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1 de mayo de 2011

LAS TRAMPAS DE LA VELOCIDAD: ECOLOGÍA DEL TIEMPO Y EL LUGAR Presentación para el seminario Transporte, Ciudad y Cambio Climático

LAS TRAMPAS DE LA VELOCIDAD: ECOLOGÍA DEL TIEMPO Y EL LUGAR
Presentación para el seminario Transporte, Ciudad y Cambio Climático

13 de abril de 2011

Qué pasa con los transportes

A pesar del histórico ocultamiento de la información relevante sobre los transportes se multiplican las denuncias sociales en su contra en todo el mundo; se les atribuye: un excesivo numero de muertos y discapacitados: una guerra de baja intensidad; una sobrada contaminación del aire; una exorbitante pérdida de tiempo social: vivir para transportarse; una contribución desmedida al desastre climático mundial; una alteración perniciosa del uso del suelo: todos nos volvemos migrantes; una enorme contribución al ruido; una ocupación del suelo calamitosa; el auto devora a la ciudad; una tremenda segregación de los grupos sociales vulnerables: no todos motorizados, no todos enferman y mueren igual; una mortandad exorbitante de animales: extinguir ya la biodiversidad; un consumo excesivo de combustibles fósiles: petrolización hasta la muerte; una desmedida transferencia de riqueza a los mas poderosos o  una causa central en el empobrecimiento de la mayoría de la población: un mega bombeo de dinero hacia arriba; son una causa principal del desplome de la calidad de vida: no tenemos tiempo para nada; ser uno de las actividades más destructivas del mundo: muere la vida en todo lugar cercano al transporte; impulsan poderosamente las crisis que enfrenta la humanidad: fin del petróleo barato, cambio climático, hambre, miseria, desempleo, enfermedad, locura. Entramos ya a la era de la hipermovilidad: cada día habrá más distancia que recorrer; cada día perderemos más tiempo en el transporte cotidiano. Con el tiempo perdido en los transportes urbanos se aniquila la vida de las familias,  comunidades, barrios, colonias; se destruye el tejido social y se extermina la convivencia humana, esencia de las ciudades.   Los transportes modernos contribuyen desmedidamente al desquiciamiento ecológico, social, económico, político y simbólico del mundo: son uno de los grandes fracasos de la ciencia y la tecnología. Además, los transportes son el brazo armado de la urbanización.

Qué pasa con las ciudades

La urbanización se convierte en la época moderna en el cáncer de las ciudades, pues mata su esencia: la convivencia creativa.  La conglomeración de actividades industrializadas, la verticalización abusiva (torres o rascacielos), la terciarización o cambio de uso del suelo y la pendularidad de los usuarios del transporte: los conmuters, crean un ambiente contrario al diálogo, al encuentro de las personas, al buen uso del tiempo y del lugar. Los tiempos cortos matan los tiempos largos; los sitios chatarra– los llamados no lugares, sin diversidad y sin identidad, iguales en todo el mundo, creados por los transportes, aniquilan la vida de los barrios y de la ciudad. La pavimentación, sustento de la velocidad con ruedas de hule, rompe nuestro contacto con la Tierra, destruye el balance ecológico benéfico, produce deletéreas islas de calor,  impide la recarga de los acuíferos, fomenta la velocidad letal. La urbanización invade ahora con rapidez cualquier pradera, bosque, barranca, arroyo, humedal, área de vida silvestre o de cultivo. A consecuencia de las tensiones creadas por la desquiciada urbanización que padecemos, las ciudades se han convertido en verdaderos infiernos de los que todo mundo quiere huir en la primera ocasión a la mano: se han convertido en grandes campos de concentración de consumidores cautivos para beneficio único de la industria y de las empresas transnacionales.  Las ciudades ya contribuyen con más del 60% de las emisiones de GEI que producen el desastre climático. Construimos una esperpéntica “aldea global” que será la tumba de las ciudades y del ser humano. La competitividad y la productividad corren en sentido contrario a la supervivencia humana y a la biodiversidad.

