la economía, descarta por aberrantes los cálculos de costo-beneficio. El descrecimiento, lo reiteramos, es una crítica radical de las sociedades de mercado. La crítica radical exige soluciones no menos radicales y el hecho de que sus audaces propuestas sean difíciles de realizar no las hace por ello menos necesarias. Desde luego, no son propuestas” llave en mano” comparables a las propuestas desarrollistas, basadas en las premisas de la economía. Se trata precisamente de utopías, de utopías motrices y creativas, susceptibles de abrir los espacios cerrados y las perspectivas obstruidas. Por otra parte, la construcción de una sociedad de descrecimiento tendrá que ser necesariamente plural. Como tal, el descrecimiento no es realmente una alternativa concreta, es más bien la matriz que libera una multiplicación de alternativas concretas por ensayar.

Para la inmensa mayoría de los seres humanos, la alternativa real no está entre crecimiento o descrecimiento sino entre recesión o descrecimiento. En efecto, el descrecimiento no significa un crecimiento negativo; entraña más bien un descrecimiento elegido por la sociedad, aceptado por la mayoría. Una recesión es siempre dramática para los humildes, pues no hay nada peor que una sociedad de crecimiento sin crecimiento. El descrecimiento no es por lo tanto realizable en una sociedad de crecimiento: El proyecto de descrecimiento es un proyecto político que consiste en la construcción de sociedades autónomas y ecónomas, tanto en los países enriquecidos como en los países empobrecidos; es un proyecto que inicia con la descolonización de imaginario social.

Para realizar la ineludible descolonización del imaginario y ganar la apuesta del descrecimiento, Latouche, confía en la llamada “pedagogía de las catástrofes”, término acuñado por Denis de Rugemont. Ciertamente los desastres pueden conducir a reacciones del tipo “fascista”, sin embargo, las fallas de la mega maquina que oprime al mundo que son fuente de insoportables sufrimientos, pueden servir, también, a la toma de conciencia, al enjuiciamiento del sistema, al rechazo (el caso nuclear después de Fukushima) y desde luego a las revueltas. Como lo señala el famoso filósofo Hans Jonas “vale mas prestar atención a la profecía de la desgracia que a la de felicidad”. No por el gusto masoquista por el Apocalipsis sino para conjurarlo. Como lo advierte Jean Pierre Dupuy en su libro Por un catastrofismo esclarecido el verdadero problema es que “no llegamos a dar un peso de realidad suficiente al futuro, en particular al futuro catastrófico”
En el Norte, el descrecimiento es un imperativo para elevar la calidad de vida: es urgente desligar el bienestar del PIB, lo que exige una ruptura con el sistema. Latouche propone cambiar de rumbo con un programa radical, sistemático, de 8 Rs: revaluar; re conceptualizar; reestructurar; redistribuir; relocalizar; reducir; reutilizar; reciclar. Estos ocho objetivos interdependientes son susceptibles de impulsar un círculo virtuoso de descrecimiento sereno, convivencial y sostenible. Estos objetivos entrañan lo mismo revolución que retroceso, cambio radical de dirección e innovación que repetición. En lo que concierne a las sociedades del Sur, el objetivo del descrecimiento no puede concebirse en los mismos términos, ya que todavía no son en su gran mayoría sociedades de crecimiento. Intentar el descrecimiento en el Sur, es intentar el desenvolvimiento, es decir: la eliminación de los obstáculos a la expansión de sociedades autónomas y desencadenar un movimiento en espiral para colocarse en la orbita del circulo virtuoso de las 8Rs. Este esquema teórico común dibuja el objetivo deseable pero, no excluye las modalidades de la puesta en práctica, las etapas, los compromisos y las transiciones.