Qué pasa con el cambio climático

Utilizar la expresión cambio climático es una forma engañar o de engañarnos, de ocultar la realidad: lo que sucede con el clima en la Tierra debe describirse mas bien como un desastre o una catástrofe climática: la acumulación de  GEI en la atmosfera es ya tan grande que ha rebasado un cierto umbral de no retorno en el que toma fuerza un proceso de alteración climática tan rápida que inevitablemente nos conducirá en las próximas décadas a cambios climáticos impredecibles, abruptos, caóticos, extremos que pueden llevar a la desaparición de una buena parte de la humanidad o a toda ella en este siglo; esta situación nos obligaría a reducir inmediatamente a cero nuestras emisiones de GEI, a parar virtualmente los transportes y el mundo económico, tal como lo conocemos. Desafortunadamente, no podemos esperar que se realicen estas acciones debido a los intereses económicos y políticos que enfrentamos. No obstante, debemos hacer todos los esfuerzos a nuestro alcance para hacer las mayores reducciones en la producción de GEI, en el menor tiempo posible; eliminar en el menor tiempo posible el consumo de hidrocarburos, gran responsable del desastre climático de la Tierra, para reducir el ingente sufrimiento que espera  a la humanidad en las próximas décadas. Los transportes han estado entre los principales responsables de la catástrofe climática que enfrentamos, pues consumen una cantidad de energía cercana al 30-35 % del total de la energía que se consume en el mundo, si consideramos, desde luego, el consumo de energía en la fabricación y chatarrizaciòn de los transportes. Petróleo y transportes han sido una mancuerna tóxica de más de un siglo. El automóvil, entre todos los transportes, es emblemático de la forma más destructiva de movilidad humana en el mundo, debido a sus encantos y sus promesas.   

Qué nos han prometido los transportes

Para compensar los irreparables daños que ocasionan, los transportes industriales nos han prometido los siguientes beneficios:

·        Igualdad entre los ciudadanos

·        Progreso, desarrollo, enriquecimiento social

·        Velocidad para todos, por la velocidad misma. 

·        Accesibilidad sin límites.

La velocidad ha sido el mayor atractivo de los transportes industriales; la ventaja tecnológica que permite reducir el tiempo de un viaje y, sobre todo, realizar mayores intercambios mercantiles; el signo de la productividad, del crecimiento, del progreso y del desarrollo. La velocidad ha sido uno de los dioses de la modernidad: siempre ha querido  Más, Más Grande y Más Rápido; en estos valores se han apoyado las decisiones mundiales desde hace más de dos siglos. Por más de un siglo el dogma ha sido “time is Money”.  El argumento de fondo  en la venta de autos  y en la propaganda para introducir nuevas infraestructuras de transporte urbano e interurbano ha sido la velocidad que prometen desarrollar a sus poseedores o usuarios. La velocidad no se vuelve central en el mundo sino con las tecnologías de desplazamiento. Los automóviles de hoy en día nos prometen viajar a velocidades mayores a 200 kph; el Metro a más de 80kph y los trenes de gran velocidad a 450 kph. Las carreteras europeas fomentan velocidades superiores a 150 kph. Las vías rápidas o freeways de las ciudades nos prometen velocidades sostenidas mayores a 90 kph, pero, podría viajarse en ellas a más de 200 kph. Los distribuidores viales y los deprimidos nos ofrecen eliminar los embotellamientos en muchas zonas críticas de la ciudad. Los “planes para la movilidad integral” de los gobiernos nos ofrecen dar soluciones a la movilidad en grandes zonas urbanas, como el poniente del Distrito Federal. Promesas de solución a los problemas de los transportes con nuevos diseños no han faltado, tanto de los gobiernos de las ciudades, como de entusiastas urbanistas y expertos de la movilidad urbana; mucho menos de aquellos charlatanes que hablan de la “movilidad sustentable”, una nueva forma de hacer grandes promesas y negocios. Siempre hay nuevos transportes industriales que vender, nuevas tecnologías que introducir; sobre todo siempre hay nuevos parajes y territorios de la vida silvestre que urbanizar.

Que ha sucedido en la realidad con los transportes

En los hechos, los transportes registran los siguientes problemas:

·        Están entre las causas centrales de la emergencia del cambio climático, muy especialmente por el uso del automóvil, del avión y de los trenes de alta velocidad. El transporte depende en un gran porcentaje de los hidrocarburos, causa principal del desastre climático. Está muy difícil reemplazarlos.

·        Más del 70 % de la contaminación del aire y del ruido de las ciudades. Una ingente cantidad de muertes prematuras y enfermedades pulmonares debidas a esta contaminación del aire. Las ciudades se vuelven muy letales para los niños, los discapacitados, los ancianos, los enfermos.    