En el punto más alto del círculo, la revaluación, nos recuerda que el descrecimiento es ante todo un combate por los valores; un rechazo a la sociedad de trabajo y de consumo, no sólo por sus excesos, (Paul Aries) sino por la monstruosidad de su cotidianidad. La revaluación pasa, pues, por la descolonización del imaginario. Se requiere por lo tanto una revolución cultural; es imprescindible abandonar la idea de una expansión ilimitada. Por otra parte, en el punto más bajo del círculo de la 8Rs, la relocalización, resulta el medio más importante para conseguir el descrecimiento; implica volver a una vida y una economía local; implica volver a considerar el territorio donde vivimos. Consumir lo que se produce en la ecorregión: Producir lo que se consume en la ecorregión. El descrecimiento busca un nuevo re encantamiento del mundo, el re encantamiento que generan los poetas, los pintores y los estetas de toda especie, en resumen: los especialistas de lo inútil, de lo gratuito, del sueño de las partes sacrificadas de nosotros mismos: el hombre habita en el mundo como un poeta (Heidegger).

Miguel Valencia Mulkay

1 de mayo de 2011

LAS TRAMPAS DE LA VELOCIDAD: ECOLOGÍA DEL TIEMPO Y EL LUGAR Presentación para el seminario Transporte, Ciudad y Cambio Climático

LAS TRAMPAS DE LA VELOCIDAD: ECOLOGÍA DEL TIEMPO Y EL LUGAR
Presentación para el seminario Transporte, Ciudad y Cambio Climático

13 de abril de 2011

Qué pasa con los transportes

A pesar del histórico ocultamiento de la información relevante sobre los transportes se multiplican las denuncias sociales en su contra en todo el mundo; se les atribuye: un excesivo numero de muertos y discapacitados: una guerra de baja intensidad; una sobrada contaminación del aire; una exorbitante pérdida de tiempo social: vivir para transportarse; una contribución desmedida al desastre climático mundial; una alteración perniciosa del uso del suelo: todos nos volvemos migrantes; una enorme contribución al ruido; una ocupación del suelo calamitosa; el auto devora a la ciudad; una tremenda segregación de los grupos sociales vulnerables: no todos motorizados, no todos enferman y mueren igual; una mortandad exorbitante de animales: extinguir ya la biodiversidad; un consumo excesivo de combustibles fósiles: petrolización hasta la muerte; una desmedida transferencia de riqueza a los mas poderosos o  una causa central en el empobrecimiento de la mayoría de la población: un mega bombeo de dinero hacia arriba; son una causa principal del desplome de la calidad de vida: no tenemos tiempo para nada; ser uno de las actividades más destructivas del mundo: muere la vida en todo lugar cercano al transporte; impulsan poderosamente las crisis que enfrenta la humanidad: fin del petróleo barato, cambio climático, hambre, miseria, desempleo, enfermedad, locura. Entramos ya a la era de la hipermovilidad: cada día habrá más distancia que recorrer; cada día perderemos más tiempo en el transporte cotidiano. Con el tiempo perdido en los transportes urbanos se aniquila la vida de las familias,  comunidades, barrios, colonias; se destruye el tejido social y se extermina la convivencia humana, esencia de las ciudades.   Los transportes modernos contribuyen desmedidamente al desquiciamiento ecológico, social, económico, político y simbólico del mundo: son uno de los grandes fracasos de la ciencia y la tecnología. Además, los transportes son el brazo armado de la urbanización.

Qué pasa con las ciudades

La urbanización se convierte en la época moderna en el cáncer de las ciudades, pues mata su esencia: la convivencia creativa.  La conglomeración de actividades industrializadas, la verticalización abusiva (torres o rascacielos), la terciarización o cambio de uso del suelo y la pendularidad de los usuarios del transporte: los conmuters, crean un ambiente contrario al diálogo, al encuentro de las personas, al buen uso del tiempo y del lugar. Los tiempos cortos matan los tiempos largos; los sitios chatarra– los llamados no lugares, sin diversidad y sin identidad, iguales en todo el mundo, creados por los transportes, aniquilan la vida de los barrios y de la ciudad. La pavimentación, sustento de la velocidad con ruedas de hule, rompe nuestro contacto con la Tierra, destruye el balance ecológico benéfico, produce deletéreas islas de calor,  impide la recarga de los acuíferos, fomenta la velocidad letal. La urbanización invade ahora con rapidez cualquier pradera, bosque, barranca, arroyo, humedal, área de vida silvestre o de cultivo. A consecuencia de las tensiones creadas por la desquiciada urbanización que padecemos, las ciudades se han convertido en verdaderos infiernos de los que todo mundo quiere huir en la primera ocasión a la mano: se han convertido en grandes campos de concentración de consumidores cautivos para beneficio único de la industria y de las empresas transnacionales.  Las ciudades ya contribuyen con más del 60% de las emisiones de GEI que producen el desastre climático. Construimos una esperpéntica “aldea global” que será la tumba de las ciudades y del ser humano. La competitividad y la productividad corren en sentido contrario a la supervivencia humana y a la biodiversidad.

Qué pasa con el cambio climático

Utilizar la expresión cambio climático es una forma engañar o de engañarnos, de ocultar la realidad: lo que sucede con el clima en la Tierra debe describirse mas bien como un desastre o una catástrofe climática: la acumulación de  GEI en la atmosfera es ya tan grande que ha rebasado un cierto umbral de no retorno en el que toma fuerza un proceso de alteración climática tan rápida que inevitablemente nos conducirá en las próximas décadas a cambios climáticos impredecibles, abruptos, caóticos, extremos que pueden llevar a la desaparición de una buena parte de la humanidad o a toda ella en este siglo; esta situación nos obligaría a reducir inmediatamente a cero nuestras emisiones de GEI, a parar virtualmente los transportes y el mundo económico, tal como lo conocemos. Desafortunadamente, no podemos esperar que se realicen estas acciones debido a los intereses económicos y políticos que enfrentamos. No obstante, debemos hacer todos los esfuerzos a nuestro alcance para hacer las mayores reducciones en la producción de GEI, en el menor tiempo posible; eliminar en el menor tiempo posible el consumo de hidrocarburos, gran responsable del desastre climático de la Tierra, para reducir el ingente sufrimiento que espera  a la humanidad en las próximas décadas. Los transportes han estado entre los principales responsables de la catástrofe climática que enfrentamos, pues consumen una cantidad de energía cercana al 30-35 % del total de la energía que se consume en el mundo, si consideramos, desde luego, el consumo de energía en la fabricación y chatarrizaciòn de los transportes. Petróleo y transportes han sido una mancuerna tóxica de más de un siglo. El automóvil, entre todos los transportes, es emblemático de la forma más destructiva de movilidad humana en el mundo, debido a sus encantos y sus promesas.   

Qué nos han prometido los transportes

Para compensar los irreparables daños que ocasionan, los transportes industriales nos han prometido los siguientes beneficios:

·        Igualdad entre los ciudadanos

·        Progreso, desarrollo, enriquecimiento social

·        Velocidad para todos, por la velocidad misma. 

·        Accesibilidad sin límites.