·        Colosal ocupación del suelo; hasta un 60 % del suelo urbano en Los Ángeles, California y al menos un 40% en los nuevos desarrollos urbanos. Las grandes vialidades, los estacionamientos, los servicios para los autos y los transportes, los espacios para la venta de autos, refacciones, deshuesaderos, los chatarrizadores, etc,  devoran el suelo urbano.

·        Gran mortandad de animales en carreteras, causa principal de la desaparición de mamíferos, como el Tigre de California o el Lince español; también, en las ciudades, la excesiva muerte de mascotas y  animales feriales.

·        Demasiada mortalidad por accidentes de tráfico; es una guerra de baja intensidad que mata mas personas al año que todas las guerras; es la primera causa de muerte violenta para los jóvenes. Las principales víctimas: los peatones y los ciclistas.

·        Alejan todos los destinos, producen una aguda segregación espacial, un aumento continuo de las distancias recorridas, al tiempo que hacen crecer sin parar la mancha urbana, inclusive en las ciudades que tienen  demografía declinante. Los trayectos urbanos implican frecuentemente recorrer el doble o el triple de la distancia en línea recta. Para crear engaños de velocidad, se construyen demasiados rodeos, como: vías rápidas, distribuidores viales, periféricos que alargan mucho las distancias. Crean barreras espaciales que alejan los destinos cercanos, para favorecer los viajes largos: crean lejanías artificialmente.

·        Profundizan la discriminación social: las consecuencias negativas del transporte no afectan a todos por igual: peatones, ciclistas, niños, ancianos, indígenas, campesinos, empobrecidos, sufren excesiva violencia y reciben demasiadas emanaciones tóxicas, por parte de los transportes. El transporte crea formidables privilegios a una pequeña minoría que tienen enormes costos sociales. El automóvil impone su ley en el espacio público y sólo es utilizado por una pequeña minoría en los países empobrecidos, como México. Gobiernos y grandes empresarios se empeñan en eliminar la capacidad de caminar del ser humano, por motivos inconfesables. El automovilista tiene mucho mayor poder político que el no motorizado; exige subsidios y concesiones legales y normativas desquiciantes: está habitualmente histérico.

·        Desmedido tiempo social absorbido por el transporte: vivir para moverse; Una tercera parte del tiempo social dedicado a la movilidad cotidiana en los países poderosos; bastante más en los países empobrecidos; como México: mas de cuatro horas para las clases trabajadoras, en la mayor parte de las megalópolis. Las sociedades pre industriales nunca dedicaron a la movilidad mas del 8% de su tiempo.

·        El ser humano consume entre 200 y 300 calorías en actividades físicas; en EUA la energía utilizada en los transportes equivale a 350 esclavos por persona.
Además, los transportes registran otros graves inconvenientes:

·        El automóvil consume más dinero que la alimentación.

·        El auto representa entre el 25 y el 35 del ingreso total de empleado.

·        El urbanismo vehicular fabrica distancias artificialmente y convierte a la mayor parte de la población en usuario cautivo. Todos los usuarios, ricos y pobres, son cautivos del urbanismo industrial, pero, la gama de prisiones va de la jaula dorada a la mazmorra insalubre. El rico puede dominar el espacio urbano, el pobre es prisionero de él.

·        Mientras  más infraestructura de transporte, más perdida de tiempo.

·        La aceleración de unos ciudadanos: una muy pequeña minoría, disminuye la movilidad de otros: la gran mayoría. Los transportes producen la velocidad paralizante.

·        La pendularidad urbana, el diario viaje de ida y vuelta del trabajo, es una de las columnas del crecimiento económico; es el engrandecimiento progresivo de la orbita cotidiana de millones de habitantes de las ciudades, los pendulares, que permite, allí donde los terrenos son baratos, concentrar las viviendas, los suburbios dormitorios, lejos de las oficinas, ensanchar el área de atracción de los centros comerciales y volver creíble la ilusión de los rendimientos de escala. La pendularidad es una actividad deliberadamente fomentada por los gobiernos y los grandes empresarios, por motivos abominables.

·        El transporte convierte a todos los objetos en mercancía, y esto  incluye a los seres humanos. El Homo economicus es el Hombre Unidimensional del que hablaba Marcuse: un hombre que ha perdido el sentido de la vida. El transporte de personas, al contrario del destinado a mover mercancías, es puesta en movimiento de seres capaces de moverse por sí mismos. Crear obesos con los transportes es otro propósito gubernamental y empresarial muy logrado en México.