La velocidad ha sido el mayor atractivo de los transportes industriales; la ventaja tecnológica que permite reducir el tiempo de un viaje y, sobre todo, realizar mayores intercambios mercantiles; el signo de la productividad, del crecimiento, del progreso y del desarrollo. La velocidad ha sido uno de los dioses de la modernidad: siempre ha querido  Más, Más Grande y Más Rápido; en estos valores se han apoyado las decisiones mundiales desde hace más de dos siglos. Por más de un siglo el dogma ha sido “time is Money”.  El argumento de fondo  en la venta de autos  y en la propaganda para introducir nuevas infraestructuras de transporte urbano e interurbano ha sido la velocidad que prometen desarrollar a sus poseedores o usuarios. La velocidad no se vuelve central en el mundo sino con las tecnologías de desplazamiento. Los automóviles de hoy en día nos prometen viajar a velocidades mayores a 200 kph; el Metro a más de 80kph y los trenes de gran velocidad a 450 kph. Las carreteras europeas fomentan velocidades superiores a 150 kph. Las vías rápidas o freeways de las ciudades nos prometen velocidades sostenidas mayores a 90 kph, pero, podría viajarse en ellas a más de 200 kph. Los distribuidores viales y los deprimidos nos ofrecen eliminar los embotellamientos en muchas zonas críticas de la ciudad. Los “planes para la movilidad integral” de los gobiernos nos ofrecen dar soluciones a la movilidad en grandes zonas urbanas, como el poniente del Distrito Federal. Promesas de solución a los problemas de los transportes con nuevos diseños no han faltado, tanto de los gobiernos de las ciudades, como de entusiastas urbanistas y expertos de la movilidad urbana; mucho menos de aquellos charlatanes que hablan de la “movilidad sustentable”, una nueva forma de hacer grandes promesas y negocios. Siempre hay nuevos transportes industriales que vender, nuevas tecnologías que introducir; sobre todo siempre hay nuevos parajes y territorios de la vida silvestre que urbanizar.

Que ha sucedido en la realidad con los transportes

En los hechos, los transportes registran los siguientes problemas:

·        Están entre las causas centrales de la emergencia del cambio climático, muy especialmente por el uso del automóvil, del avión y de los trenes de alta velocidad. El transporte depende en un gran porcentaje de los hidrocarburos, causa principal del desastre climático. Está muy difícil reemplazarlos.

·        Más del 70 % de la contaminación del aire y del ruido de las ciudades. Una ingente cantidad de muertes prematuras y enfermedades pulmonares debidas a esta contaminación del aire. Las ciudades se vuelven muy letales para los niños, los discapacitados, los ancianos, los enfermos.    

·        Colosal ocupación del suelo; hasta un 60 % del suelo urbano en Los Ángeles, California y al menos un 40% en los nuevos desarrollos urbanos. Las grandes vialidades, los estacionamientos, los servicios para los autos y los transportes, los espacios para la venta de autos, refacciones, deshuesaderos, los chatarrizadores, etc,  devoran el suelo urbano.

·        Gran mortandad de animales en carreteras, causa principal de la desaparición de mamíferos, como el Tigre de California o el Lince español; también, en las ciudades, la excesiva muerte de mascotas y  animales feriales.

·        Demasiada mortalidad por accidentes de tráfico; es una guerra de baja intensidad que mata mas personas al año que todas las guerras; es la primera causa de muerte violenta para los jóvenes. Las principales víctimas: los peatones y los ciclistas.

·        Alejan todos los destinos, producen una aguda segregación espacial, un aumento continuo de las distancias recorridas, al tiempo que hacen crecer sin parar la mancha urbana, inclusive en las ciudades que tienen  demografía declinante. Los trayectos urbanos implican frecuentemente recorrer el doble o el triple de la distancia en línea recta. Para crear engaños de velocidad, se construyen demasiados rodeos, como: vías rápidas, distribuidores viales, periféricos que alargan mucho las distancias. Crean barreras espaciales que alejan los destinos cercanos, para favorecer los viajes largos: crean lejanías artificialmente.

·        Profundizan la discriminación social: las consecuencias negativas del transporte no afectan a todos por igual: peatones, ciclistas, niños, ancianos, indígenas, campesinos, empobrecidos, sufren excesiva violencia y reciben demasiadas emanaciones tóxicas, por parte de los transportes. El transporte crea formidables privilegios a una pequeña minoría que tienen enormes costos sociales. El automóvil impone su ley en el espacio público y sólo es utilizado por una pequeña minoría en los países empobrecidos, como México. Gobiernos y grandes empresarios se empeñan en eliminar la capacidad de caminar del ser humano, por motivos inconfesables. El automovilista tiene mucho mayor poder político que el no motorizado; exige subsidios y concesiones legales y normativas desquiciantes: está habitualmente histérico.

·        Desmedido tiempo social absorbido por el transporte: vivir para moverse; Una tercera parte del tiempo social dedicado a la movilidad cotidiana en los países poderosos; bastante más en los países empobrecidos; como México: mas de cuatro horas para las clases trabajadoras, en la mayor parte de las megalópolis. Las sociedades pre industriales nunca dedicaron a la movilidad mas del 8% de su tiempo.

·        El ser humano consume entre 200 y 300 calorías en actividades físicas; en EUA la energía utilizada en los transportes equivale a 350 esclavos por persona.
Además, los transportes registran otros graves inconvenientes:

·        El automóvil consume más dinero que la alimentación.

·        El auto representa entre el 25 y el 35 del ingreso total de empleado.

·        El urbanismo vehicular fabrica distancias artificialmente y convierte a la mayor parte de la población en usuario cautivo. Todos los usuarios, ricos y pobres, son cautivos del urbanismo industrial, pero, la gama de prisiones va de la jaula dorada a la mazmorra insalubre. El rico puede dominar el espacio urbano, el pobre es prisionero de él.

·        Mientras  más infraestructura de transporte, más perdida de tiempo.

·        La aceleración de unos ciudadanos: una muy pequeña minoría, disminuye la movilidad de otros: la gran mayoría. Los transportes producen la velocidad paralizante.

·        La pendularidad urbana, el diario viaje de ida y vuelta del trabajo, es una de las columnas del crecimiento económico; es el engrandecimiento progresivo de la orbita cotidiana de millones de habitantes de las ciudades, los pendulares, que permite, allí donde los terrenos son baratos, concentrar las viviendas, los suburbios dormitorios, lejos de las oficinas, ensanchar el área de atracción de los centros comerciales y volver creíble la ilusión de los rendimientos de escala. La pendularidad es una actividad deliberadamente fomentada por los gobiernos y los grandes empresarios, por motivos abominables.

·        El transporte convierte a todos los objetos en mercancía, y esto  incluye a los seres humanos. El Homo economicus es el Hombre Unidimensional del que hablaba Marcuse: un hombre que ha perdido el sentido de la vida. El transporte de personas, al contrario del destinado a mover mercancías, es puesta en movimiento de seres capaces de moverse por sí mismos. Crear obesos con los transportes es otro propósito gubernamental y empresarial muy logrado en México.

Cómo opera la velocidad paralizante de los transportes

Presionados por los grandes empresarios y los políticos poderosos, los técnicos del transporte ensayan y perfeccionan desde hace muchas décadas una gran cantidad de técnicas y diseños que prometen solución al transporte urbano, pero,  que finalmente producen el fenómeno de la velocidad paralizante: aquella velocidad de unos pocos que produce la lentitud en el transporte a la gran mayoría de la población humana. Experimentan y perfeccionan autos, camionetas, autobuses, Metros, Metrobuses, trenes elevados, trenes de cercanías, para servir al transporte de personas en zonas urbanas; diseñan y ensayan infraestructuras que permitan dar apoyo al uso de estos vehículos de gasolina, como: calles anchas, bulevares, grandes avenidas, diagonales, circunvalaciones, viaductos, periféricos, circuitos interiores, ejes viales, pasos a desnivel, distribuidores viales, deprimidos, túneles,  segundos pisos, supervías, vías rápidas, freeways. Tres ejemplos de malignos sistemas de transporte:

1.-  Trenes de cercanías o suburbanos: elevan los precios de los terrenos en la zona rural; impulsan las urbanizaciones en estas zonas; ayudan a la deportación de los residentes de las zonas centrales de las ciudades; fomentan el aumento de las distancias y los tiempos dedicados al transporte.