Cómo opera la velocidad paralizante de los transportes

Presionados por los grandes empresarios y los políticos poderosos, los técnicos del transporte ensayan y perfeccionan desde hace muchas décadas una gran cantidad de técnicas y diseños que prometen solución al transporte urbano, pero,  que finalmente producen el fenómeno de la velocidad paralizante: aquella velocidad de unos pocos que produce la lentitud en el transporte a la gran mayoría de la población humana. Experimentan y perfeccionan autos, camionetas, autobuses, Metros, Metrobuses, trenes elevados, trenes de cercanías, para servir al transporte de personas en zonas urbanas; diseñan y ensayan infraestructuras que permitan dar apoyo al uso de estos vehículos de gasolina, como: calles anchas, bulevares, grandes avenidas, diagonales, circunvalaciones, viaductos, periféricos, circuitos interiores, ejes viales, pasos a desnivel, distribuidores viales, deprimidos, túneles,  segundos pisos, supervías, vías rápidas, freeways. Tres ejemplos de malignos sistemas de transporte:

1.-  Trenes de cercanías o suburbanos: elevan los precios de los terrenos en la zona rural; impulsan las urbanizaciones en estas zonas; ayudan a la deportación de los residentes de las zonas centrales de las ciudades; fomentan el aumento de las distancias y los tiempos dedicados al transporte.

2.-  Metro, Metrobus, camiones: tienen efectos similares, a los trenes de cercanías o suburbanos, a los que sirven de soporte para su expansión; solo una pequeña minoría vive cerca de una parada de Metro o Metrobus y sólo una minoría trabaja cerca de ellas; habitualmente es necesario utilizar un transporte alimentador, como lo es un microbús o un autobús, para acceder al Metro o al Metrobus, lo que obliga frecuentemente a muy importantes perdidas de tiempo por el cambio de modo de transporte. Estos grandes colectivos no van habitualmente al lugar al que queremos llegar; fomentan los viajes a largas distancias, a costa de la accesibilidad y desde luego ayudan a despoblar el centro de la ciudad y poblar la zona rural.

3.- El auto: por la gran cantidad de metros cuadrados de vía pública que requiere una o dos personas para circular en auto, rápidamente se  congestiona el trafico; al no poder circular mas allá de 30 kph en la trama antigua (hipodámica) de la ciudad, exige “vías rápidas”, las que requieren mucho espacio y cortan todas las transversales, lo que favorece los viajes largos en la ciudad a costa de frenar los viajes cortos; finalmente, el auto acaba circulando en muchas ciudades a unos 12 kph; en la ciudad de México, no pasa de 9 kph en horas laborables, mucho menos de lo que se hace en bicicleta o lo que haría a caballo un jinete hace mas de un siglo. Sin embargo, los privilegios al uso del auto introducidos por la inicua urbanización moderna, producen lentitud en los transportes colectivos. La velocidad del auto se consigue con la lentitud del colectivo.

Dos ejemplos de infraestructuras de transporte perversas:

1.- Ejes viales, avenidas y calzadas: Uno o dos minutos de luz verde en un sentido y breves luces verdes en el sentido de calles transversales, fomentan los viajes a larga distancia a costa de los viajes cortos; es mas fácil ir al otro lado de la ciudad que viajar a las colonias vecinas; se eleva enormemente el riesgo de accidentes: los niños, los ancianos pierden autonomía: las mujeres se convierten en choferes de niños y ancianos.  Las facilidades para el uso del auto, inducidas por los ejes viales, segundos pisos, supervías, unidas a los crecientes riesgos de caminar o andar en bici y al aumento en la lentitud de los colectivos obliga a una buena parte de la población a comprar más autos, lo que en circulo vicioso acaba haciendo mas lenta la circulación general. Por otra parte, los residentes de las viviendas frente a avenidas, calzadas, ejes viales o vías rápidas, afectados por el ruido, la inseguridad y la contaminación, hacen lo posible por abandonarlas, lo que fomenta el cambio en el uso del suelo y el despoblamiento de las zonas centrales de la ciudad.