2.-  Metro, Metrobus, camiones: tienen efectos similares, a los trenes de cercanías o suburbanos, a los que sirven de soporte para su expansión; solo una pequeña minoría vive cerca de una parada de Metro o Metrobus y sólo una minoría trabaja cerca de ellas; habitualmente es necesario utilizar un transporte alimentador, como lo es un microbús o un autobús, para acceder al Metro o al Metrobus, lo que obliga frecuentemente a muy importantes perdidas de tiempo por el cambio de modo de transporte. Estos grandes colectivos no van habitualmente al lugar al que queremos llegar; fomentan los viajes a largas distancias, a costa de la accesibilidad y desde luego ayudan a despoblar el centro de la ciudad y poblar la zona rural.

3.- El auto: por la gran cantidad de metros cuadrados de vía pública que requiere una o dos personas para circular en auto, rápidamente se  congestiona el trafico; al no poder circular mas allá de 30 kph en la trama antigua (hipodámica) de la ciudad, exige “vías rápidas”, las que requieren mucho espacio y cortan todas las transversales, lo que favorece los viajes largos en la ciudad a costa de frenar los viajes cortos; finalmente, el auto acaba circulando en muchas ciudades a unos 12 kph; en la ciudad de México, no pasa de 9 kph en horas laborables, mucho menos de lo que se hace en bicicleta o lo que haría a caballo un jinete hace mas de un siglo. Sin embargo, los privilegios al uso del auto introducidos por la inicua urbanización moderna, producen lentitud en los transportes colectivos. La velocidad del auto se consigue con la lentitud del colectivo.

Dos ejemplos de infraestructuras de transporte perversas:

1.- Ejes viales, avenidas y calzadas: Uno o dos minutos de luz verde en un sentido y breves luces verdes en el sentido de calles transversales, fomentan los viajes a larga distancia a costa de los viajes cortos; es mas fácil ir al otro lado de la ciudad que viajar a las colonias vecinas; se eleva enormemente el riesgo de accidentes: los niños, los ancianos pierden autonomía: las mujeres se convierten en choferes de niños y ancianos.  Las facilidades para el uso del auto, inducidas por los ejes viales, segundos pisos, supervías, unidas a los crecientes riesgos de caminar o andar en bici y al aumento en la lentitud de los colectivos obliga a una buena parte de la población a comprar más autos, lo que en circulo vicioso acaba haciendo mas lenta la circulación general. Por otra parte, los residentes de las viviendas frente a avenidas, calzadas, ejes viales o vías rápidas, afectados por el ruido, la inseguridad y la contaminación, hacen lo posible por abandonarlas, lo que fomenta el cambio en el uso del suelo y el despoblamiento de las zonas centrales de la ciudad.

2.-  Distribuidores viales, deprimidos, segundos pisos, supervías: Crean  fantasías de velocidad; fabrican la paradoja de acercar puntos y alejar destinos: puedo llegar mas rápido a Tlalpan, pero ya no puedo llegar pronto a donde quiero llegar pues todo queda ahora muy lejos: centros de trabajo, estudio, salud, tramites, amigos, familiares. Promueven la motorización excesiva de la población: todo mundo un auto: pocas personas congestionan diariamente las grandes vialidades sin que paguen por el daño que ocasionan y sin que se busque reglamentar este abuso; es decir: reducir estas manifestaciones de autos, como se quiere hacer con las manifestaciones de personas.  El enorme costo de las infraestructuras para el uso del auto lo pagan en su mayor parte las futuras generaciones y los que no tienen auto. Las infraestructuras para el uso del auto representan uno de los mayores fraudes en lo que concierne a velocidad, calidad de vida y protección de la Naturaleza. El auto, el gran fraude de la velocidad, es la causa principal del desquiciamiento del transporte urbano y el desplome de la calidad de vida en la ciudad.
Estos efectos malignos o perversos de los sistemas de transporte son rigurosamente ignorados por los técnicos, urbanistas, ambientalistas, tecnócratas, expertócratas y políticos desarrollistas, pues arriesgan sus ingresos y su futuro, sin embargo, si fueran seriamente estudiados virtualmente serían desmantelados estos sistemas y abandonada la producción de estos transportes que se han impuesto a espaldas de la ecología y de la cultura. No hay solución al transporte urbano dentro del marco convencional dominado por el uso del auto en la ciudad.

La velocidad como principal signo de la destrucción de la cultura y las bases de la subsistencia humana

Ya sea en avión, en una supercarretera o en un tren de alta velocidad, el que se permite el lujo de una gran velocidad siempre consume trabajo humano de otros. Cuanto mas rápido es su vehículo, mas trabajo consume. Con sus piernas el hombre puede recorrer cuatro, cinco o seis kilómetros en una hora. Los transportes permiten reemplazar el tiempo pasado en caminar por horas de trabajos de otras personas: el automovilista, por ejemplo, capitaliza bajo sus nalgas el trabajo de obreros de Nissan, Ford y otras empresas, de los trabajadores de Pemex, de los empleados de gasolinera, sin contar el fisco, los jueces y los agentes de transito.

Sabemos ya que las prótesis técnicas de la desnaturalización del territorio que hemos analizado nos llevan igualmente a la aniquilación de los sitios del mundo. Estamos a punto de perder el mundo a causa de la velocidad porque reduce cada día más el medio ambiente mundial a la nada. La ecología del tiempo es por lo tanto la ecología del espacio o del sitio o del territorio. Nuestra sociedad de crecimiento ha desarrollado prótesis técnicas para la desnaturalización de los lugares, con la generalización de las vías de comunicación que “penetran” zonas urbanas, y bulevares periféricos que cortan, laminan, filamentan el tejido urbano, con esta civilización del auto responsable del alejamiento de los lugares de realización de las grandes funciones humanas( hábitat, trabajo, diversiones), con la ruina de los comercios de proximidad, de las diversiones de proximidad, con la dictadura del modelo urbano que hunde a la ruralidad en la crisis.

Estas técnicas o medios modernos suprimen el espacio real de las distancias. Es mas rápido tomar una tangente que ir derecho. Esta desnaturalización del territorio que conduce a eso que el espacio técnico le quita al espacio geográfico (social, político, cultural) priva al hombre de una parte de su dimensión simbólica e institucional. El individuo económico se produce “fuera del suelo” (sin tierra, sin arraigo) como las plantas hidropónicas. Esta desterritorialización es generadora de incomprensión y de violencia. Nada mas característico de la “aldea global” que esos “no lugares” que son los aeropuertos internacionales La aldea global es el horror; es el guetto mundial.

En la antigüedad ya la velocidad era un gran recurso en la guerra, en los juegos, en las competencias; sin embargo, también ha sido históricamente el gran recurso del mago, del ladrón, del pirata, del estafador, del engañador, del político, del técnico y desde luego, de la economía. Todo cambia en un territorio cuando aumenta la velocidad a la que se desplaza un vehículo  o nuestro cuerpo. Los accidentes de tráfico representan una consecuencia muy importante de la velocidad, ya que diversos estudios han mostrado que la simple reducción de 100 kph a los 90 kph en las carreteras y en zonas urbanas de 60 kph a 50 kph, el número de muertos y heridos podría descender hasta en una tercera parte

Conclusiones

El tiempo perdido en los transportes cotidianos es el mejor índice de la degradación de la movilidad urbana y por ende es el concepto que más ocultan los gobiernos; nos quieren vender velocidades puntuales para crear la fantasía que mejoramos.