2.-  Distribuidores viales, deprimidos, segundos pisos, supervías: Crean  fantasías de velocidad; fabrican la paradoja de acercar puntos y alejar destinos: puedo llegar mas rápido a Tlalpan, pero ya no puedo llegar pronto a donde quiero llegar pues todo queda ahora muy lejos: centros de trabajo, estudio, salud, tramites, amigos, familiares. Promueven la motorización excesiva de la población: todo mundo un auto: pocas personas congestionan diariamente las grandes vialidades sin que paguen por el daño que ocasionan y sin que se busque reglamentar este abuso; es decir: reducir estas manifestaciones de autos, como se quiere hacer con las manifestaciones de personas.  El enorme costo de las infraestructuras para el uso del auto lo pagan en su mayor parte las futuras generaciones y los que no tienen auto. Las infraestructuras para el uso del auto representan uno de los mayores fraudes en lo que concierne a velocidad, calidad de vida y protección de la Naturaleza. El auto, el gran fraude de la velocidad, es la causa principal del desquiciamiento del transporte urbano y el desplome de la calidad de vida en la ciudad.
Estos efectos malignos o perversos de los sistemas de transporte son rigurosamente ignorados por los técnicos, urbanistas, ambientalistas, tecnócratas, expertócratas y políticos desarrollistas, pues arriesgan sus ingresos y su futuro, sin embargo, si fueran seriamente estudiados virtualmente serían desmantelados estos sistemas y abandonada la producción de estos transportes que se han impuesto a espaldas de la ecología y de la cultura. No hay solución al transporte urbano dentro del marco convencional dominado por el uso del auto en la ciudad.

La velocidad como principal signo de la destrucción de la cultura y las bases de la subsistencia humana

Ya sea en avión, en una supercarretera o en un tren de alta velocidad, el que se permite el lujo de una gran velocidad siempre consume trabajo humano de otros. Cuanto mas rápido es su vehículo, mas trabajo consume. Con sus piernas el hombre puede recorrer cuatro, cinco o seis kilómetros en una hora. Los transportes permiten reemplazar el tiempo pasado en caminar por horas de trabajos de otras personas: el automovilista, por ejemplo, capitaliza bajo sus nalgas el trabajo de obreros de Nissan, Ford y otras empresas, de los trabajadores de Pemex, de los empleados de gasolinera, sin contar el fisco, los jueces y los agentes de transito.

Sabemos ya que las prótesis técnicas de la desnaturalización del territorio que hemos analizado nos llevan igualmente a la aniquilación de los sitios del mundo. Estamos a punto de perder el mundo a causa de la velocidad porque reduce cada día más el medio ambiente mundial a la nada. La ecología del tiempo es por lo tanto la ecología del espacio o del sitio o del territorio. Nuestra sociedad de crecimiento ha desarrollado prótesis técnicas para la desnaturalización de los lugares, con la generalización de las vías de comunicación que “penetran” zonas urbanas, y bulevares periféricos que cortan, laminan, filamentan el tejido urbano, con esta civilización del auto responsable del alejamiento de los lugares de realización de las grandes funciones humanas( hábitat, trabajo, diversiones), con la ruina de los comercios de proximidad, de las diversiones de proximidad, con la dictadura del modelo urbano que hunde a la ruralidad en la crisis.

Estas técnicas o medios modernos suprimen el espacio real de las distancias. Es mas rápido tomar una tangente que ir derecho. Esta desnaturalización del territorio que conduce a eso que el espacio técnico le quita al espacio geográfico (social, político, cultural) priva al hombre de una parte de su dimensión simbólica e institucional. El individuo económico se produce “fuera del suelo” (sin tierra, sin arraigo) como las plantas hidropónicas. Esta desterritorialización es generadora de incomprensión y de violencia. Nada mas característico de la “aldea global” que esos “no lugares” que son los aeropuertos internacionales La aldea global es el horror; es el guetto mundial.

En la antigüedad ya la velocidad era un gran recurso en la guerra, en los juegos, en las competencias; sin embargo, también ha sido históricamente el gran recurso del mago, del ladrón, del pirata, del estafador, del engañador, del político, del técnico y desde luego, de la economía. Todo cambia en un territorio cuando aumenta la velocidad a la que se desplaza un vehículo  o nuestro cuerpo. Los accidentes de tráfico representan una consecuencia muy importante de la velocidad, ya que diversos estudios han mostrado que la simple reducción de 100 kph a los 90 kph en las carreteras y en zonas urbanas de 60 kph a 50 kph, el número de muertos y heridos podría descender hasta en una tercera parte

Conclusiones

El tiempo perdido en los transportes cotidianos es el mejor índice de la degradación de la movilidad urbana y por ende es el concepto que más ocultan los gobiernos; nos quieren vender velocidades puntuales para crear la fantasía que mejoramos.