Los transportes dislocan nuestra percepción del tiempo y del territorio: A diferencia de las antiguas sociedades, la sociedad  moderna tiene una concepción y una práctica del tiempo estrechamente relacionada a la economía: el tiempo es dinero.  El hombre económico ha tenido por vocación la emancipación del tiempo natural. Sin embargo,  la velocidad reduce el territorio a la nada; vacía el mundo de sus cualidades; es el envejecimiento del mundo porque nos impide darnos cuenta de nuestra propia muerte, de la desaparición de especies, del agotamiento de los recursos. Pero, se ha ignorado la velocidad para interesarse en el tiempo y la duración. La velocidad se ha convertido en una noticia absoluta. La velocidad ha suprimido la noción de viaje por la noción de desplazamiento, es decir: de flujo (adopción de un término técnico) de una masa o mercancía que puede concentrarse, canalizarse, dispersarse.

La velocidad es la cara oculta de la riqueza. Toda aceleración de algunos se corresponde con el freno a otros. Todo aumento de la velocidad engendra siempre una transferencia de poder de los miembros más lentos hacia los más rápidos es decir de los más pobres a los más ricos. Es necesario inventar técnicas para fomentar la lentitud. Nuestro programa es uno de introducir lentitud; dar prioridad a los tiempos largos sobre los tiempos cortos; privilegiar los tiempos naturales sobre los tiempos mecanizados. El hombre debe recuperar la medida de todas cosas; el tiempo mecánico de la industria o el virtual de la finanza no puede sino degradar lo humano al rango de un hombre-maquina.

Los lugares se tornan más banales de un lugar a otro en el planeta. La ubicuidad planetaria, cara a los ideólogos del sistema, reproduce por todos lados las mismas zonas monofuncionales que componen subsistemas vivos de acuerdo con su lógica y su ritmo. Consecuencia: la ciudad se disuelve en tanto que comunidad de vida. Tenemos necesidad de una nueva antropología del territorio. Debemos generalizar la critica del “espacio chatarra” de las ciudades modernas industrializadas. Hay que terminar con esta civilización urbana, lo que supondría regresar a “concentraciones urbanas” humanamente viables. Los efectos de umbral cuentan: la red mundial de ciudades lentas, limita voluntariamente su crecimiento demográfico a 60,000 personas. Mas allá de eso se vuelve imposible hablar de local y de lentitud. Es sin embargo ilusorio pensar en salir de este “espacio o sitio chatarra” si no se tienen en cuenta la incapacidad del capitalismo de tener una política del espacio por su incapacidad de representarse (del hecho de su pesada tendencia a la des simbolización y a la des institucionalización). La ciudad capitalista no se representa se presenta; se extiende. La sociedad económica se desarrolla como un cáncer a través de las formas que impone: Esta ciudad capitalista no es un lugar para vivir sino una “villa genérica” es decir una substancia urbana proliferante, sin límites, sin centro ni periferia, que repite al infinito el mismo módulo estructural según una lógica fractal. Esta ciudad genérica es amnésica como si hubiera surgido de ninguna parte.

Descolonizar el imaginario social.  El culto a la velocidad ha generado un verdadero espectáculo de la velocidad; el espectáculo, no la velocidad es lo que cuenta en los transportes: se sabe que la velocidad real de un auto es inferior a la de una bici en la ciudad, sin embargo, la mitificación del auto, como signo de “superación social”, de jerarquía social, de feminidad o masculinidad, lo convierten en el transporte más deseado por la mayoría de la población. Por medio de la publicidad y la mercadotecnia; por medio de la escuela; por medio del consumo de la cotidianidad moderna, se han creado nuevos valores: se ha colonizado el imaginario social, lo que hace muy difícil el rescate de las mentes, del tiempo y del territorio Descolonizar el imaginario, implica recuperar nuestra innata capacidad de caminar y pensar, como decía el griego Peripathos, “al ritmo de nuestros pasos” y proteger nuestros lugares de la invasión de los execrables sistemas transportes que nos venden con el engaño de la velocidad.

Miguel Valencia Mulkay
Ámsterdam 86-101, México DF
5212-1886