Los transportes dislocan nuestra percepción del tiempo y del territorio: A diferencia de las antiguas sociedades, la sociedad  moderna tiene una concepción y una práctica del tiempo estrechamente relacionada a la economía: el tiempo es dinero.  El hombre económico ha tenido por vocación la emancipación del tiempo natural. Sin embargo,  la velocidad reduce el territorio a la nada; vacía el mundo de sus cualidades; es el envejecimiento del mundo porque nos impide darnos cuenta de nuestra propia muerte, de la desaparición de especies, del agotamiento de los recursos. Pero, se ha ignorado la velocidad para interesarse en el tiempo y la duración. La velocidad se ha convertido en una noticia absoluta. La velocidad ha suprimido la noción de viaje por la noción de desplazamiento, es decir: de flujo (adopción de un término técnico) de una masa o mercancía que puede concentrarse, canalizarse, dispersarse.

La velocidad es la cara oculta de la riqueza. Toda aceleración de algunos se corresponde con el freno a otros. Todo aumento de la velocidad engendra siempre una transferencia de poder de los miembros más lentos hacia los más rápidos es decir de los más pobres a los más ricos. Es necesario inventar técnicas para fomentar la lentitud. Nuestro programa es uno de introducir lentitud; dar prioridad a los tiempos largos sobre los tiempos cortos; privilegiar los tiempos naturales sobre los tiempos mecanizados. El hombre debe recuperar la medida de todas cosas; el tiempo mecánico de la industria o el virtual de la finanza no puede sino degradar lo humano al rango de un hombre-maquina.

Los lugares se tornan más banales de un lugar a otro en el planeta. La ubicuidad planetaria, cara a los ideólogos del sistema, reproduce por todos lados las mismas zonas monofuncionales que componen subsistemas vivos de acuerdo con su lógica y su ritmo. Consecuencia: la ciudad se disuelve en tanto que comunidad de vida. Tenemos necesidad de una nueva antropología del territorio. Debemos generalizar la critica del “espacio chatarra” de las ciudades modernas industrializadas. Hay que terminar con esta civilización urbana, lo que supondría regresar a “concentraciones urbanas” humanamente viables. Los efectos de umbral cuentan: la red mundial de ciudades lentas, limita voluntariamente su crecimiento demográfico a 60,000 personas. Mas allá de eso se vuelve imposible hablar de local y de lentitud. Es sin embargo ilusorio pensar en salir de este “espacio o sitio chatarra” si no se tienen en cuenta la incapacidad del capitalismo de tener una política del espacio por su incapacidad de representarse (del hecho de su pesada tendencia a la des simbolización y a la des institucionalización). La ciudad capitalista no se representa se presenta; se extiende. La sociedad económica se desarrolla como un cáncer a través de las formas que impone: Esta ciudad capitalista no es un lugar para vivir sino una “villa genérica” es decir una substancia urbana proliferante, sin límites, sin centro ni periferia, que repite al infinito el mismo módulo estructural según una lógica fractal. Esta ciudad genérica es amnésica como si hubiera surgido de ninguna parte.

Descolonizar el imaginario social.  El culto a la velocidad ha generado un verdadero espectáculo de la velocidad; el espectáculo, no la velocidad es lo que cuenta en los transportes: se sabe que la velocidad real de un auto es inferior a la de una bici en la ciudad, sin embargo, la mitificación del auto, como signo de “superación social”, de jerarquía social, de feminidad o masculinidad, lo convierten en el transporte más deseado por la mayoría de la población. Por medio de la publicidad y la mercadotecnia; por medio de la escuela; por medio del consumo de la cotidianidad moderna, se han creado nuevos valores: se ha colonizado el imaginario social, lo que hace muy difícil el rescate de las mentes, del tiempo y del territorio Descolonizar el imaginario, implica recuperar nuestra innata capacidad de caminar y pensar, como decía el griego Peripathos, “al ritmo de nuestros pasos” y proteger nuestros lugares de la invasión de los execrables sistemas transportes que nos venden con el engaño de la velocidad.

Miguel Valencia Mulkay
Ámsterdam 86-101, México DF
5212-1886

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